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BALONCESTO | GRUPO IRUÑA

Lejos de ser un equipo

  • Los navarros se olvidan de la velocidad y se convierten en un equipo ramplón

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Iñaki Narros intenta superar la defensa de Alzamora durante el partido de ayer. JAVIER SESMA
  • SANTIAGO ZUZA . PAMPLONA .
Actualizada 08/10/2011 a las 01:01

El Grupo Iruña dio un paso atrás y cayó derrotado en su propio feudo por el Lleida. Lo grave no fue el resultado, porque a pesar de que los catalanes fueron netamente superiores durante todo el partido, los rojillos tuvieron opciones de llevarse el triunfo hasta el final. Lo preocupante fueron las sensaciones y el juego desplegado en la pista, muy alejado del espíritu aguerrido que ha caracterizado siempre a los equipos de Jareño. El tiempo avanza, y mientras el resto de los equipos progresan, el Grupo Iruña se ha estancado en las últimas semanas. Ayer ni siquiera hubo velocidad y contraataque, dos armas fundamentales que son la seña de identidad del equipo.

Los problemas defensivos son evidentes. El equipo funciona a ráfagas y sólo es capaz de plantar cara a su rival cuando Narros o Sanz tiran del carro en ataque a base de pundonor y amor propio. Individualidades que dan algo de luz en la oscuridad en la que se sumerge el equipo durante muchos minutos de partido.

Un equipo es una suma de jugadores cumpliendo cada uno su rol en beneficio del grupo. Cada pieza se apoya en la otra, y si una de ellas cae, el resto se precipitan y el adversario encuentra el hueco y destroza el aro. Ayer el Lleida anotó media docena de canastas de esas que resultan sonrojantes para un entrenador. Por eso mismo, Jareño decidió anular el día de fiesta que había dado hoy a su plantilla y les obligará a entrenarse.

Después del 4-0 de salida, al Grupo Iruña se le fundieron los plomos. En defensa aguantó el tipo ante un Lleida que no se complicó en exceso y buscó las jugadas rápidas. Pero los rojillos no estuvieron acertados ni dentro ni fuera ni desde la línea de tiro libre. Un desastre que no fue mayor porque los de Casas no quisieron.

A pesar de las muchas dificultades, el Grupo Iruña consiguió empatar hasta en dos ocasiones el partido en el segundo cuarto (21-21 y 24-24). La sensación era que Lleida era superior, pero que los catalanes no estaban sabiendo aprovecharlo para matar el partido y el equipo navarro seguía vivo. Al descanso seguía habiendo opciones (30-32), pero para entonces se jugaba ya al ritmo que marcaban los visitantes. Al Grupo Iruña le faltaba agresividad atrás y le sobraban errores en las marcas y en los sistemas.

El paso por el vestuario no sirvió para mucho porque el tercer cuarto ofreció más de lo mismo. Dificultades en la circulación de balón, lentitud en las acciones, errores en el tiro. La catástrofe hubiese sido mucho mayor si Narros no se hubiese echado el equipo a la espalda en ataque para dar una tercera vida a los de Jareño (50-55 al final del tercero).

El equipo pareció entender la lección y llegó a ponerse por delante a falta de 5.44 (60-59). Pero sinceramente no hubiese sido justo ganar traicionando la idea de juego que da sentido a este equipo. Feliú apareció en los minutos finales para tomar el relevo de un Ramsdell espectacular hasta entonces. El equipo local se equivocó y desperdició su última vida. De nuevo se pudo ganar, como en La Palma, pero se quedó a las puertas por no jugar a lo que sabe. Game over.

Jareño: "No entrenamos para hacer este basket"

Ángel González Jareño terminó muy poco satisfecho el partido. "El resumen es muy sencillo. Ellos han impuesto su ritmo por encima del nuestro. Estamos teniendo un problema enorme con los pases. Tenemos muchos sistemas donde buscamos pases y tenemos un déficit tremendo ahí porque estamos pasándolo bastante mal. Ha habido momentos en el partido que han sido frustrantes. Lo que me preocupa es que tenemos que mejorar a pasos agigantados y vamos demasiado despacio. Tenemos que sacar un poco más de bemoles. No es una cuestión de ganar o perder. Es una cuestión de que si no haces las cosas que te ayudan a ganar no vas a ganar. Lo frustrante es que nosotros no entrenamos para jugar este baloncesto y eso a mí como entrenador me duele mucho. Tengo mis dudas de que estén creyendo en lo que estamos haciendo. Me han demostrado que han tenido mucho miedo".



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