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El epicentro del balonmano

  • La de ayer fue una jornada de lujo para los aficionados navarros al balonmano. Los dos grandes de la Liga, y dos de los mejores equipos del mundo, visitaban la ciudad. Y el público respondió creando un ambiente como en las grandes ocasiones

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El pabellón de Anaitasuna registró un espléndido ambiente ayer en el reencuentro con el Atlético de Madrid en la máxima categoría. J.C. CORDOVILLA
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Los aficionados albiazules disfrutaron ayer con el Amaya Sport. J. NAGORE
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Alejandro recibe el saludo de Chema, rodeados de niños. J.C. CORDOVILLA
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De izda. a dcha.: Vicente Izco, Juanón de la Puente, José Antonio Torres y Francisco Aramendía, en la comida que hicieron ayer.
  • JOSÉ MIGUEL SÁNCHEZ . PAMPLONA
Actualizada 13/10/2011 a las 01:05

L AS casualidades del calendario hicieron que el día festivo de ayer se convirtiera en una jornada perfecta para los aficionados navarros al balonmano.

Por la mañana, con el Amaya Sport jugó contra el Barcelona y, por la tarde, tuvo lugar el partido del Helvetia Anaitasuna contra el Atlético de Madrid.

Pamplona fue ayer el puerto para dos buques de élite muy bien armados. Y aunque las fuerzas para ambos duelos eran desiguales, los dos equipos navarros estuvieron a la altura de las circunstancias. Salieron con todo para responder así a la buena afluencia de público tanto en el pabellón universitario como en Anaitasuna.

En el primero, se congregaron alrededor de 1.800 personas. En el segundo, cerca de 3.000. En total, más de 4.000 seguidores locos por una jornada vibrante. Ninguna ciudad española puede disfrutar en estos momentos de dos equipos en la élite del balonmano.

Partido, comida y partido

Algunos aficionados aprovecharon el Día de la Hispanidad para celebrar una buena comida y disfrutar de los partidos. En Anaitasuna, por ejemplo, se dieron cita para comer 500 aficionados de la sociedad, que más tarde abarrotaron las gradas de la cancha. Fue el caso también de José Antonio Torres -ex jugador del Antequera, San Antonio, Anaitasuna y Beti Onak-, quien pasó un día de balonmano completo con sus amigos de siempre: Juanón de la Puente, ex del Barcelona, Atlético de Madrid y de la selección española, Francisco Aramendía, ex de Anaitasuna y Vicente Izco. Todos ellos, amigos desde pequeños en Maristas.

El balonmano decanta sus vidas de una forma decisiva. Es su pasión. Ayer llegaron al pabellón universitario recién almorzados. El sofrito y el caldo de la paella se quedaron esperándoles para después en la sociedad Joaquín Larregla (Milagrosa), centro de operaciones. "El balonmano es mi vida y me lo ha dado todo", cuenta Torres. "Todos nos conocemos desde pequeños, el balonmano llena nuestras conversaciones y un día como hoy (por ayer) produce la conjunción perfecta de todo pudiendo ver balonmano de primer nivel".

Apostados en la cuarta fila, vieron la gran primera mitad del Amaya Sport. La grada lucía el aspecto de las grandes ocasiones y nadie paró de animar. Antes del partido había una larga cola en la taquilla. Los ex antonianos Danjel Saric y Albert Rocas fueron recibido con aplausos. Pero después las gargantas se pusieron al servicio de Rasa (Ristanovic) uno de los protagonistas del partido, y sus compañeros. Niko Mindegia arengaba con los brazos en alto a una grada entregada. "¡Vamos, vamos!", decía. El público respondía con un "¡Este partido lo vamos a ganar!". 10-9 en el marcador y el Barcelona mostraba signos de vulnerabilidad.

Pero las rotaciones terminaron con el duelo y con el físico de los antonianos. Los barcelonistas se fueron en el marcador y la grada se apagó un tanto. Solo los últimos minutos del partido, en los que los navarros remaron para obtener un castigo menor, volvieron a electrizar a una grada que reconoció el trabajo albiazul.

23-29 en el marcador y punto y aparte. Tocaba pensar en el Atlético de Madrid, rival del Helvetia. "La pena ha sido el desequilibrio con el que hemos llegado para jugar contra estos equipos", analizaba Torres al finalizar el partido. Después se marcharon a comer la paella que él preparó para coger fuerzas para acudir a La Catedral.

Quien tampoco se perdió detalle de la jornada de ayer (y casi nunca lo hace) fue Txomin Mindeguía, padre de Niko Mindegia y entrenador del erreka de Santesteban. Recorrió los cerca de 50 kilómetros que separan Pamplona de la localidad, pueblo del que son él, su hijo, Ibai Meoki y Juanto Apezetxea. Desde allí, con cerca de 1.688 habitantes y con una gran pasión por el balonmano, llegaron 50 personas.

"Nosotros no entendemos el pique de Anaitasuna y San Antonio", contaba este sabio del balonmano foral, sentado en su asiento habitual de la primera fila de Anaitasuna. "Ellos nos representan y no tenemos nada que ver con eso. En Santesteban, el balonmano es uno de los deportes fuertes y por eso es una jornada festiva total. Una casualidad que nos permite ver a los dos finalistas de la Final Four".

En su caso, la satisfacción era doble. Ver en la élite a sus dos equipos, conjuntos en los que juegan hombres que él ha entrenado. "Por eso suelo decir que me siento más orgulloso de haber sido su entrenador que su padre, porque ser padre es circunstancial pero siendo entrenador ves cómo va superando las etapas", explicaba.

Segundo asalto

Son las 18.30 y el segundo escenario del día, el pabellón Anaitasuna, comienza a llenarse. En la entrada reparten camisetas verdes del Helvetia para dar color a una grada que presenta un aspecto espectacular. Mucha gente joven, mucha ilusión y muchas ganas por ver, al final, citas como la de ayer contra el Atlético de Madrid.

No quisieron faltar los antonianos Niko Mindeguía, Juanto Apezetxea, Ibai Meoki, Gedeón Guardiola, Doroteo Vicente (presidente del Amaya Sport)o Gurutz Aguinagalde (portero del Naturhouse) y Nerea Pena, Raph Tervel, Maite Zugarrondo y buena parte del equipo del Asfi Itxako.

Para entonces, la paella de los cuatro amigos -José Antonio Torres, Vicente Izco, Juanón de la Puente y Francisco Aramendía- ya estaba haciendo la digestión. Incluso les había dado tiempo a echar una partida de mus en la que los dos primeros salieron vencedores.

Desde los sitios más elevados vieron cómo el Helvetia Anaitasuna y Atlético de Madrid se hacían una foto conjunta en el centro del campo y cómo el partido empezaba a tomar un cariz parecido al del Amaya Sport en los primeros minutos. Los de Aitor Etxaburu salieron muy enchufados y un gran Alejandro bajo palos levantó a la gente de las gradas.

Unas 3.000 personas explicando por qué tenían tantas ganas de que Asobal llegara por fin para los verdiblancos. Las inmediaciones estaban repletas en un día festivo como el de ayer. Nadie quiso perdérselo. Por eso los del barrio resistieron todo lo que pudieron y el público resistió también con ellos.

Fue el final de un día que acabó con invasión de campo y la sensación de que el balonmano navarro disfruta en estos momentos de un momento muy dulce.



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