Literatura

Lorenzo Silva, entre talibanes y escorpiones

El escritor lleva a la guerra de Afganistán a sus detectives Chamorro y Bevilacqua en su primera pesquisa fuera de nuestras fronteras

El escritor Lorenzo Silva.

El escritor Lorenzo Silva.

EFE
Actualizada 02/06/2016 a las 08:49
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  • AGENCIAS. MADRID
Chamorro y Bevilacqua se van la guerra. La pareja de sagaces ‘picoletos’ creada por Lorenzo Silva (Madrid, 1966) regresa para resolver un asesinato en plena guerra de Afganistán en la novena entrega de la saga, 'Donde los escorpiones' (Destino). El crimen acaece cerca de la base española de Herat, donde el escéptico subteniente y la sargento primera de la Guardia Civil viajan en su primera y apasionante pesquisa fuera de España. El escritor y guardia civil honorario quiso presentarla rodeado de colegas del 'cuerpo' y militares en una maratón castrense que le llevó en unas horas al acuartelamiento de los GAR (Grupo de Acción Rápida) de la Benemérita en Logroño y al Ala 31 del Ejército del Aire en Zaragoza. Es la base de los Hércules en los que Vila y Virgi –Rubén Bevilacqua y Virgina Chamorro- volaron a la tierra de los talibanes y los escorpiones en la que las tropas españolas permanecieron doce largos años en una misión que el escritor cuestiona y respeta. Allí encontró Silva inoculado esta vez el veneno del odio y el crimen.

"Aunque se utilicen eufemismos como conflicto de baja intensidad, en Afganistán hay una guerra", asegura Silva, que comenzó la jornada izando la bandera y rindiendo homenaje a las 102 víctimas mortales españolas del conflicto en el acuartelamiento de Logroño y la concluyó volando en la cabina de un añoso Hércules entre las bases aéreas de Zaragoza y Torrejón. Entretanto, fue testigo de un simulacro de una acción de los GAR ante una emboscada talibán en el que los boinas verdes de la Guardia Civil desplegaron su mejor tecnología: videodrones, apoyo de francotiradores en helicópteros y perros adiestrados.

Por más que se rehúya la palabra guerra "es lo que vi en Afganistán", insiste. "Donde hay gente que se dispara, medidas extremas de seguridad, emboscadas, bombas y ataúdes con víctimas, hay una guerra, por más que no se declare", reitera Silva, que pasó en 2014 una temporada en la base de Herat, el 'balneario' en el argot militar español y el 'el paraíso' en el estadounidense. Un oasis en un parque temático del horror.

Sus inspectores llegan en 2014 a un Afganistán "con los talibanes expulsados del gobierno y del control de un Estado aterrador, pero aliados con la insurgencia en tres cuartas partes del territorio que vive una guerra civil desde hace 40 años y donde las mujeres se veden con 12 años", describe Silva el escenario en el que ocurre el crimen.

La víctima es el sargento primero de Infantería Pascual González, un pieza con un historial inquietante integrado en la Force Protection, encargado de la seguridad. Ha sido degollado en un barracón de la base con un 'lohar', la hoz que los talibanes utilizan para segar la amapola del opio.

"La novela habla de gente que viven en condiciones extremas, que les endurecen y acaban siendo duros y dañinos con los demás", explica Silva. Dibuja el perfil de los 'escorpiones', esos seres a los que la vida acanalla y envilece y a los que no absuelve. "Cuando uno acaba siendo un hijo de puta, es porque ha puesto algo de su parte", aclara.

"La novela habla de gente que viven en condiciones extremas, que les endurecen y acaban siendo duros y dañinos con los demás", afirma Silva

'Donde los escorpiones' deja patente que las heridas físicas "no son las más graves en una guerra". Se fija en las "otras" víctimas, las que no están sobre el terreno, los familiares de los muerto y heridos. "A veces sólo contamos los muertos, los heridos y nos contamos lo otro", dice Silva, ganador de los Nadal y el Planeta. "Las familias de los 102 españoles muertos creen que no comprendemos bien por qué se dejaron la vida. Que no los valoramos e ignoramos un sacrificio que no tiene presencia en la opinión pública española. Que ellos, militares a los que gusta pegar tiros, se lo buscaron", apunta. "Yo he oído esa justificación. España se implicó en la guerra y la sociedad le dio la espalda", lamenta.

MÁS NOVELAS PARA LA SAGA

Con treinta años de servicio "a Bevilacqua lo echarán pronto, porque hoy los guardias están en la calle antes de los 60". Su creador no sabe pues si seguirá o no en la Guardia civil, pero confiesa tener "otras tres novelas en la cabeza". "La décima llegará seguro; y creo que alguna más", anticipa. Baraja muchas posibilidades. Su 'picoleto' cincuentón y descreído podría trabajar en la reserva o explorar otros horizontes. Su hijo veinteañero amaga con ingresar en la "empresa" Benemérita para desconcierto de su padre. "Si lo hace, será otro personaje radicalmente distinto", dice Silva, hijo de Militar y exabogado.

Recuerda que "Chamorro es joven", que hay "cantera" de personajes en la saga como el Cabo Arnau y la eficaz agente Claudia y que ViIa se ha cuidado. "Si no te has hinchado de cocaína y canutos, a esa edad eres útil. Y Vila se toma apenas un vaso de vino de vez en cuando", arguye. "Puede hacer muchas cosas todavía. Los guardias a veces se pasan al sector privado. No le veo mucho, pero no sé si ha terminado de pagar la hipoteca, así que ya veremos", concluye.
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