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MÁLAGA 1 - OSASUNA 1

Saber sufrir

  • Ibrahima marcó el gol en una jugada de estrategia que abrió el marcador y Roberto Torres debutó en una sufrida segunda parte

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Roberto Torres, que debutó ayer en el primer equipo, en pugna con Isco, destacado en el Málaga. MIGUEL ÁNGEL SALAS
  • FERNANDO CIORDIA . ENVIADO ESPECIAL A MÁLAGA .
Actualizada 12/12/2011 a las 10:36

En partidos como el de ayer es cuando un futbolista aprende a sufrir. En el deporte, tan vital es defender como atacar. Cuando no se puede hacer lo segundo, es necesario poner los cincos sentidos para aferrarte a tu bravura sin balón. Osasuna supo mantener la calma en La Rosaleda frente a un Málaga que sacó su mejor fútbol, en varias fases con hechuras de equipo grande. El punto rescatado encierra un mérito extraordinario por el intenso trabajo desplegado y la sensación de bloque conjuntado ofrecida. Correr es fácil, pero saber correr no lo es. Cuestión de saber estar. Osasuna supo sufrir cuando peor pintaban las cosas.

Fue un duelo que hizo bueno el fondo de armario que dispone Mendilibar. Raúl García y Nekounam fueron obligados espectadores en la grada malagueña. Ocho goles y mucho fútbol suman entre los dos, quizá los más valiosos del plantilla. Osasuna no los echó de menos. Jugaron Satrústegui y Timor de inicio, y en la segunda parte se produjo el debut de Roberto Torres. Canteranos al poder. Roversio fue un circunstancial lateral derecho y Lolo se multiplicó para llegar a todos los balones por delante de la defensa junto a Puñal. El dispositivo funcionó. El 4-2-3-1 olía a un 4-3-3 con Lamah a Ibrahima de cuchillos por las bandas para asociarse con Nino. Pero ayer no era el día de atacar, pese a que Osasuna no renunció a presionar al Málaga.

De nuevo, máxima efectividad. Otra vez resultó providencial una jugada de estrategia, la que abrió el marcador con el gol de Ibra en el único córner de todo el partido (nueve tiró el rival). Chocaron los centrales locales buscando la pelota que había puesto Timor desde la esquina, y allí apareció un ratonero como Nino para rebañarla antes de que le llegara a placer al senegalés. Se había cumplido la media hora y Osasuna se colocaba por delante después de un inicio realmente sufrido.

Monreal, al palo

Cuando el Málaga combinó con fluidez, los rojillos apelaron a su solidaridad en las ayudas. Por banda izquierda, Nacho Monreal entró una y otra vez. Es evidente que su perfil en un equipo así debía ser más ofensivo, y tanto que ha mejorado en este sentido. Suyo fue un remate a la madera instantes antes del 0-1. De ese costado, partió hacia dentro Isco, que dio un recital de pases y combinaciones en compañía de Cazorla. Vio el fútbol mejor que nadie. Ese continuo cambio de posiciones y entrada de laterales hizo daño a un Osasuna que agarró fuerte a los dos puntas. Sergio, que volvía al once, y Flaño secaron a Rondón y Seba.

El Málaga estaba teniendo las mejores llegadas, como una acción de Duda casi en boca de gol. A Osasuna le costó traspasar la divisoria. Timor se ofreció siempre a la pelota en su labor de enganche. Protagonizó alguna buena arrancada y se atrevió con el disparo. Posee una pierna izquierda interesante.

La segunda parte fue de auténtico sufrimiento. Pellegrini metió a Joaquín por banda derecha y Toulalan se quedó como único pivote. A Osasuna le quedaba la durísima tarea de frenar a todo un ejército de hombres ofensivos. Mendilibar actuó en consecuencia. Reemplazó a Satrústegui, con amarilla (increíble) desde el minuto 18 y unos antecedentes que generaban incertidumbre. Medida preventiva. Por el villavés, que no estuvo nada mal, salió Raitala.

Dormir el partido

Osasuna no pudo evitar dar ese inconsciente paso atrás motivado por el empuje local. Cazorla, Rondón, Seba, Isco y Juanmi, otro punta, pudieron marcar en un inicio de segunda acto terrorífico. A Osasuna le quemaba la pelota. Había que resistir. El empate se estaba barruntando. Isco metió un genial pase a la espalda de la defensa navarra y penetró un lateral, Sergio Sánchez, para darle el gol a Juanmi. Se ponía de nubarrones el cielo con veinte minutos por delante. Lolo fue el siguiente cambio obligado. Los kilómetros pesaron en sus piernas. Se desgastó por el bien del equipo.

El partido cambió. Osasuna se puso una coraza y lo durmió sin estar colgado del larguero de Andrés. El equipo encontró templanza en sus posesiones. Roberto Torres fue uno más, y la línea ofensiva seguía ejerciendo una presión que complicó al Málaga. Los locales poco pudieron hacer ya. El músculo rojillo había podido con su fútbol. El trabajo tuvo premio. Un puntazo.

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