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Académico de la RAE

Félix de Azúa: "Los analfabetos han tomado el poder"

"La universidad agoniza y la enseñanza superior era mejor en tiempos de Franco", sostiene el académico

Félix de Azúa refleja su pasión por lo medieval en la RAE
Félix de Azúa refleja su pasión por lo medieval en la RAE
  • Colpisa. Madrid
Actualizado el 27/02/2017 a las 18:05
Se lee mucho, pero muy mal. La universidad agoniza y el paisaje político es desolador fuera y en casa. Psicótico en Cataluña. Es el negro panorama que dibuja Félix de Azúa (Barcelona, 1944), escritor, académico, catedrático y poeta en retirada pero empeñado en que leamos más y mejor a los mejores. En especial ahora que "los analfabetos han tomado el poder". Lo dice sin ironía y de un excelente humor, poniendo a disposición del lector 'Nuevas lecturas compulsivas' (Círculo de Tiza). Es un libro misceláneo, ampliación del canon que publicó en 1998, y en el que reúne textos heterogéneos con los que quiere inocular de nuevo la pasión por la lectura.
"Es un libro de autoayuda y benéfico, para que la gente de buena voluntad aprenda a leer bien", dice con retranca este académico reciente -sillón 'H' desde el año pasado- que quiere ser "como un ratón bubónico que inocule el virus de la lectura como el de la peste". "No hay mejor profesor de gimnasia que un buen gimnasta, o de equitación que un buen jinete, como no lo hay de lectura mejor que un loco por los libros como yo", dice alguien que vive "atado" a su biblioteca "como los presos a aquella bola de hierro de los tebeos". Y eso que una purga feroz la ha reducido de 16.000 a 6000 volúmenes.
"Enseñar a leer es mostrar al lector lo interesante, excitar su propio talento, no llevarlo como un corderillo" dice De Azúa, que escribe sobre Hölderlin, Cervantes, Víctor Hugo, Montaigne, Orwell, Steiner, Balzac o García Márquez, entre muchos otros. "Leer es la única herramienta que tenemos para ser inteligentes, para ser más guapos, más listos, más altos, más fuertes, y más ricos. Es una herramienta multiuso, barata, y con muchísimas más posibilidades que un ordenador. El libro es además la herramienta que ha construido el mundo accidental", aventura.
Una herramienta ineficaz para alguien como el nuevo inquilino de la Casa Blanca. "No creo que Donald Trump sepa leer, y si lo hiciera no entendería a Maquiavelo", dice. "Tenía un abuelo muy simpático, dueño del burdel más importante de Chicago, y las estirpes de burdeles y prostitución no leen mucho", cuenta risueño. De recomendar a Trump alguna lectura optaría por 'Alicia en el país de las maravillas', "que parece sencilla pero hace pensar mucho; si fuera capaz de digerirlo quizá se diera cuenta de que la vida es más compleja de lo que él imagina".
"Los analfabetos ha tomado el poder y tienen los políticos que se merecen, pero no sé hasta qué punto los políticos están contentos con estas masas que no les garantizan el puesto", advierte De Azúa. "Lo que ha salido donde dominan los analfabetos, que son las redes sociales, es un caos enormemente peligroso que puede incendiar cualquier cosa", asevera. Y cita como ejemplo del 'brexit', opción "de un país bastante culto, como es el Reino Unido, donde las masas analfabetas han votado un disparate del que se arrepentirán", o a Trump, "aupado por una masa analfabeta y campesina".
UNIVERSIDAD CATATÓNICA
La docencia superior tampoco se salva de esta ola de 'estupidización' a juicio del escritor, que sostiene la "honesta herejía" de que "la enseñanza superior era mucho mejor en tiempos de Franco, a pesar de su espanto ideológico". "La universidad está agónica, catatónica, por no decir muerta. Al menos en las facultades de letras, ya que las escuelas técnicas son otra cosa", sostiene. "En un departamento de la Universidad de Granada se ha publicado una 'calendaria', con los meses de 'enera', 'febrera', 'marza', 'abrila'...", se escandaliza.
Internet no es, a juicio del escritor, "el único responsable de la 'idiotziación'". "Quien se idiotiza con Internet se habría idiotizado exactamente igual con la religión, el fútbol, las drogas o con la televisión, y eso que no es fácil idiotizarse, aunque la red ha dado voz a lo peor de la sociedad", lamenta. "Quizá si estos servicios fueran de pago se acabaría con la canallada del anonimato", plantea. "Sexo, turismo y deporte, son hoy los pilares que dan sentido a la vida mucha gente", asegura el académico. "Si le quitamos el fútbol a la gente que más se apasiona, se armaría algo que dejaría la revolución soviética en una rebelión de churreros", vaticina.
En el espectro político solo salva a Ciudadanos, "los únicos que saben negociar", a su juicio. "Creer que la política no es ideología es algo del siglo pasado. Es negociación, negociación, y negociación. Y quienes no sepan hacerlo, que se vayan al convento", propone. "Podemos es un chiste cada semana", dice De Azúa. Asegura que la preferencia de Iglesias sobre Errejón "denota que predomina quien no sabe negociar y quiere tomar la calle, que es algo de analfabetos". "Iglesias se cree que es como Fraga. Es un locura. Errejón era mucho más listo", sostiene.
Es muy crítico con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. "Tiene problemas para leer. Le cuesta" dice evocando su confrontación con ella. "Yo no dije que era una pescadera. Dije que hubiera estado mejor despachando en un comercio de pescado, que es algo muy noble y muy digno", precisa. "Creer que le llamaba pescadera es un error de alguien que no lee. Pescadera nunca ha sido un insulto, como sería rabanera. Al no entenderlo, hundió a las pescaderas", dice el autor de 'Historia de un idiota contada por él mismo' o 'Cambio de bandera'. Asegura que Colau "ha hecho cosas más interesantes, como expulsar al ejército de una feria pedagógica". "Para superarlo habría que irse al Palmar de Troya. Esa mujer tiene el talento necesario para estar al frente del Ayuntamiento de Barcelona", ironiza.
Dice Azúa que nunca fue crítico con la Real Academia Española y que está encantado de pertenecer a la institución. "Es un mundo aparte que se parece mucho a los clubes ingleses de Dickens o Sherlock Holmes", compara. Sus colegas en la docta casa "son gente muy educada, cortés, simpática, e ingeniosa que se reúne todos los jueves como en un club. Hablan entre ellos, se toman unos canapés y sostiene unas discusiones muy interesantes sobre la lengua española", explica. "Creí que sería un lugar de ancianos que hablaban en susurros, pero hay peleas a gritos: es divertidísima", se felicita.
Crea Azúa que "a pesar de todo, tenemos remedio". "Este país va muy bien. Hay algunos problemas, como los partidos políticos, la banca, el parlamento.... Si no fuera por eso sería estupendo", dice sarcástico. "Hay que conservar el sentido del humor hasta el final. Como decía Bergamín 'yo con los comunistas hasta la muerte, pero ni un paso más'". concluye.
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