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REAL MADRID 7 - OSASUNA 1

Bandera blanca

  • Los rojillos solamente aguantaron 3 minutos el 1-1 y se descompusieron con la expulsión del debutante Satrústegui en el minuto 53

Imagen de la noticia
Özil intenta escaparse de Damiá en un lance del encuentro. JOSÉ CARLOS CORDOVILLA / MARC EICH
  • FERNANDO CIORDIA . ENVIADO ESPECIAL A MADRID .
Actualizada 07/11/2011 a las 01:05

A Osasuna le explotó en las manos el chupinazo que pretendía lanzar en Chamartín. La memoria de todos trasladó el recuerdo a la fatídica noche del Camp Nou. Esa cruda sensación de impotencia volvió a repetirse. Pesó demasiado en la mente de los jugadores cuando en la segunda parte se descompusieron ante un Real Madrid que no saciaba su hambre con goles. Bandera blanca, de rendición. No pasaba otros años. La voracidad merengue pudo con el empeño rojillo de hacer un partido digno, dejando las grietas menos profundas posibles. Pero las intenciones se quedaron en eso y poco más, en una mañana de plena fiesta familiar en el Santiago Bernabéu.

Osasuna ni supo ni pudo. Es evidente la abismal diferencia entre vencedores y vencidos, pero eso no debería tapar algunas de las deficiencias que ayudaron a la goleada. Mendilibar formó una defensa a base de Damiá, Lolo, Flaño y el debutante Satrústegui. Es cierto que las bajas no le permitían mucho más, pero fue curioso ver que había más centímetros en los laterales que en los centrales. Los de Mourinho encontraron aquí su vía para escapar del orden que había planteado el de Zaldibar, no tan adelantado como en el Camp Nou. En aquella fecha, el fútbol del Barcelona resultó humillante. Ayer fue la pegada. El resultado, parecido.

No estaba nada rodado el Madrid hasta que Cristiano pegó un salto que sacó dos cabezas a los dos zagueros del eje. El portugués estrenaba bota de oro pero ayer se aprovechó de su poder aéreo. Osasuna supo asimilar bien el golpe. Se acercó con un disparo lejano de Nekounam que salió rozando el palo y empató con un gol de pillería. En una de sus contadas acciones, Nino forzó una falta al borde del área. Sacó rápido Raúl García mientras el Madrid reclamaba el reingreso al campo de Pepe. Apuntilló Ibrahima. Bronca de la grada.

Fue curioso, pero el enfado del Bernabéu con el colegiado despertó al Madrid. Afiló las uñas para todo lo que quedaba de partido. Se picó y Osasuna salió trasquilado. Di María se salió con sus tres asistencias de gol. Estuvo en todas partes. Puso el balón en la cabeza de Pepe, en otro balón colgado que se no despejó, y antes del descanso filtró una pelota a Higuaín que se buscó el quiebro en el área y el disparo arqueado al palo largo. El argentino hizo tan fácil lo difícil ante una defensa estática, rendida y entregada.

El 4-1 hace daño

En un par de zarpazos el Madrid había impuesto su ley. A Osasuna le costaba mantener posesiones medianamente combinativas, siempre lejos de Casillas. Algunos arrestos de Ibrahima y poco más en ataque. Calleja, una de las novedades, pasó completamente desapercibido. En el centro, Puñal, Nekounam y Raúl García corrieron detrás del balón más que con él.

Una de sus pocas acciones trenzadas ocurrió en el inicio de la segunda parte. El disparo de Nino se marchó fuera. El arma guardaba un doble filo. Ese tímido estiramiento de líneas permitió al Madrid hacer lo que más le gusta: jugar al contragolpe. Aquí se terminó el partido. Sacó Casillas con la mano y la pelota llegó en cuestión de segundos al área navarra, sin opositores de por medio hasta que la pierna de Eneko Satrústegui se enganchó con la de Özil en el área.

Era la segunda amarilla para el canterano (la primera fue injusta). Había sido el mejor de la defensa: fue bravo en un escenario de impresión. Cristiano marcó el penalti. Con un 4-1 y un jugador menos, quedaba media hora por delante. Un mundo. La cabeza de los rojillos ya no pudo funcionar más. El Madrid seguía atacando incluso con sus dos laterales. Eran demasiados blancos siempre por delante del balón. En pleno desconcierto, Arbeloa puso otro balón a la cabeza de Cristiano para hacer el quinto.

Estaba grogui Osasuna. Marcos, otro chaval del Promesas, salió para cubrir la vacante de su compañero. Se marchó Nino. Benzema había hecho lo propio con el lesionado Di María. Mourinho quería más, y su 9 francés tendría tiempo de marcar un doblete: el sexto y el séptimo. Luego debutó Sahin. No quedaba otra que dejar correr el reloj y guardar la ropa de la tormenta, ya muy empapada. Rubén salió de quinto defensa. El partido lleva tiempo terminado. Ahora empieza otro más importante, el de la recuperación anímica.

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