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Entrevista
Félix Viscarret

"El proyecto era demasiado irresistible; no sé cómo no lo ha hecho antes nadie"

El cineasta pamplonés regresa la semana que viene a la gran pantalla con Vientos de La Habana, el filme que ha rodado sobre el teniente Mario Conde a partir de las novelas del escritor cubano Leonardo Padura

El director de cine Félix Viscarret.

El director de cine Félix Viscarret.

TORNASOL FILMS
Actualizada 23/09/2016 a las 07:11
Félix Viscarret Saracho (1975) dice que rodando Vientos de La Habana ha habido "mucho cariño, para que todo fuera envolviéndonos", y que ojalá el espectador lo sienta. Ayer hubo una primera toma de contacto, en el Festival de Cine de San Sebastián, durante la gala de TVE. Pero será definitiva a partir del próximo viernes, cuando se estrena. El personaje del teniente Mario Conde que creó el escritor cubano Leonardo Padura cobra vida en el actor Jorge Perugorría. Viscarret confiesa que el universo Padura y La Habana le han atrapado.

¿Preparado para lo que viene?

Por mi naturaleza un poco neurótica, si darle vueltas a la cabeza me ayuda a estar preparado, entonces estoy preparado. Pero, si darle vueltas a la cabeza no ayuda para nada, pues entonces no tengo ni idea de si lo estoy [ríe]. Es un paso importante. Cuando los directores sacamos las películas a la luz cogemos aire porque sabemos que es una prueba, y como tal impone respeto. Pero también es una satisfacción poder mostrar la obra. Y mira qué lugar más privilegiado como el Festival de San Sebastián. Un honor.

En una web decían que "Vientos de La Habana va a ser la película que estremecerá Cuba". ¿Cómo se le queda el cuerpo?

¡Qué bonito! Esto se ha rodado con un equipo creativo hispanocubano y lo mejor ha sido cuando los miembros cubanos han visto en la película una Habana cinematográfica que me decían que nunca antes se había reflejado así. Quizá está mal que lo diga yo, pero creo que es algo que el espectador va a sentir por la piel enseguida. Le vamos a transportar a una atmósfera, a un mundo, muy particular. Que los cubanos vean La Habana con ese tratamiento cinematográfico es nuevo, y eso es un logro de todos.

No es por crearle presión, pero Padura ha comentado que tras varios intentos fallidos desde 1999 de llevar a Conde al cine por fin se materializa su sueño.

Impone respeto. Como toda aventura cinematográfica, debes dejarte guiar por la pasión para que la responsabilidad no te paralice. En La Habana, Conde está en la mente de todos, cada uno se lo imagina de una manera y, si como director te paras a pensar en esa responsabilidad, el miedo podría ser paralizante. Es mejor disfrutar de la pasión que despertó en mí cuando me ofrecieron ser el primero en llevar a imágenes ese mundo tan particular.

Sobre el escritor ha dicho que le admiraba hacía tiempo y que el mundo de Padura es “un universo irresistible”. ¿Ha pasado de la admiración a la pleitesía?

Cuando me ofrecieron el proyecto fue demasiado irresistible: situar en esa ciudad tan particular un policiaco como son las aventuras de Conde, y un policiaco tan sui géneris además, era un concepto demasiado goloso. No es pleitesía. Esa ciudad, con sus misterios y contradicciones, con su lado oculto, parece el lugar idílico para rodar ese tipo de historias. Lo que te preguntas es cómo no lo ha hecho nadie antes. Hay cine negro y policiaco que se desarrolla en La Habana, pero desde el comienzo fui consciente de que el proyecto era demasiado bueno. Era muy atractivo, mucho. En La Habana, pongas donde pongas la cámara, estás enfocando un lugar que tiene algo misterioso, exótico y, por tanto, atrayente.

Ya ni se lo pregunto, lo afirmo: ha disfrutado rodando.

Sí. Todo rodaje tiene muchas dificultades e imprevistos y es un reinventarte ante la adversidad. Pero sabía que lo que me iba a regalar La Habana en cada momento iba a compensar cualquier revés o estrés propio del rodaje. Nos iba a regalar cosas muy originales y muy inusuales para los que lo vemos con ojos desde fuera.

¿A qué se refiere con inusual?

La primera vez que llegué a La Habana me encontré en el control de pasaporte con que las oficiales que te lo piden están vestidas de estricto uniforme militar de cintura para arriba y de minifalda con medias de rejilla. Eso es un ejemplo de esa contradicción de militarismo y Caribe. Supongo que esa mezcla de sensualidad y burocracia solo sucede en La Habana. Es una de tantas contradicciones fascinantes que puede tener la ciudad. En cada esquina parece que la ciudad está al borde del precipicio pero no llega a caer. En algunas cosas está anclada en el tiempo y al mismo tiempo es contemporánea. Es muy misterioso cómo se mantiene el equilibrio en el día a día de La Habana. Es otro planeta, con sus propias leyes de la física.

¿Qué sintió cuando le propusieron el proyecto?

Cuando los productores Mariela Besuievsky y Gerardo Herrero me lo propusieron les dije: “No soy el experto en Cuba que me gustaría ser, no soy el que más sabe de La Habana. Pero me siento tan atraído y tan halagado por este ofrecimiento, que dentro de un año espero ser el que más sepa de Padura y de La Habana”.

¿Y lo ha cumplido?

Va a sonar a chiste, pero cuando pedía a algún conductor cubano de rodaje que nos llevara a la siguiente localización explicándole exactamente cómo llegar a ese recoveco de la ciudad, me respondía: "Nunca nadie me había traído hasta aquí". Lo cuento con humor pero también con cierta satisfacción. Me he convertido en un conocedor en profundidad de Cuba y del mundo de Padura.

¿Cuál era el objetivo al filmar La Habana?

Cuando hablo del proyecto termino hablando de La Habana porque es una especie de presencia que lo impregna todo, como una niebla que llena todo de un cierto halo de misterio. Y algo exótico y muy sensual. La Habana tiene algo de fruta prohibida, de algo que quieres seguir viendo, espiando, que sucede en esta ciudad tan particular. Para la civilización occidental es algo que ha estado ahí, tan cerca y tan lejos. Espero que el espectador sienta esa atracción por cada callejón, personaje, lugar recóndito. No puedes dejar de sentirte fascinado y fijarte en los detalles, en las casas, en la ropa de la gente, en el día a día. Estilísticamente es una ciudad un poco aparte del resto del mundo.

No ha quitado realidad. Dos personajes sueltan frases como "no hay café ni en los centros espirituales" o "una Habana que de tanto decaer se fue a la mierda".

Espero que ese equilibrio entre el thriller policiaco y la parte realista lo haga atractivo para el espectador. Padura insiste mucho en que los buenos policiacos deben tener una raíz clara en la sociedad. Siempre se ha dicho que la novela negra era un tipo de novela social, y en eso Padura es brillante: hace un retrato generacional al hablar de una generación perdida a la que dice pertenecer. Yo no he participado en esa crisis generacional en la que ha vivido Padura, pero puedo entender qué son los sueños truncados o una vida en la que has trabajado por unos ideales y, al mirar atrás, ver que se han esfumado los mejores años de tu vida. Hay algo muy humano que creo que emocionará al espectador, independientemente de dónde viva.

Por cierto, que ha confiado la música nuevamente a Mikel Salas [ya lo hizo en Bajo las estrellas y el corto El álbum blanco].

Mikel es un auténtico genio que ha sabido crear en esta banda sonora original ecos de un jazz clásico dentro del noir sin perder clasicismo y cubanidad. Los dos crecimos escuchando un mismo tipo de jazz y ahora ha sido muy bonito volver a hablar de esas influencias y adaptarlas a este proyecto: que estuviera la parte de cine negro, de jazz clásico y unos ecos de cubanidad sin caer en lo estereotipado y lo cliché.

Padura cuenta que no le conocía cuando le propusieron su nombre, pero que vio Bajo las estrellas y se decidió. Tras 9 años sigue dándole alegrías.

Vio cómo me gusta trabajar pensando en cómo dar entidad cinematográfica siendo respetuoso con el material literario original. Y supongo que vio mi cariño por los protagonistas perdedores, un tanto desastrosos en su vida privada pero con un gran carisma.

Benito Zambrano, con tres películas en doce años, decía hace poco que le gustaría rodar más pero que no encuentra la historia que deba contar. Vientos de la Habana es su segunda película en 9 años. ¿Le ha ocurrido lo mismo?

No es que no haya encontrado un tema del que hablar, sino que son diferentes proyectos. El mundo del cine es complejo porque influye mucho cuál tarda más o menos en financiarse. No es tanto que tú no estés enamorado de tus otras historias, sino que la financiación no está en tus manos, y eso determina que haya directores que hagamos otros trabajos, como puede ser para televisión [Viscarret dirigió, por ejemplo, la miniserie Marco para Antena 3 en 2011 y 2012], mientras nuestros proyectos más ambiciosos encuentran su financiación más adecuada.

¿Y cómo va la serie de Conde?

Está todo terminado. Cuatro estaciones en La Habana está compuesta por las cuatro primeras novelas del personaje de Conde. Ha sido intenso. No ha habido ni pausa ni descanso, pero era necesario que fuera el mismo director para que les diera unidad y entidad. Cuenta con la participación de TVE y Movistar +. Se verán ahí.

Quería terminar preguntándole por otro proyecto, el de Carlos Saura para el documental Cineastas contados. ¿Lo tiene presente o aparcado?

Si todo va bien, espero que estemos inmersos en el rodaje este mismo otoño. Es lo más inminente que tengo esperándome a corto plazo. Pero ya sabes que los que nos dedicamos a esta profesión hablamos con mucha cautela porque no depende solo de la voluntad de uno, y más cuando uno es navarro, porque encima tiene mucho más pudor en hablar de proyectos futuros [ríe].

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