COMPROMISO POLÍTICO

Vargas Llosa corrige a Reza

El autor de 'Las ciudad y los perros' asegura que el español ha conjurado el peligro de fragmentarse, como le ocurrió al latín

Mario Vargas Llosa, el martes en Madrid.

Mario Vargas Llosa, en Madrid.

EFE
Actualizada 07/06/2016 a las 20:03
  • COLPISA. MADRID
Mario Vargas Llosa se ha ido alejando de los postulados de Sartre conforme se iba acercando a los de Albert Camus. Sin embargo, el escritor peruano sigue comulgando con el autor de 'La náusea' en su reivindicación de la responsabilidad moral del intelectual ante los acontecimientos históricos y políticos. Para el creador de 'La ciudad y los perros' es un deber del intelectual mojarse en el debate político, aunque a veces toque asuntos espinosos. "El escritor que tiene la suerte de vivir en democracia puede prescindir de la política, e incluso despreciarla, pero en una dictadura o régimen totalitario las cosas le empujan a tomar partido". Con estas palabras el Premio Nobel infligió una pequeña puya a su colega Yasmina Reza, que momento antes había reclamado el derecho del escritor a abstenerse de entrar en asuntos políticos, dado que tal circunstancia le roba "sabor al mundo contradictorio que crea en sus libros". Reza y Vargas Llosa recibieron este martes el XIII Prix Diálogo a la Amistad Hispano-Francesa, galardón que se concede todos los años a aquellas personas cuyo trabajo "enriquece" las relaciones entre ambos países.

Decir de Vargas Llosa que es un afrancesado no es ningún desdoro para él. En los años cincuenta y sesenta los artistas latinoamericanos vieron en París la tierra de promisión. Y eso le pasó al ahora octogenario escritor. El estudiante Vargas Llosa vivió con apasionamiento los debates entre Sartre y Camus y siguió como un asunto personal los avatares del existencialismo. Si tuviera que decantarse por tres libros, elegiría cualquiera de Faulkner y, sin dudarlo, dos de Flaubert: 'Madame Bovary' y 'La educación sentimental'. Por eso la cultura francesa es parte consustancial al autor de 'Conversación en la catedral'.

Aunque luego haya renegado del credo sartriano, el escritor peruano no ha abdicado de ese actuar con "autenticidad" de que habló el francés. Ese comportamiento consiste en cuestionar lo que se elige y evitar la aceptación ciega de normas que reducen la responsabilidad del hombre. "El escritor debe participar en el debate público y puede hacer una contribución, tratando de que sus palabras sean genuinas y auténticas y no difundan la mentira", dijo Mario Vargas Llosa en una rueda de prensa celebrada en la Embajada de Francia.

A Yasmina Reza tal cuestión la deja un poco fría. No participa en debates políticos a pesar de tener una opinión formada. "Mi posición no tiene interés y por eso no la comparto. La gente que lee lo que escribo en mis libros ya me pondrán en una casilla porque, en cierta manera, eso comporta una visión política y metafísica del mundo", alegó. Otra cosa sería si viviera en un régimen totalitario. Entonces no tendría más remedio que adoptar una actitud "más comprometida".

Si algo ha aprendido Vargas Llosa escribiendo ficciones es que él no elige los temas, los temas le eligen a él. "Escribo a partir de ciertas experiencias", sostuvo el prosista. ¿Por qué unas prosperan y le impelen a sentarse ante el escritorio y otros no? Es todo un misterio, lo único cierto es que algunas vivencias perviven en la memoria con una fuerza que, lejos de decaer, toman fuerza y se convierten en "embriones de historias".

Yasmina Reza es una autora de éxito cuya fama creció al calor de la versión cinematográfica que hizo Roman Polanski de 'Un dios salvaje'. Ha sido en el teatro donde ha cosechado más aceptación, gracias a piezas que indagan en los problemas de las clases medias acomodadas. Pero también ha tocado otros palos con acierto. Suyo es un libro sobre el expresidente Nicolas Sarkozy, al que siguió durante la campaña previa a las elecciones de 2007. Pese a que no era totalmente un retrato demoledor de Sarkozy, de orígenes judíos como ella, el libro se vendió como churros.

Esta hija de inmigrantes judíos no tiene más patria que la lengua francesa. No en balde, está convencida de que en cuestiones de identidad, la lengua prevalece frente al territorio. "Lo bueno del francés es que puede integrar la jerga y la violencia, frente al inglés, que es más liso y nivelado", dice la autora teatral, que a veces cree necesario huir de la técnica.

A Vargas Llosa el futuro del español no le concita ninguna inquietud. Considera que el idioma "nunca ha estado tan vivo e integrado". "No está amenazado por el peligro de desmembración que fracturó al latín. Ese riesgo ha sido conjurado". Para el escritor, si la lengua francesa sabe expresar mejor la sutileza, el español tiene una gran fuerza vital, lo que se manifiesta en su literatura.
Selección DN+

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra