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Osasuna
C.A. Osasuna

Osasuna se asoma al abismo tras mostrar su debilidad ante el colista

  • El equipo navarro está un solo punto por encima de los puestos de descenso a Segunda División B
  • Los de Jan Urban firmaron ante el Albacete uno de sus peores partidos de la temporada

Roberto Torres controla un balón en Albacete

Roberto Torres controla un balón en Albacete

Laura Arroyo / AFP7
7
Actualizada 25/11/2014 a las 16:45
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  • JAVIER IBORRA. PAMPLONA
El abismo de la Segunda División B, la línea que separa a Osasuna de su desaparición después de 96 años de historia, según sentenció en la última Asamblea el encargado de la parcela económica de la junta gestora del club -Ángel Larrea-, aparece tras 14 jornadas disputadas como una posibilidad real para un equipo que este domingo cayó derrotado con justicia (2-0) y altas dosis de impotencia en la casa del colista de la Liga Adelante.

El estadio Carlos Belmonte fue el marco en el que Osasuna aireó casi todos los males que le vienen aquejando esta temporada, los que le mantienen con el agua al cuello, apenas un punto por encima de los puestos de descenso, y ante los que el técnico Jan Urban no parece encontrar una receta, incluso con los jugadores internacionales a su disposición.

Únicamente porque en esta ocasión no encajó ningún gol a balón parado, un problema endémico esta temporada, no se puede decir que Osasuna mostrara literalmente todas sus vergüenzas en tierras manchegas.

Sin embargo, ante un Albacete que encaraba el partido con 8 míseros puntos en su casillero se vieron el resto de debilidades: fragilidad defensiva, comprensible quizá por lo improvisado de una zaga formada por dos centrales del Promesas (Unai y David García), un lateral que había perdido el sitio en el once titular (Javier Flaño) y un centrocampista reconvertido (Sisi); inoperancia con el balón, producto de una excesiva distancia entre los jugadores y de falta de escalonamiento entre líneas, lo que provoca que seis jugadores tengan que recibir de espaldas; y una presión al rival deficiente, que impide al equipo navarro robar el balón en las zonas peligrosas para el rival y, por tanto, obliga a elaborar el juego casi siempre en estático y desde atrás.

El Albacete, que arrancó el partido con miedo, tibio en la presión y sin ninguna gana de complicarse con la pelota, se fue creciendo con el paso de los minutos, invitado por un rival que mareaba el esférico con un rondo entre Sisi, los centrales y Roberto Santamaría, preludio de un pelotazo que solo en las contadas ocasiones en que cayó en la zona de Miguel de las Cuevas dio algún fruto positivo.

En el minuto 20, el lateral izquierdo encargado de tapar a De las Cuevas, Núñez, tenía ya una amarilla, pero también para entonces el Albacete había olido la sangre. El balón era suyo y las ocasiones no tardaron en llegar. Dos avisos salvados por Santamaría precedieron al primer gol, en el que se sucedieron tres remates de jugadores locales sin que ningún jugador de Osasuna acertara a despejar.

En la segunda parte, el Albacete dio un paso atrás. Se acunó alrededor de su área y dejó todo el peso del juego a Osasuna, de manera que los rojillos tocaron la pelota hasta donde les permitió el equipo de Luis César Sampedro, lejos de las zonas realmente peligrosas. Aún así, un centro al área que cabeceó Loé estuvo cerca de suponer el empate, que si bien no hubiera sido merecido, podía haber marcado el inicio de una remontada rojilla -otra más-. El balón, caprichoso, se escurrió junto al palo y por ahí se esfumaron las esperanzas rojillas.

Tras recibir este susto, no tardó el Albacete en ampliar su ventaja, lo que en la práctica suponía apuntillar el partido. Fue Cidoncha, el mismo autor del primer gol, el encargado de bailar dentro del área rojilla con dos amagos y batir a Santamaría, mientras un puñado de jugadores de Osasuna le rodeaban sin hacer aparentemente demasiado por arrebatarle el balón.

El 2-0 fue un mazazo que convirtió en gaseosa los voluntariosos intentos de Cedrick, sustituto de De las Cuevas, por la banda derecha. Urban echó mano a última hora también de José García y de Ansarifard, dos jugadores con participación testimonial esta temporada, pero el partido no se agitó ni un ápice. El Albacete, incluso, pudo marcar el tercero en un contragolpe que despejó a córner Santamaría, mientras Osasuna se apagaba lentamente en un tramo final que se le hizo eterno con un juego plano, predecible y melancólico.
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