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Osasuna

Aimar Oroz, así se forja un diamante: "Tenía algo especial, interpretaba el fútbol como nadie"

Despampanante en el terreno de juego cuando se viste de corto y con la misma candidez de aquel niño que hacía diabluras en el patio de la Ikastola Sanduzelai. Hablan cuatro entrenadores que han marcado su carrera.

Ampliar Aimar Oroz trata de regatear a Robertone, que lo detuvo con una falta
Aimar Oroz trata de regatear a Robertone, que lo detuvo con una faltabuxens/urdíroz
Actualizado el 18/05/2023 a las 08:46
La joya de la corona brilla con luz propia en El Sadar. Su talento innato hace todo el ruido del mundo porque él, tímido, tranquilo y sencillo, sigue atado a sus raíces para pisar suelo firme. Aimar Oroz Huarte (Arazuri, 2001) se ha convertido en un icono de Tajonar. Un futbolista diferente. Despampanante en el terreno de juego cuando se viste de corto y con la misma candidez de aquel niño que hacía diabluras en el patio de la Ikastola Sanduzelai. Un prodigio.
Después llegó al San Juan, donde estuvo tres años antes de recibir la llamada de Osasuna. En infantiles comenzó a vestir de rojo hasta hoy, cuando su última gran actuación contra el Almería sirve para mirar por el retrovisor y observar el crecimiento de un jugador llamado a hacer grandes cosas.
Cuatro de los entrenadores que han marcado su carrera al haberle dirigido al menos dos años repasan en Diario de Navarra los principales hitos que han vivido junto a Aimar Oroz. Un nombre que recuerdan con cariño y un orgullo inmenso.
Mikel Azkona le vio dar sus primeras patadas, Julen Foncillas le moldeó en su salto al campo de fútbol 7 y luego fútbol 8, Jonathan Unanua disfrutó de su juego en categoría cadete en Tajonar y Santi Castillejo marcó su camino en la antesala del primer equipo. Paso a paso, Aimar Oroz ha cogido vuelo hasta convertirse en estandarte de este Osasuna.

“Me impactó su increíble manejo con el balón”

Mikel Azkona (Pamplona, 1994) comenzó su experiencia como entrenador en la Ikastola Sanduzelai. Y de repente vio a Aimar Oroz, ese niño que tenía algo especial. Fue su técnico cuando tenía 6 años y compartieron tres temporadas en fútbol sala y ensalza la cercanía y el cariño que le sigue transmitiendo el ‘22’ de Osasuna. Como si no hubiera pasado el tiempo.
¿Cómo era aquel Aimar?
Era pequeño de estatutra, siempre con el balón en los pies, no había día que no viniera al entrenamiento o al partido y trajera su balón. Se le veían cosas espectaculares. Salíamos del entrenamiento y yo jugaba con mis amigos, él se ponía con nosotros y era el mejor. Era una exhibición continua. Manejaba el balón como quería.
¿Y fuera del campo?
Era timidísimo, siempre ponía buena cara y no rechistaba nunca. Si les castigabas, agachaba la cabeza y si tocaba correr más lo hacía. Solo pensaba en jugar al fútbol y pasárselo bien. Era un gran compañero. Podía meter 10 goles y no lo hacía, asistía a los demás.
¿Qué le llamaba la atención?
Con 6 años, el balón era más grande que él y lo controlaba como si nada. Recuerdo algún partido que lo cogía para regatear a todos varias veces y solía pasar al compañero para que marcara.
¿Alguna anécdota?
En San Cernin tengo un recuerdo. Hacía mucho frío a la mañana. Quedábamos media hora antes y yo iba con margen para estar el primero. Él ya estaba allí en la pista. Jugaba a tirar a la canasta con el pie y no metía todas pero muchas sí. Aluciné. Tengo esa imagen grabadísima.
¿Qué le ha parecido su eclosión?
No me ha sorprendido, he tenido cierto vínculo con él. Es muy complicado llegar a Primera, aunque una vez que lo consigue puedes pensar que te lo podías esperar.
Será un orgullo ver la evolución que ha tenido.
Lo vivo con orgullo. Cuando hace algo mis amigos bromean con que a ver si se lo enseñé yo. Fue mi primer equipo y me impactó su manejo con el balón. Ahora verlo en Primera me hace sentir orgulloso.

“Sigue siendo como era de pequeño. Disfruta del fútbol”

Fue su entrenador en alevines y siguen manteniendo la relación. Julen Foncillas (Pamplona, 1994), actual entrenador del División de Honor de San Juan que cogerá las riendas del equipo de Segunda RFEF, pone en valor cómo Aimar ha hecho camino a base de humildad, paciencia y tranquilidad.
¿Cómo recuerda su llegada?
Enseguida nos dimos cuenta que ese jugador era una pasada. Recuerdo que todo lo que le decía lo apuntaba y lo ponía en un corcho en casa. Se vio que tenía algo especial, entendía el juego. En chavales pequeños tienes que repetir las cosas y este lo entendía a la primera. Aparte del nivel futbolístico, que era muy alto, tenía algo diferente. Era muy pequeño, tímido. Cuando lo vio mi compañero con un bolso enorme, con la ropa grande, dijo a ver si era el peor del equipo (bromea).
Se desataba en el campo.
Dormía con el balón muchas veces, según me decía el padre. Tenía un interés especial y preguntaba cosas. Lo poníamos en el centro del campo. Conseguíamos que atrajera rivales. Era determinante en último pase.
Aimar mantiene su esencia.
Sigue siendo como era de pequeño. Le encanta el fútbol, lo hace por disfrutar y no por ser profesional. Por mucho que le lloviesen halagos siempre ha seguido centrado y haciendo lo que le gusta.
¿Esperaba que llegara alto?
Siempre he creído que iba a ser profesional, pero para eso tienes que tener una oportunidad. Lo han puesto y ha sido capaz de mantenerse. Ha aprovechado su momento con desparpajo. Tiene timidez fuera del campo, pero dentro no. El primer día asumió la responsabilidad de tirar el penalti. Me sorprendió. De pequeño era así. Fuera del campo no decía gran cosa pero en el césped era valiente.
¿Qué siente al verle?
Es un orgullo. Lo que más me satisface es que ha confiado en mí, hemos hablado mucho, incluso en momentos malos. Cuando ha tenido opciones de salir me ha pedido opinión, me siento reconocido. Me gusta más cómo lo ha conseguido que el resultado en sí. Ha sido humilde, no ha metido ruido, ha puesto buenas caras y ha sido buen compañero. Hoy en día se ve gente joven que cuando destaca ya se creen mejor de lo que son y aparece el ego. Aimar es todo lo contrario. Es un ejemplo.

“El Madrid vino a por él y Aimar me dijo que quería debutar aquí. Era diferente”

“Puedo decirle a mi hija que entrené a ese chico”, dice emocionado Jonathan Unanua (Pamplona, 1983). El que fuera técnico de Tajonar durante casi 20 años tiene grabado a fuego al “chiquitín” que deslumbró en aquel equipo cadete.
¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza de aquel jugador?
Que no era un portento físico, pero me dejó asombrado con la capacidad técnica que tenía. Esos controles orientados, ese manejo del cuerpo, esa precisión en el pase, esa finalización. Deslumbraba por todo eso y por su inteligencia dentro del campo.
¿Saltaba a la vista?
Sí. No hacía falta enseñarle, él interpretaba el fútbol. Era capaz de hacerlo solo según lo que pedía el juego. Lo hacía con 14 años, 15, 16 años. Te deja asombrado y dices: “Este es diferente”. Veías que podía llegar arriba.
¿Le marcó?
Fue muy especial. Estuve con 10 generaciones y gente como Azpilicueta o Javi Martínez, que han brillado incluso fuera de Osasuna. Pero él era diferente. En esa zona de arriba marcaba diferencias. Siempre ha sido muy trabajador, en la disputa siempre le va a costar más pero tiene inteligencia para saber defenderse. Me acuerdo de Moncayola, también le entrené dos años. No tenía gran envergadura pero ganaba los duelos por inteligencia.
¿De qué jugaba?
Era interior. Jugábamos 4-3-3 y se colocaba delante del pivote defensivo con Xabi Huarte, otra perla que hay en Tajonar. Era increíble verles jugar juntos. Nunca he visto algo igual. Les veía y pensaba que tenía a Xavi e Iniesta. Los teníamos en casa. Era espectacular verles en Navarra y fuera cuando disputábamos torneos contra el Real Madrid o el Barça. Es verdad lo que se ha publicado de Aimar, el Real Madrid vino muy fuerte a por él y no se fue porque no quiso.
¿Cómo fue ese momento?
Me dijo: “Jony, yo no me quiero ir. Quiero debutar en el equipo de mi tierra”. Eso lo hacen muy pocos cuando te ponen la miel en los labios. Era ir a Valdebebas, un lugar de referencia para los jugadores, y una gran oferta económica. Fue un orgullo vivir aquello.
Ha emergido con fuerza.
Desde el primer momento sabe de sus cualidades y las explota al máximo. Siempre te queda la duda del físico, pero las ha disipado, como cuando pasó de juvenil al Promesas. Se anticipa a los movimientos, mueve bien el cuerpo con esos amagos que hace, se perfila bien para alejarse del rival. ¿Me ha sorprendido? No. Porque lo veía muy capaz.

“Lo que más admiro es que un jugador tan bueno supo esperar su momento”

Santi Castillejo (1971, Valtierra ) ha dirigido a Aimar durante cuatro años en el filial, por lo que ha marcado su camino a la elite. El técnico del Promesas pone énfasis en su despliegue sin balón más allá del talento que salta a la vista.
Aimar era segundo año de juvenil y aparece en el filial.
Llegamos a Tercera y la duda era si Aimar iba a estar en el Liga Nacional o el División de Honor. Iba a hacer la pretemporada con el Promesas. Estaba claro que la calidad la tenía, lo veía todo el mundo. Le faltaba el físico bien entendido. No solo la altura o el cuerpo: motor, trabajo y saber amoldarse a los partidos. Él no jugaba mal, es muy bueno, pero tenía que aportar al equipo. Le costó muchísimo en Tercera y también en Segunda B aunque fue entrando. En el tercer año de Segunda B ya fue titular indiscutible, clave para mantenernos en Segunda RFEF. Y el año pasado fue pieza clave en el ascenso.
¿Cómo fue la tarea con él?
Nuestro principal objetivo era que hiciera números. Su juego tenía que ser aprovechable en cuanto a asistencias, goles, penaltis provocados, faltas… Lo que se le pide a un jugador que actúa de mediapunta. Estuvo la duda de reconvertirlo a doble pivote porque no conseguía esas cifras. Nunca se puso nervioso. Estuvo 4 años conmigo y dos le costó jugar. Vio que el proceso era ese. Lo que más admiro de Aimar es que un jugador tan bueno supo esperar el momento justo para subir a Primera.
¿Veían el potencial, también físico, que ha ido adquiriendo?
Cuando hablábamos entre el cuerpo técnico y mirábamos el GPS veíamos que tenía todas las posibilidades del mundo. En resistencia, en el trabajo físico que ha hecho él… Quedaba el paso más difícil. Hasta que el año pasado metió 11 goles y dio 13 o 14 asistencias. Unos números brutales.
¿Le ha sorprendido su alto rendimiento tan rápido en Primera?
No. Sí que me llama la atención cuando se adaptan tan rápido a la categoría, como pasó con Moncayola. Es que son jugadores diferentes, se ve enseguida.
¿Cuál es su techo?
Conseguirá lo que se proponga. Además siempre quiere mejorar. Le encanta entrenar y jugar. Su futuro es maravilloso.
También destaca sin balón.
Es que es la clave. Lo que hace con balón salta a la vista. Pero nosotros veíamos los datos físicos y tenía unas enormes posibilidades físicas. Sin balón es muy bueno, es que es muy listo tácticamente, sabe buscar el espacio adecuado, lanzar la presión.
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