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EL BLOC | J.M. ESPARZA

Osasuna vuelve a tropezar en la misma piedra

  • Si algo estaba avisado y latía en el ambiente era la obligación de evitar el sonrojo de Barcelona, y sin embargo los se cumplieron los peores presagios

Actualizada 07/11/2011 a las 01:04

L A segunda goleada de escándalo de la temporada levanta ampollas. Cierto que a posteriori los puntos de vista pueden ser infinitos. Un día como el de ayer, con barra de bar incluida, basta para comprobarlo. Unos dirán que Osasuna salió demasiado adelantado y otros que, a pesar de las nueve bajas, así se debe jugar en el Bernabéu, con valentía, sin poner el autobús. Pero sea de una forma u otra, y pese a la experiencia del Camp Nou, es un hecho Osasuna tropezó en la misma piedra, en la misma vergüenza. Salió humillado.

No es por ser agorero, pero el año del último descenso también encajó ocho en Barcelona, y después un 7-1 (en El Molinón). De momento no son situaciones ni parecidas, pero ojo. La temporada es larga, queda mucha y, además, preocupa la endeblez anímica de este equipo, lo pronto que pierde los papeles y se sume en la más profunda de las tristezas, en la apatía letal.

Menos mal que en El Sadar juega arropado por una afición modélica, sin duda el principal argumento para tener esperanza en su futuro. Le arropa para superar obstáculos que por sí solo se le atragantan.

Ayer bastó el primer gol blanco para que una colada de Di María dejara al descubierto el desarme que provocó, mientras que el segundo tanto desfiguró al cuadro rojillo. Ya no apareció hasta la fogosa reacción en el inicio de la segunda parte, la que culminó el suicidio colectivo. Sólo consiguió servir en bandeja al Madrid el contragolpe que finiquitó definitivamente el partido para los rojillos, y todavía quedaba una eternidad.

Centrales de baja estatura, Puñal obligado a caer a banda, Satrústegui expulsado sin que nadie ocupe su demarcación pese a que este Madrid explota las bandas, el tercer central (Rubén) que llega ¡tras el sexto gol! En fin, la lista de despropósitos podría alargarse hasta abarcar los siete goles. Eso sin entrar en la prestaciones de jugadores concretos. Algunos ni saltaban.

Si algo estaba avisado antes de viajar a Madrid era la necesidad de no repetir el sonrojo de Barcelona, máxime cuando el equipo está en cuadro y los de Mourinho en plena racha triunfal. La situación pedía prudencia y obligaba a tomar las debidas precauciones, algo que a todas luces no ocurrió. Además, a la luz de las victimistas declaraciones previas, el "hara-kiri" resultó todavía más evidente. La mentalidad perdedora contrastó con la osadía táctica. Hasta encajar el sexto gol no apareció un atisbo de plan alternativo mínimamente realista. De todas formas, que el Madrid no igualara la cifra de ocho, fue más por falta de ganas que de tácticas que lo evitaran.

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