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Fútbol

Mikel Merino, el orgullo de su padre Miguel

En 1991, Miguel Merino marcó el gol de su vida al Stuttgart y lo celebró con un histórica vuelta al banderín. 29 años después, su hijo debutó en el mismo campo con la selección y le llenó de felicidad

Imagen del futbolista Miguel Merino en su época en Las Palmas, en 1998, con el pequeño Mikel, que tenía 2 años.
Imagen de Miguel Merino en su época en Las Palmas, en 1998, con el pequeño Mikel, que tenía 2 años.
Cedida
Actualizada 05/09/2020 a las 06:00

Cuando Miguel era el único Merino que jugaba en Osasuna, los rojillos viajaron a Stuttgart para disputar un partido que sería legendario. 5 de noviembre de 1991. El único Merino de entonces, de 25 años, contribuyó al asalto navarro del estadio alemán en la Copa de la UEFA, anotando el segundo gol para Osasuna en el minuto 17 (0-2). Había inaugurado el marcador Jan Urban, quien precisamente fabricó el tanto de Miguel con un jugadón y le envió un excelente servicio al segundo palo para que el madrileño bajase el esférico, rematase con la derecha cruzando el balón y se fuera a celebrarlo con su mítica vuelta al banderín. El 0-3, ya en la segunda parte, fue al revés, servicio de Merino y gol de Urban. La victoria final fue por 2-3, una de las más imborrables de la historia del club, por la que se clasificaron para los octavos de final de aquella competición.

Los años pasaron y aquel Merino hechó raíces en Pamplona, conoció a Maite Zazón, entonces jugadora de baloncesto, y formaron una familia. El 22 de junio de 1996 nacía su primer hijo, Mikel. Entonces, la pareja no sabía que aquel bebé iba a ser el otro Merino futbolista, y que un 3 de septiembre de 2020 debutaría con la selección española absoluta, con 24 años. Mucho menos imaginarían que ese niño sería internacional en el mismo lugar que Miguel había dado aquella vuelta al banderín.


NERVIOS Y EMOCIÓN

Sin duda, Stuttgart estará para siempre en la memoria de padre e hijo, inseparables y confidentes. El padre, retirado desde hace 17 años (tiene 53) y actualmente trabajando en la Federación Navarra de Fútbol, vivió el partido de Mikel con una emoción desbordante, y acompañado de su mujer, su hijo pequeño, Unai, y la novia de Mikel. El hijo mediano, Jon, se encontraba fuera.

Fue un día inolvidable. “Cuando se puso a calentar y Luis Enrique le dijo que iba a salir, Maite se puso súper nerviosa. Yo estaba menos, pero me emocioné mucho”, reconocía ayer Miguel Merino.

Su hijo mayor, ya toda una estrella de la Liga con la Real, saltó al campo en el minuto 57, sustituyendo ni más ni menos que a Sergio Busquets. No le temblaron las piernas en la media hora larga de la que dispuso frente a Alemania y se ganó los piropos de Luis Enrique al finalizar el encuentro. “Mikel Merino está yendo a más y es uno de los mejores mediocampistas de la Liga”, manifestaba un satisfecho seleccionador.

No era para menos. España empataba en el último suspiro y Mikel corría eufórico a abrazar a Gayá, autor del gol. “Le vi bien, el partido estaba complicado cuando entró. Alemania estaba cerrada y era difícil entrar. Que Mikel fuese el segundo cambio de Luis Enrique indica que le quería para cambiar la dinámica del partido. Es algo muy importante, porque significa que le ve una alternativa. Mikel es un jugador que tiene llegada, salida de balón y remate. Con todos los futbolistas que había en el banquillo, que lo eligiera era señal de que lo ha estado haciendo muy bien esta temporada”, valoraba el orgulloso padre.


AQUEL NECKARSTADION 

Faltó que el hijo repitiera, 29 años después, lo que hizo su padre en el mismo escenario, entonces el viejo Neckarstadion, ahora llamado Mercedes Benz Arena con una cara mucho más remozada. “Son casualidades de la vida. Él debutó ayer -por el jueves- con España y yo hoy -por ayer- con Osasuna en el Bernabéu, hace 32 años. Si llega a marcar, cuadran los astros”, bromeaba Miguel, quien no recordaba el día de su debut rojillo hasta que lo vio en las redes sociales, donde la curiosa anécdota familiar fue muy comentada. “Si marca, habría dado la vuelta al banderín, siempre lo hace cuando hace un gol. Supongo que será un homenaje”, decía sonriendo.

Miguel, que jugó 196 partidos con Osasuna entre 1988 y 1994, una de las épocas gloriosas del club (se fue al Celta cuando el equipo descendió a Segunda), fue también entrenador del filial rojillo y la Peña Sport. Siempre metido en el mundo del fútbol, ver cómo su primogénito tocaba el cielo fue lo máximo para él.

“Es uno de los 24 elegidos de la selección de una de las mejores ligas del mundo. Me llena de orgullo y tiene un valor enorme. Se lo ha ganado, gracias a su temporada en la Real Sociedad, donde se han involucrado todos, el club, el míster, el entorno... Esto es lo máximo para un padre, por lo menos para un padre futbolista, ver que tu hijo ha llegado de la forma que ha llegado con todo merecimiento a la selección, sin ser del Madrid o del Barcelona. Está en un buen equipo pero ha tenido que trabajar mucho, no sólo este año, sino también en sus experiencias anteriores en Inglaterra y Alemania, y por supuesto en Osasuna”, recordaba Miguel.

Sobre el club en el que se formó y en el que disputó 67 encuentros, Merino padre destacaba a Jan Urban. “Le subió al primer equipo en Segunda División. Ese año maduró mucho”, en referencia a la temporada 2014-15, en el que Osasuna se salvó del descenso a Segunda B. “Siempre ha dado los pasos adecuados, no puedo estar más orgulloso”, añadía.

La familia Merino Zazón todavía no había hablado con su hijo ayer a las 9 de la noche, cuando Miguel charló con este medio. “Están concentrados y lo respeto, pero le hemos felicitado por Whatsapp y está muy contento”, decía Miguel, el padre de Mikel.

 

MIGUEL MERINO: "MIKEL LES QUITABA EL BALÓN A OTROS NIÑOS Y SALÍA CORRIENDO CON ÉL"

 


La pasión de Mikel Merino estaba clara. Aunque sus padres no le compraron un balón en cuanto empezó a andar, como ocurre con muchos niños, los genes le tiraron. “No era el típico padre futbolista y no le compramos un balón, pero se lo quitaba a otros niños y salía corriendo con él. Le preguntabas qué quería ser de mayor y decía: “Futbolista”. Le aclarabas que no todos podían serlo, pero lo tenía en el coco. Así que le compramos el balón y se pegaba todo el día con él. Y lo ha conseguido. Nunca me imaginaba entonces algo así”, recordaba Miguel.

Mikel Merino, el orgullo de su padre Miguel


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