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La lacra de la ultraviolencia sacude los cimientos

  • La muerte del ultra de los Riazor Blues a manos del Frente Atlético obliga por fin a acabar con la permisividad de los clubes

Ultras del fondo sur del Bernabéu

Ultras del fondo sur del Bernabéu

AFP
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Actualizada 30/12/2014 a las 10:22
  • AMADOR GÓMEZ (COLPISA). MADRID
La lacra de la ultraviolencia golpeó el 30 de noviembre al fútbol español y, como consecuencia de la muerte de un radical de los Riazor Blues a manos del Frente Atlético, consiguió sacudir los cimientos de un detestable sistema alimentado por fanáticos y consentido por los propios clubes, que ahora se han visto forzados a romper con los grupos de bárbaros y delincuentes, bajo riesgo de pérdida de puntos e incluso de categoría. Con batallas campales protagonizadas con asiduidad por ultras movidos por el extremismo político de derechas e izquierdas, amparados en el fútbol y en las masas, ha tenido que perder la vida un ultra del Deportivo para que el Gobierno y los dirigentes del deporte rey se hayan visto obligados, por fin, a mostrar más contundencia frente a la violencia y a endurecer su lucha contra los radicales.

Aunque sea demasiado tarde, la batería de medidas adoptadas contras los violentos deben resultar eficaces. Si no para erradicar por completo a los ultras, sí para impedir que individuos empujados por el odio que disfrutan con las peleas y son capaces de concertar quedadas con los enemigos, para matar o ser matados, campen a sus anchas por los estadios y sus alrededores. Para que se acabe la permisividad de los clubes con los grupos violentos a quienes se han llegado a dar todo tipo de facilidades para financiarse, viajar y conseguir entradas; y para que se aplique con rigor una ley antiviolencia vigente desde 2007.

El hincha apaleado y arrojado al Manzanares, Francisco Javier Romero Taboada, 'Jimmy', es la undécima víctima mortal en el fútbol español vinculada a episodios violentos en el fútbol español desde 1982. Cinco de los aficionados fallecidos perdieron la vida después de ser agredidos por ultras, incluso de su propio equipo, como le ocurrió al seguidor del Deportivo Manuel Ríos en Santiago en 2003, cuando intentaba proteger a un joven que vestía la camiseta del Compostela y estaba siendo golpeado por los Riazor Blues. Él y Aitor Zabaleta, el aficionado de la Real Sociedad apuñalado en 1998 en las inmediaciones del Vicente Calderón, también por un miembro del Frente Atlético, eran hasta el último día de noviembre de 2014 los últimos asesinados por ultras del Frente Atlético y de Riazor Blues, que recientemente también habían protagonizado diversos enfrentamientos con radicales de otros equipos.

Los presuntos autores materiales de la muerte de Jimmy, un taxista de Parla de 33 años padre de familia, y otros dos jóvenes, uno de esta misma localidad madrileña, y otro de Alcobendas, fueron encarcelados 18 días después de la reyerta mortal en la que participaron más de 200 ultras de los grupos violentos del Atlético y el Deportivo. Ellos están considerados por la Policía y la Justicia los principales culpables, pero aparte de ellos y todos los demás radicales que se pegaron a orillas del Manzanares armados de navajas, palos y barras, entre otros objetos, la responsabilidad recae sobre muchos otros. La tragedia destapó el descontrol policial e institucional, la falta de coordinación de seguridad y de los clubes, para intentar evitar un enfrentamiento a muerte previo a un partido que no fue declarado "de alto riesgo".

El Ministerio del Interior, que ha culpado públicamente al Deportivo, sí ha reconocido que había "sospechas" de que pudiera llegar ese fin de semana a Madrid algún autobús procedente de Galicia con hinchas radicales del equipo gallego, y hasta un centenar de entradas facilitadas por el Atlético de Madrid al club coruñés acabaron en manos de los Riazor Blues. Supuestamente vendidas, según la Policía, por la Federación de Peñas del Deportivo a los ultras blanquiazules. Como consecuencia del desastre en la prevención, Interior destituyó a los coordinadores de Seguridad del Deportivo y del Atlético, mientras que la junta directiva del organismo que agrupa a las peñas deportivistas decidió presentar su dimisión. El Atlético, relacionado 16 años después con otro crimen provocado por ultras que llevan sus colores, decretó la expulsión de los radicales implicados en la pelea, dar de baja al Frente y romper relaciones con los violentos. Es un primer paso. Aún insuficiente, pero muy necesario.
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