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LA CONTRACRÓNICA TOÑO SANZ

De cabeza y de cráneo

  • Tras ver el palco, la cabezase me llenó con el eco desiete palabras: "Fe es creer que no te engañan"

Actualizada 07/11/2011 a las 01:04

El Madrid, de cabeza. Osasuna, de cráneo. Era horario de misa mayor y, aun así, el Bernabéu se habría llenado dos veces a nada que alguien hubiese consultado un manual de física, ya que nada impide que dos culos ocupen un mismo asiento. Lo que la física contraviene -a pesar de los físicos neoliberales, imagino- es que un mismo culo ocupe simultáneamente dieciséis tazas de váter o conduzca cuatro coches de lujo a la vez o se siente en el porche de la casa del monte al tiempo que en el de la casa de la playa. Lo que la física también permite -a pesar de los físicos indignados, imagino- es que un mismo trasero haga notar su nalgada en una docena de consejos de administración. Como quiera que sea, en un campo lleno, el Madrid ganó de cabeza y llevó a Osasuna de cráneo.

Volvió a ser la intemerata. También el Madrid, como el Barça en su día, hizo todo lo posible para llegar a lo sumo: le sobró el gol de Ibrahima y el centro de Ronaldo a la cruceta cuando moría el partido. El equipo de Mourinho no desentonó con el horario y concelebró un partido de día grande, haciendo honor a la indumentaria blanca, y dejándose ayudar por la cuadrilla de monaguillos osasunistas, de rojo, como mandan los cánones. Este Madrid pinta bien. Y ya está un escalón más cerca de acercarse al callejón por donde se ve la sombra del fútbol del Barça.

De entre los muchos neologismos con que nos acometen los especialistas que nos rodean, esta semana he conocido la anhedonia, la repentina incapacidad de obtener placer de nada, especialmente de lo placentero. Y ayer, domingo, tuve ocasión de apropiarme del tal síndrome. Fue ver, en un barrido de la cámara, el palco del Bernabéu y ya no sentí nada ni siquiera con el último gol de Benzema, que era inequívocamente bello. Y es que la cabeza se me quedó completamente llena con el eco de un certero hallazgo político de Andrés Herrero: "Fe es creer que no te engañan".

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