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OSASUNA M

Menos rojos, pero igual de valientes

  • 300 seguidores rojillos desafiaron al aguacero donostiarra tras una jornada de hermandad con los guipuzcoanos

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La bandera osasunista ondeó por la calle Fermín Kalbeton del casco antiguo donostiarra. JAVIER SESMA
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La afición rojilla se ubicó en una de las esquinas de los fondos de Anoeta. Se hicieron notar. JAVIER SESMA
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La peña de Mujeres San Fermín estuvo en Anoeta. JAVIER SESMA
  • MARÍA VALLEJO . SAN SEBASTIÁN. ENVIADA ESPECIAL
Actualizada 08/01/2012 a las 01:03

"Las fiestas dejan secuelas. Es mucha pasta". Esta frase de Jesús Manso, presidente de la numerosa peña osasunista Vianesa-Mendaviesa, resume a la perfección el sensible bajón en el desplazamiento de afición rojilla a uno de sus destinos favoritos, sino el que más: Anoeta. La coincidencia del derbi con el día posterior a las fiestas navideñas, las reinas del gasto y la gastronomía excesiva, dejaron a muchos osasunistas en casa, calentitos, sin mojarse, y sin gastar.

No ayudó tampoco el precio de las entradas que la Real Sociedad dispuso para los aficionados navarros, 30 y 80 euros. Las primeras se acabaron pronto, pero las más caras fueron devueltas. Sin embago, algún seguidor avispado consiguió ayer mismo localidades de 30 euros.

Tomaron la calle Kalbeton

Menos numerosos, y menos ruidosos también, los cerca de 300 aficionados rojillos se dejaron notar a pesar de todo en las calles del casco viejo donostiarra, durante el día, y también durante el partido. Desde el mediodía, varios centenares de rojos tomaron la ya mítica calle Fermín Kalbeton, sede de las quedadas pre-partido, para saborear pintxos y cañas, aunque alguno se llevó el garrafón de kalimotxo de casa.

El ambiente era sano y de concordia, como siempre. Abrazos entre rojillos y txuri urdin, fotos conjuntas de ambas aficiones, banderas al viento de los dos equipos, todo fue paz en el Antiguo donostiarra.

Sin embargo, faltó un toque de jolgorio que se había dado en todos los derbis anteriores: el sonido de una txaranga. En esta ocasión, el sonido habitual de la que acompaña a la Vianesa-Mendaviesa se quedó en casa.

Manso revelaba que no tenían pensado organizar viaje después de los gastos navideños, pero finalmente se animaron y llenaron un autobús en tres días.

La mayoría decidió viajar por su cuenta en vehículos particulares, como el caso de Patxi Pérez Aristu, de la peña Reyno del Sadar. Como él, cientos de seguidores osasunistas aguardaron la hora del partido y, a falta de txaranga, tiraron de pulmón para cantar el "Osasuna, allez, allez", "El día que me muera yo quiero mi cajón pintado de azul y rojo como mi corazón", "Ser de Osasuna me parece mejor" (a ritmo de El baúl de los recuerdos, de Karina). entre otros cánticos que resonaron por las calles del casco antiguo. Kalbeton fue como siempre el centro neurálgico, aunque también se dejaron ver los rojillos por la calle Mayor, San Jerónimo, el Boulevard o la plaza de la Constitución.

Entre las caras anónimas, una conocida, Joseba Egibar, presidente del PNV de Guipúzcoa, que paseó por la calle Kalbeton sin que nadie reparase en él. Estaban a otra cosa.

El siguiente punto de encuentro fueron los bares colindantes a Anoeta, donde de nuevo coincidieron los hinchas de los dos equipos. Todo tranquilidad.

Cejudo calienta, pero no juega

Ya en Anoeta, los valientes rojillos que ocuparon una de las esquinas de uno de los fondos, aguantaron estoicamente el aguacero que acompañó al choque, dándole un ambiente de puro fútbol norteño.

La salida en avalancha de la Real aplacó los ánimos del fondo rojillo, y enardeció a la parroquia local. Las sucesivas ocasiones realistas elevaron el tono de los cánticos en Anoeta, y también de las protestas, hasta el punto de que la primera tarjeta, a Puñal, se la sacó el público. Teixeira atendió la petición y el capitán se perderá el partido ante el Racing. Desde ese momento, Puñal fue pitado en cada intervención.

Superada la media hora, y coincidiendo con una arrancada rojilla, se escuchó mejor que nunca el "goazen Osasuna", pero la hinchada de Anoeta continuó, convirtiéndolo en "goazen Erreala". Eran muchos más, claro.

Para entonces, Álvaro Cejudo ya comenzaba a calentar en la banda. A Mendilibar no le gustaba nada lo que veía. Le siguió Annunziata. Se mascaba cambio en la primer parte. Pero no fue así. Cejudo calentaría hasta el 84, para nada.

Hasta el descanso, la afición rojilla fue testigo de un baño bajo la lluvia. Lo mejor, que las esperanzas de puntuar seguían intactas.

Riau Riau en un estadio vacío

A la salida de vestuarios, la situación fue parecida. Cánticos que quedaban ahogados por la mayoría local y mucha, mucha agua.

Algunos, pocos, no estuvieron a la altura y fueron desalojados del estadio por la Ertazintza, por lo que vieron el encuentro.

El empate final dejó a la afición osasunista más feliz que una perdiz. Normal que, con Anoeta vacío, resonase con más fuerza que nunca el "Riau, riau". El baño donostiarra mereció la pena, esta vez sin falta de ir a la Concha.

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