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EL FOROFILLO
EL FOROFILLO

Al rico cocido rojillo

Hay recetas que llevan su tiempo y partidos que se ganan en 96 minutos

El Forofillo Fran Pérez

El Forofillo, Fran Pérez.

JESÚS CASO
Actualizada 12/03/2019 a las 08:57
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Con permiso de mi compi David García, cocinillas donde los haya, instagramer culinario y que todavía tiene pendiente agasajarnos con viandas desde su cumpleaños, el pasado año, voy a tirar yo de fogones y a establecer el símil entre uno de los platos que mejor me salen y la actualidad de los rojillos. Y es que la victoria de Osasuna en La Rosaleda fue similar al cocido madrileño, una receta que mi otra mami, Loli, me enseñó hace años y de vez en cuando ponemos en liza en la cocina.

Lo primero de todo, y con un día de antelación, se ponen los garbanzos a remojar. Esto da fe de que se empieza a preparar el asunto con tiempo, no tanto como lo hace Jagoba que, en cuanto acabó el choque contra el Nàstic, ya estaba pensando en el encuentro de la Costa del Sol. Tras una noche en remojo, al día siguiente se empieza a montar todo el berenjenal para acabar dando cuenta de uno de los platos más populares del país, máxime en la capital.

Se colocan los garbanzos en la olla, se acompañan con morcillo, espinazo, un cuarto de pollo,  choricillo y morcilla y dos o tres huesos de jamón. Con los arreglos y los garbanzos se tapa la olla y se le pega fuego al chaparral, hasta que empiece el chup chup. Una vez el vapor empieza a liberarse, se espera media horita y se deja enfriar pasado un tiempo. Se abre la olla, con cuidado y tras enfriarla, y se saca todo lo que se pueda de caldo a otra perola. Se rellena, se tapa y ale, más chaparral.

Así con tres o cuatro veces, hasta tener un buen perolón de lo que va a ser la base de sopa de cocido, antes de dar por finalizada esa rueda. A estas alturas, el lector pensará qué tendrá que ver el tocino, nunca mejor dicho, con Osasuna. Y aquí es donde reside la clave. En el tiempo. En la paciencia. En que tras cuatro horas, se sacan los arreglos, se desmenuzan el jamón y el pollo y, junto a fideos y un par de huevos cocidos se echan para hacer la sopa con el caldo retirado. Luego, con los morcillos, espinazos, chorizos y tocinos se hace una fuente de acompañamiento. Y finalmente, con media col rizada salteada con ajos se planta todo en la mesa. Tiempo, mucho tiempo, y a gozar del festín culinario.

Osasuna se mutó en cocido sobre el verde de La Rosaleda. Jagoba planteó la lucha con Zipi Ibáñez y Zape Rubén García en las alas, Torres en su banda, Juan Villar arriba, Oier y Mérida en el centro. Los García, Nacho Vidal y Clerc, con el papi Rubén en la meta. A fuego lento. Casi fríos, si me apuráis, saltaron al terreno. De ahí que la primera parte fuera como fue...

El Málaga encontró una banda derecha en su ataque, quizás por las voces que colocaban a Carlitos Clerc de azulgrana, que no culé sino en el Levante, más despistado y pensando en buscar piso en tierras mediterráneas que en frenar las acometidas de los rivales. Por esa banda llegó un pase filtrado, un envío al cogollo y la llegada del hijo de Míchel, que ya se le conoce más como Adrián, para marcar ante un Rubén que se había tenido que emplear a fondo en hasta dos ocasiones claras.

1-0. Chup, chup. Pero sin el caldo de gallinaverde ni zarandajas. Los nuestros, sin despeinarse, con el rictus serio pero no mosca, tranquilos, sin agobios. Incluso demasiado tranquilos si me apuran, que había veces que parecía que más que cocido estábamos preparando una sopa de sobre. Venga, va, rapiditos y a cumplir el expediente, que con estos la tuvimos en El Sadar y nos la vana devolver.

Y se llegó al descanso. Y comenzó el segundo tiempo. Con los mismos garbanzos en la olla, con los desarreglos en las bandas, con la autopista que permitía al Málaga salir en tromba a por el segundo, en una suerte de la vida sigue igual que nos dejaba con la mosca cerca de la col. Pero no. Nada de eso. Los grandes platos, los más premiados, los auténticos, necesitan madurez y tiempo, necesitan ir mejorando poco a poco, cociéndose a fuego lento, con el chup chup chup burbujeante que da consistencia o, como dice Samantha Vallejo-Nágera, saboooor...

Para saborazo el que dejó Rober Ibáñlez que mandó una pastilla de caldo de pollo a Rubén García para que el 14, con el peso de los tatoos que le hace correr como el diablo, encarase a Munir tras carrera de 40 metros y aún tuviese tiempo de engañarlo, amagando a un lado y metiéndola por el otro. Empate y Osasuna que se crece, que empieza a sacar el primer jugo del cocido, sin perder sabor y sin ninguna prisa.

Porque son malas consejeras, las jodías prisas. Y ahí se mantuvieron firmes los nuestros, empezando a hilvanar jugadas, sobre todo por la derecha, con un Nacho Vidal que mejora como el buen vino cada partido que pasa, un Roberto Torres que acumula la experiencia de un centenario y un Juan Villar que demostró que, si tiene que tener seis claras para marcar uno, las tiene. Pero también marca. 

La segunda pastilla de condimento la metió el primo Íñigo Pérez. El pase central, vertical que llaman los entendidos, entre la brecha milimétrica que dejaron los dos centrales, colocó a Juan Villar sólo ante Munir. Control, giro y definición a un lado. Chup, chup y chup, en un 1,2,3 que no hizo necesaria la participación de la picadora Moulinex. 1-2, el líder remontaba, Osasuna se colocaba a siete puntazos del tercero, en lo más alto.

Toda gran receta tiene riesgos, de que se enfríe, de que se pase la carne, se queden duros los garbanzos, te asedien el área en los minutos finales. Pero estamos tan gratamente acostumbrados este año que no hay mal que por bien no venga. Asediaron, sí. Asustaron, un poco. Pero hasta Aridane salió para hacer lo que le encomendaron: despeja todo. Y todo lo despejó, bien, rápido, fuerte, al corte.

Osasuna no se coció en Málaga, el cocido rojillo salió sabrosón de ganas, condimentado y al punto. Las victorias trabajadas, con la participación de todos, con el trabajo de cada miembro de la expedición, con paciencia, sabiduría, calma y un oficio que cada vez nos asombra más, son los triunfos que mejor saben. Ahí estamos, arriba del todo. Buen cocido rojillo para la cena del lunes. Ahora, a preparar el menú del próximo domingo, que de comensal tenemos enfrente al Rayo Majadahonda.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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