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Velasco Broca, director

“No he sido consciente de lo que hecho he hasta ayer, al sacar la copia final”

El ganador del año pasado de este proyecto del Punto de Vista, que ofrece a documentalistas españoles emergentes la posibilidad de realizar una creación audiovisual en forma de ensayo en Navarra, presentó ayer el trabajo, ‘Nuevo Altar’

Imagen de Velasco Broca, director de Nuevo Altar.

Imagen de Velasco Broca, director de Nuevo Altar.

Actualizada 11/03/2017 a las 09:06

La entrevista con Velasco Broca tenía lugar ayer, poco antes de que se estrenara su filme, a las diez y media de la noche. Ganador el año pasado del proyecto X Films, el cineasta reconocía sentir “mucha responsabilidad”: su Nuevo Altar es una producción del Punto de Vista, “con una línea muy clara, y esto se desmarcaba totalmente de lo que han hecho hasta ahora”. Pero añadía, también es un festival que deja libres a los directores. “Y si a mí me dejan libre, hago esto”.

Su película ha levantado expectación. La nota de prensa que nos ha enviado el Punto de Vista habla de “el esperado estreno de Nuevo Altar”...
Vaya... Era uno de mis mayores miedos: que al festival no le llegara a gustar, por la línea más de no ficción que lleva. De un modo un poco atolondrado me tiré hacia la ficción porque no sabía lo que iba a hacer. Aunque es cierto que es muy difícil decir esto si tienes un guion delante y ves que es abiertamente de ficción, es verdad que no he sido consciente de nada de lo que he hecho hasta hace un día, al sacar la copia final.


Ayer [por el jueves]...


Sí, muy fuerte. Y aunque gran parte recae sobre la ficción, hay otras abiertamente documentales.


¿Le pone nervioso haber levantado esta expectación, responsabilidad ante presentar un trabajo producido por el festival?


Sí, sentía mucha responsabilidad por eso: es una producción de Punto de Vista, que tiene una línea muy clara, y esto se desmarcaba totalmente de lo que han hecho hasta ahora. Tenía miedo, sí, sentía presión. Pero por otro lado es un festival que apuesta por la autoría, y esto significa dejar libre a los directores. Y si a mí me dejan libre, hago esto.


Una mini sinopsis de su película en esa nota de prensa dice: “Un diablo rojo rojo, un cura que huye en la nieve…”.


Pues el espectador se va a encontrar exactamente con eso, aunque ni yo he podido descifrar qué género es. La mayoría de las veces parece una comedia, pero te encuentras con drama, con elementos del mundo fantástico, de algún modo es también una película de aventuras...


¿Aventuras?


Protagonizadas por un sacerdote, que se va a enfrentar a las pequeñas acciones del demonio y sus intervenciones en la realidad. Todo desde el respeto.


Comedia, drama, mundo fantástico, aventuras... Y una película que se mueve en los dos niveles, el de ficción y el de no ficción.


Sí. Hicimos dos momentos abiertamente documentales y toda la ficción está definiendo esos dos puntos. Hay una interacción. Y te digo más: el cine es mayoritariamente documental. Cuando se dice “está interpretado por actores” respondo que está interpretado por personas. Esa persona, en ese momento, está interpretando, vale, pero sigue siendo un documento de un tiempo-espacio muy específico en el que ocurrió algo. ¿Esa persona estaba actuando en ese momento? Sí. ¿Pero es mentira? No. La cuestión es que al ordenar ese conjunto de material empieza a generar los dos niveles, el de ficción y el de no ficción. Si no, ¡los actores no envejecerían nunca! [ríe].


Nos remontamos a hace más de un año, cuando le anunciaron que era uno de los tres candidatos del X Films 2016. ¿Qué pensó presentar?


Estaba con Jesús Sáenz de Pipaón, que es amigo y uno de mis colaboradores. A los dos nos interesa mucho el esoterismo, y estuvimos trabajando en la Navarra mágica. Dimos con una pequeña leyenda, una especie de mito fundacional de hace siglos que explican el origen del nombre de Navarra y la fundación de Navarra. Me pareció muy bonito y pensé que se podía hacer una combinación de cine de ficción y de no ficción trabajando el audio y la imagen en capas diferentes. Y funcionaba muy bien. Fui a buscar localizaciones, pero, por temas burocráticos, hubo retrasos para iniciar el proyecto y ante la premura no podía realizarlo en las condiciones que a mí me hubiera gustado. Además, al desarrollar el proyecto original tampoco había estado localizando por Navarra, trabajé sobre una hipótesis, y cuando fui, a medida que me iba acercando a los Pirineos, aquello no funcionaba. Me di cuenta de que no podía desarrollar lo que tenía pensado en un principio.


¿Y qué hizo?


Llamé a Julián Genisson. “Julián, ¿escribirías un guion?”. Me contestó que sí, volví a hacer un segundo viaje a Navarra, definí los elementos y las localizaciones y Julián me escribió sobre eso el guion, éste. Me comporté más como un productor que como un autor. Por cierto, en Nuevo Altar Julián vuelve a hacer para mí de sacerdote, tercera vez. Es que él me suele sacar en sus cosas cubriéndome la cabeza y destapándola, porque soy calvo, claro...


Ha dicho que Nuevo Altar es su trabajo más experimental. ¿A qué se refiere?


Es experimental en el sentido de que yo nunca lo había experimentado. Lo improvisé completamente. El día anterior a rodar pensé que iba a resolver la película entera a base de primeros planos , y no fue así. ¡No hay un solo primer plano! [ríe]. Cuando uno trabaja en algo por primera vez, y encima no tienes una segunda oportunidad, es un experimento en toda regla.


¿Y qué tal se ha sentido luego?


No me ha dado tiempo a ver cómo me puedo sentir porque saqué la copia ayer [por el jueves] y hoy [por ayer] estoy yendo al festival. Lo único que sé es que probablemente retoque alguna cosilla del montaje y del audio, pero muy poca cosa. Normalmente mis procesos suelen durar años, pero éste, dos meses. Para mí la experiencia entera está siendo nueva: rodar en digital, en color, con actores, con un guion... Por eso digo que es muy experimental.


Estuvo a punto de dejar el cine, que se encontraba cansado, dijo.


Sí, hace ocho años.


Pues para haberlo querido abandonar está con plenas energías...


El año pasado estrenamos Nuestra amiga la Luna, al que le queda aún un año y medio por ahí. Y de aquí a un mes estreno con el colectivo Canódromo abandonado [del que es miembro Julián Genisson] Dioses autonómicos, que es una serie de televisión que empezamos hace dos años y la acabamos de terminar. De hecho, eso fue lo que me animó para rodar Nuevo Altar con el guion de Julián: habíamos trabajado previamente y había visto que funcionaba, que yo me sentía muy cómodo con él... Considero que es uno de los guionistas y directores más brillantes de este país. Estoy enamorado de su figura.


¿Sigue sin ver sus películas?


Sí, y si voy a ver ésta [ayer, y en referencia a Nuevo Altar] es porque va a ser la primera vez que veo la copia proyectada en pantalla grande. Voy a ir con un bloc de notas para apuntar las cosas que tengo que cambiar para el siguiente pase.


Que se viene a trabajar, vamos.


Sí, sí. El lunes, cuando regrese a casa de todo esto, ya dormiré las horas que hagan falta.

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