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En la sala de máquinas del Caja Rural

El Caja Rural es con el Geox el único equipo continental de la ronda vasca. En estos seis días siguen haciendo méritos deportivos para que antes de que termine mayo Unipublic les invite a la Vuelta a España.

  • L.GUINEA . LEKUNBERRI
Publicado el 06/04/2011 a las 02:03
UN equipo ciclista profesional es como un ejército en miniatura. Tiene su infantería (corredores), sus generales (directores), la intendencia (mecánicos, masajistas y médico), su inteligencia (mánagers). A más presupuesto, más medios, más posibilidades. Cada vuelta es una guerra; cada etapa, una batalla. Bajo estas premisas, el Caja Rural, el equipo navarro continental, juega en inferioridad, pero planta cara a los enormes portaviones del Pro Tour.
"Esto es como si pretendiéramos jugar en la NBA con el Lagun Aro, la diferencia es tan grande...", explica Xabier Artetxe, vizcaíno, licenciado en IVEF y director desde este año del Caja Rural.
Antes de partir en Zumárraga, Artetxe ha reunido a sus ocho corredores (Cuesta, Galdós, El July, Herrada, Moreno, Egoitz García, Higinio y Garikoitz Bravo) en el bus del equipo. En la charla la consigna ha sido la misma que ayer y será la misma que mañana: tratar de filtrarse en la escapada del día, y ver venir.
Los coches de equipo son como el puente de mando de un barco. Al instrumental de cualquier vehículo sumen una emisora con la que comunicarse con los corredores, otra con radio-vuelta (la emisora de la organización), una televisión portátil, más la Blackberry para solventar contrariedades. Artetxe comparte más de 50 días del año con otro vizcaíno, Julen Zubero, el mecánico. Arriba, en el techo del Skoda, viajan seis bicis de repuesto y ocho ruedas. Zubero lleva al lado dos ruedas traseras y una delantera. Detrás, una nevera enorme con decenas de bidones de agua, bebidas isotónicas, etc.
La salida de Zumárraga ha sido fulgurante. Como la del lunes, como el del Induráin, como en la Volta... hacer y filtrarse en la escapada es una locura en un pelotón estirado que rueda a latigazos. Esa misma tensión, como si todo estuviera unido por un sistema nervioso invisible, se transmite a los coches. Acelerón, frenazo, zigzagueo entre motos sin que milagrosamente pase nada. Higinio Fernández consigue unos metros junto con Lewis, Gavazzi y Rogers. Pero la ilusión en el coche del Caja Rural dura unos segundos y se apaga.
"Este año coger escapadas es casi imposible. No sé si es porque los Pro Tour están más pendientes de los puntos o los puestos, pero los comienzos están siendo de locura", explica Artetxe.
La etapa devora kilómetros a una velocidad endiablada. Se ancadenan repechos y puertos sin que nadie consiga abrir un hueco. Artetxe pide atención.
Hasta el kilómetro 44 no se hace la fuga definitiva, pero la calma no aparece en el grupo hasta que se da una circunstancia.
"Aquí hasta que no pare a mear el líder, no habrá tranquilidad, iremos a mil", dice desde atrás el mecánico Zubero.
Luchar por sobrevivir
Dicho y hecho. Pasado Lizartza el maillot amarillo se para en la cuneta, y con él el grupo. Tregua. Los fugados consiguen alimentar su ilusión con una diferencia que se irá hasta los 5.45. Durante kilómetros el pelotón sestea, en los coches es tiempo de comer. Hoy, bocadillo de chorizo de primero. Manzana o chocolatina de postre. "Solemos desayunar fuerte porque aquí comemos todos los días de bocadillo", apunta Zubero mientras sintoniza la tele del coche.
Pasado Zuararrate Garmin y Leopard empiezan a pisar el acelerador y no pararán hasta Lekunberri. Si antes el objetivo era meterse en una fuga que dé minutos de televisión, la carrera se convierte ahora en un ejercicio de ahorro para unos y de supervivencia para otros.
Por eso en el penúltimo puerto Learburu, el esprinter Galdós afloja y busca acomodo en el vagón de cola. Artetxe "sugiere" por radio a los jóvenes Higinio y Gari que se descuelguen también.
Las rampas de Azpirotz se convierten en una trituradora. Artetxe pide un plus a Moreno, Herrada y Egoitz García que sufran seis kilómetros porque vale la pena. Cuesta, que no está bien aún, cede. Director y mecánico adivinan por las ventanillas que su mejor hombre, Moreno, se ha descolgado. La radio lo corrobora.
"Es lo que hay, corremos contra los mejores del mundo", dice Artetxe mientras espera a los corredores en el bus en la meta.
"Es imposible. Me he dejado los huevos y no se les puede seguir, no se les puede seguir", repite Herrada, que ha entrado el 23º el mejor del equipo.
Da igual. La de mañana será otra batalla. Los cajas lucharán.
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