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OSASUNA 1 - ATHLETIC 2

Kike Sola adelantó a los rojillos, que luego no supieron gestionar su superioridad en el marcador y numérica

  • FERNANDO CIORDIA . PAMPLONA .
Actualizado el 18/04/2011 a las 16:52
El tenso duelo, y de escaso fútbol, entre Osasuna y Athletic terminó en pesadilla. El gol de Gurpegui en San Mamés sobre la bocina fue una broma en comparación con lo de ayer. Iker Muniáin, objetivo de las iras por parte de la hinchada de su tierra, propinó un zarpazo de los que duelen. El pequeño diablo aprovechó una salida a destiempo de Ricardo para anotar a placer en la portería de Graderío Sur. Se cumplía el minuto 90, el partido ofrecía sus últimos coletazos, hasta que el joven eléctrico chantreano encontró el inesperado regalo. No sólo de Ricardo sino de Paradas Romero, que no vio el clarísimo empujón a Nelson.
El calor del Reyno pasó a ser hielo. El cambio del agua caliente a la fría en la ducha ocurrió en poco tiempo. No había marcado un rival cualquiera ni un jugador cualquiera. Osasuna se inmoló en la recta final, toda vez que previamente había llevado el choque a su terreno. Ganaba gracias al gol de Kike Sola y dominaba a un Athletic temeroso, vulgar e inocente, que perdió a Castillo en los 35 minutos finales. Con tantos elementos a favor, el equipo de Mendilibar se perdió en el caos. Le dio vida al Athletic, desastroso con sus patadones. Al balón y a los jugadores de Osasuna. En el bando navarro pasaron temblar las piernas y la cabeza. No se supo gestionar el marcador ni la superioridad numérica. El esperanzador guión se tornó en una pesadilla terrible. Primero con el gol de Llorente, desaparecido en combate hasta entonces, y luego con el de Muniáin. No hizo más el conjunto vizcaíno, pero cuando un regalo llega de esta forma siempre es suficiente.
Fútbol norteño
El duelo saltó por los aires en la reanudación después de un primer tiempo de fútbol subterráneo y balones aéreos. Osasuna y Athletic corrieron a pecho descubierto siempre bajo una tensión ambiental palpable. A los navarros les costó asediar a Iraizoz. No hallaron un pase perfecto final, una mayor dosis de creatividad cerca del área. Un disparo de Camuñas alto y otro manso de Pandiani fueron sus argumentos. El Rifle fue la novedad en el once como enganche. Se dejó el alma, pero acusó el desgaste. Monreal y Nelson fueron dos atacantes más, a la vista de que Cejudo y Camuñas estaban muy atados.
El Athletic tan sólo inquietó con Muniáin pero lejos del área. Llorente estuvo tristón, bien amarrado por Sergio y la ayuda de Nekounam. Su doble pivote Orbaiz e Iturraspe generaba menos fútbol que el de la dupla Neko-Puñal. Además, al poco de comenzar perdió a Gurpegui, uno de sus pulmones, que chocó violentamente con Monreal. Salió David López y no lo hizo nada mal.
De la fiesta a la pesadilla
Tras la charla del descanso, Osasuna sumó su efectividad goleadora al empaque como equipo. El tanto de Sola, el cuarto de la temporada, llegó en una jugada de estrategia que ejecutó Puñal al segundo palo. Despejó Toquero y Sergio ganó el rechace, que cayó en la pierna izquierda del cascantino. El gol mejoró el fútbol. Pudo llegar el segundo. Nelson ofreció un recital de subidas. Fue el mejor activo de Osasuna, aunque en defensa dejara espacios a Muniáin. En ataque hurgó en la herida en un Athletic que sólo pudo frenarle con tarjetas. Xabi Castillo se fue a la calle en el 56, y un minuto después Cejudo colocó un centro que pegó en Ekiza, buen partido el suyo, y en la madera.
Cuando más se gustaba Osasuna, Mendilibar colocó a Soriano como interior en lugar de Cejudo. El equipo bajó enteros en sus prestaciones. Fue sorprendente que cediera terreno y se desorganizara. Llorente remató entre varias camisetas rojas, pero sin oposición, el extraordinario centro de David López ante Neko. A Osasuna le cogió la jugada fuera de sitio. Caparrós fue moviendo piezas en su tablero. Mendilibar no encontró reacción en sus cambios.
El final resultó trágico. Osasuna fue incapaz de mantener sus posesiones, a lo sumo rifando centros. Estaba desorientado. Sergio, con amarilla desde el minuto 10, se vio obligado a frenar a Muniáin. Con igualdad numérica, llegó el tanto del chantreano. Su provocadora celebración desafiando a la grada no estuvo a la altura de su partidazo. Si había dudas, su corazón no es rojillo.
Osasuna se complica su existencia. Arrastra tres derrotas y su colchón es muy fino, sólo de dos puntos. El calendario se las trae.
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