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PERFORMANCE

La voz susurrante que leía en la biblioteca

El ciclo 'Inmediaciones' ha llevado a tres bibliotecas navarras una ‘performance’ por la que, por medio de auriculares, se guiaba en la lectura de libros. Un parón en tiempo para un viaje de sensaciones

La voz susurrante ha pedido a una de las participantes que guíe con su dedo a la otra en la lectura de uno de los libros.

La voz susurrante ha pedido a una de las participantes que guíe con su dedo a la otra en la lectura de uno de los libros.

AZALA KREAZIO ESPAZIOA
17/10/2016 a las 06:00
"Lo primero que te llama la atención es que, para tratarse de un lugar dedicado al silencio, la verdad es que es bastante poco silencioso...”. La voz susurrante masculina que habla a través de los auriculares del ipod se queda callada unos segundos. Tiene razón: la biblioteca no es tan silenciosa como podía parecer. No es nada silenciosa de hecho. La voz susurrante lo llama “colección de ruidos”. Y es cierto. Porque se escucha el pasar de páginas, las sillas que se mueven, las toses que tratan de aguantar sin conseguirlo, los pies torpes que tropiezan contra las patas de las mesas, los cierres de las mochilas y bolsos, la llegada de mensajes en móviles descuidados, el bolígrafo dejado sobre el escritorio... Si una se concentra, puede escuchar el zumbido del silencio. E incluso su pulso.

Con esta atmósfera sumergen en el mundo de los libros los dramaturgos Ant Hampton y Tim Etchells gracias a 'The Quiet Volume / Voces susurradas', la performance organizada por el ciclo Inmediaciones que se realizó en tres bibliotecas navarras entre el 6 y el 14 de octubre. Una experiencia que sus autores llaman autoteatro y por la que, con las instrucciones dadas a través de los auriculares del ipod, guían a los participantes-espectadores por las páginas de unos libros determinados: 'Ensayo sobre la ceguera', de José Saramago; 'Klaus y Lucas', de Agota Kristof; 'Cuando fuimos huérfanos', de Kazuo Ishiguro, y 'Cityscapes', el libro de fotografías de Gabriele Basilico.

'The Quiet Volume / Voces susurradas' es un viaje de dos, siendo más interesante que los participantes-espectadores no se conozcan. “Se produce un encuentro entre ambos y se ven compartiendo una experiencia casi coreográfica, ya que por los auriculares reciben pautas de movimiento, de pasos de página, de señalar palabras determinadas, frases...”, explica la bailarina pamplonesa Laida Azkona, una de las directoras de Inmediaciones. Ella experimentó la performance en Barcelona hace tres años, producida por Ciudades Paralelas, un proyecto en el que se lleva el teatro, la performance y las experimentaciones escénicas fuera del escenario, al espacio público. Y Azkona decidió traerla a Navarra. Una de las bibliotecas que quiso colaborar ha sido la de Noáin. Así transcurrió una de las sesiones con dos lectoras.

¿CUÁNTO PESA LA TINTA?

Las participantes, inscritas previamente, llegan a la hora de la cita y reciben de los organizadores los auriculares conectados al ipod y unas instrucciones sencillas: solo deben escuchar y leer a su ritmo. Conducidas después hasta una de las mesas de la sala de lectura preparada para la performance, se sientan una al lado de la otra, cada una con una pila ante sí de tres libros y un cuaderno de apenas 40 páginas. Entre ambas, un cuarto libro. Ellas no saben que los audios que reciben son distintos, con instrucciones diferentes, pero ambos sincronizados. Lo descubren al poco de comenzar la performance, cuando la voz susurrante les pide colocar una mano sobre una hoja del cuaderno y levantar un dedo, a modo de señal a su acompañante: comprueban que ambas están haciendo lo mismo. Y la voz les guía por un enigmático viaje en el que se mezcla silencio, intimidad y lectura concentrada.

Es un viaje en el que, por ejemplo, toman conciencia de palabras concretas. De cómo están escritas, de las letras que las componen, por separado, imaginando sus sonidos. Palabras que una semana después retumban en sus cabezas: agujero y nieve. Son palabras que han adquirido nuevas posibilidades, sin duda.

¿Cuánto puede pesar la tinta de esta página?”, pregunta la voz susurrante. ¿Cuánto será?, se interroga una de las lectores inconscientemente. La voz del hombre es sustituida por la de una niña y más tarde por la de una anciana conforme se van leyendo pasajes de los tres libros. En ocasiones las voces, siempre susurrantes, acompañan la lectura. En otras la dejan únicamente para las participantes. 'The Quiet Volume' utiliza la voz en off para trasladar a los participantes por distintos estados de la lectura interior.

Y tan pronto les piden leer el último párrafo de la página 9 de 'Ensayo sobre la ceguera' como les hacen saltar a la página 230. O a 'Klaus y Lucas', y guiar la lectura de la compañera con el dedo. O a 'Cityscapes', y comprobar si las fotografías de calles de grandes ciudades se parecen en algo al paisaje imaginado al leer un párrafo de 'Ensayo sobre la ceguera'. O si las ruinas de la guerra en Beirut impresas en 'Cityscapes' se parecen a la escena de 'Cuando fuimos huérfanos'. La lectura individual es entonces conjunta.

La voz susurrante invita a las lectoras a levantar la cabeza y mirar a su alrededor. Ahí está la biblioteca, con el resto de usuarios, cada cual a su tarea. Y las lectoras, pasando desapercibidas al resto. Con sus auriculares. Como los de la joven que, sentada enfrente, estudia. O el hombre que, en el asiento de al lado, lee el periódico. Pasan desapercibidas incluso cuando la voz susurrante les hace coger el libro boca abajo y tratar de recordar cuando no sabían leer, cuando los extraños caracteres que ahora se les aparecen en la página les parecían igual de extraños que los del libro que cogieron del derecho en su infancia. “Da la vuelta al libro y trata ahora de no reconocer las palabras”, dice la voz. Imposible: la lectura se presenta ante los ojos aunque una no quiera.

Las lectores perciben un suave zumbido que poco a poco se va convirtiendo en ensordecedor. Y una última instrucción: que al llegar al final de la página levanten la cabeza, observen un momento a su alrededor, dejen los auriculares y abandonen la biblioteca. Para cuando esto ocurra habrá pasado una hora. Las lectoras sonríen, relajadas. Ha sido un parón en el tiempo para un viaje de sensaciones.

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