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Música

Springsteen electrifica Anoeta

​El ‘Boss’ demuestra su estado de forma en el concierto de San Sebastián

San Sebastián se rinde a Bruce Springsteen

Cuatro años después de su última visita, el rockero estadounidense Bruce Springsteen ha vuelto a San Sebastián para ofrecer, en el estadio de Anoeta, el segundo concierto de la gira europea en la que evoca su álbum 'The River' e inaugurada el sábado pasado en Barcelona.

EFE
Actualizada 18/05/2016 a las 12:55
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  • COLPISA. MADRID
Minutos después de las nueve de la noche, cuando el Boss salió al escenario y lanzó su 'Kaixo, Donostia', una descarga de energía sacudió Anoeta. Los 43.000 espectadores que llenaron el estadio se sumergieron en una especie de euforia colectiva que no se detendría hasta más allá de la medianoche. Springsteen sigue siendo un espectáculo, siempre igual, siempre distinto.

Pronto se disiparon las dudas sobre el estado de forma del jefe. Cuando llegó a San Sebastián, la tarde del domingo, quienes le conocen bien mostraron su extrañeza ante el aspecto cansado que traía el músico. El artista, de 66 años, viene de una larga gira por Estados Unidos, el sábado abrió en Barcelona el tour europeo y desembarcó en el María Cristina con pocas horas de sueño.

En contra de lo que el Boss ha hecho otras veces, en esta ocasión se ha quedado prácticamente recluido en el hotel, salvo alguna breve escapada, recuperando el tono con visitas diarias al gimnasio del ‘cinco estrellas’. ¡Y vaya si lo recuperó! ¿Quién había dicho que estaba cansado? Springsteen volvió a ser el de siempre, el hiperactivo corredor por el escenario, el creador de climax con los himnos más tranquilos, el simpático juguetón ante un público que vive cada concierto como una terapia de grupo.

Anoeta ya era una fiesta bastante antes del inicio del concierto. El público acudió con antelación, por los reiterados llamamientos realizados por la organización por las exigentes medidas de seguridad, y apenas hubo problemas en los accesos. El buen tiempo acompañó la fiesta, a diferencia de lo ocurrido en la anterior visita, cuando la lluvia aportó un punto épico, pero incómodo, a la actuación.

TRES HORAS Y MEDIA CON LA E STREET BAND

La segunda actuación de la gira europea de "The River Tour" ofreció lo que cabía esperar de Bruce Springsteen y su magnífica E Street Band: más de tres horas y media de entrega, electricidad y rock enérgico, su rock de siempre, sin riesgos -sus "fans" no los quieren- y con una gran dosis de profesionalidad.

Todo de negro, con una guitarra acústica colgada de hombro y una amplia sonrisa, Bruce Springsteen tomó el escenario de Anoeta a las 21.10 horas al grito de "kaixo Donostia", que encendió la mecha de un espectáculo de puro rock sin artificios envuelto en una escenografía discreta, que no ha ido más allá de las inevitables pantallas gigantes, necesarias para que el 70% de los asistentes de este tipo de macroconciertos se entere de algo.

Como únicos adornos, en la parte izquierda del enorme escenario, una bandera estadounidense, y en la derecha, como esto distaba mucho de ser Eurovisión, una ikurriña.

Todos los aficionados estaban avisados de que el "Boss" había decidido cambiar el paso y en Europa no tocaría los dos discos de "The River" íntegros y en orden como ha hecho en los más de los 30 conciertos de la gira americana.

Ya en Barcelona dio las primeras pistas y, de nuevo en San Sebastián arrancó sin concesiones con uno de sus éxitos, una acelerada "Working on the Highway", tras la que el Jefe aferró su inseparable Fender Esquire para atacar "No Surrender".

Tras "My Love Will Not Let You Down", ha llegado el turno, ahora sí, de "The River". Desde el principio, una a una, con la excepción "Jackson Cage", e intercalando una invitada especial, "Fire", una petición escrita en un abanico rojo que Springsteen interpretó en acaramelado dúo con su señora esposa, Patti Scialfa.

Para entonces ya se había dado el primer baño de masas al ritmo de la pegadiza "Sherry Darling", tocado con un sombrero "yankee" de ala ancha, de los del Séptimo de Caballería, que recogió del público.

El "crecendo" emocional al que sometió al público canción a canción del mítico álbum doble -claramente vigente 35 años después- alcanzó su cima cuando el músico de New Jersey estremeció la noche con las primeras notas de su armónica en la eterna "The River".

Con "Point Black" cerró el tramo dedicado al venerado disco para transitar por terreno firme con una colección de "hits" como "Darlington County", "I'm Going Down", "Waiting on a Sunny Day" -cantada a medias con una niña a la que ha elevado en hombros-, "Promised Land" y, "Because the Night", entre otras. Un repertorio infalible.

Para finalizar la primera parte de la actuación, Bruce volvió a ser fiel a sí mismo y a sus incondicionales, y siguió su propia liturgia al pie de la letra para regalar a sus seguidores uno de sus himnos ineludibles, "Thunder Road", una canción monumental, grandísima, que nunca falla en su extensa colección. Y después, sin darse un respiro, la tremenda "Badlands".

Ya con todas las luces del estadio encendidas, Springsteen abordó la última parte del espectáculo con sus "bises" habituales. "Born in the USA", "Born to Run", "Glory Days", y "Dancing in the Dark", entre otras, para poner el broche con el clásico "Twist and Shout" mezclado con "La Bamba", un festivo recurso que emplea desde hace años para cerrar sus conciertos. O eso parecía, porque, cumplidas las tres horas y media, todavía tuvo ánimo para un segundo "bis" con dos temas más, 'Bobby Jean' y 'This hard land', esta última ya en solitario, acompañado únicamente de su guitarra acústica y su armónica.

A sus 66 años, el "Boss" ya no se menea, ni brinca, ni se tira por el suelo como antaño, pero mantiene intacta su voz -impecable toda la noche-, su capacidad de transmitir y una suerte de empatía universal que le permite conquistar sin condiciones a un amplio espectro de amantes del rock. Por eso llena estadios. Por eso es el Jefe.

EL VERDE FETICHE

El público constituyó un espectáculo. Los espectadores de pista fueron los más madrugadores, en busca de la mejor atalaya. Muchos de los aficionados, y especialmente los seguidores guipuzcoanos, disfrutaron del punto fetichista de pisar directamente el césped del estadio. El ‘verde’ se encuentra en buenas condiciones, pero la presencia de unos hongos da una tonalidad irregular. Un acuerdo entre Anoeta Kiroldegia, la Real Sociedad y la propia promotora del concierto permitirá cambiar el césped en las próximas fechas. Así que anoche, por primera vez desde que se celebran conciertos en el estadio, no hubo necesidad de cubrir el terreno de juego y el público pisó la hierba.

Los seguidores ‘txuri-urdin’ lo disfrutaron, aunque eran minoría. Según las estimaciones de Get In solo unas 13.000 de las 43.000 entradas fueron vendidas en Gipuzkoa. El resto procedía de Bizkaia, Francia y numerosos puntos de España... y del mundo. La variedad de idiomas y acentos, así como el amplio abanico generacional, daban un colorido especial al público, plural aunque unido por los sones que llegaban del escenario.

La multitudinaria presencia de visitantes llenó los hoteles de San Sebastián y de Gipuzkoa. Anoche era prácticamente imposible encontrar habitación. Los autobuses llegados desde Bilbao, Vitoria o Pamplona llenaban los aparcamientos, también repletos de vehículos que se dejaron notar desde primera hora de la mañana.

La estimación era colgar el sold out poco antes del inicio concierto. La venta de las pocas entradas que quedaba continuó a lo largo del día y la organización calculaba que se agotarían minutos antes del comienzo.

SE PUDO BEBER Y FUMAR

La fiesta del estadio también tuvo su polémica a propósito de la Ley de Adicciones recientemente aprobada por el Parlamento Vasco. Esa ley establece que no se puede fumar y beber alcohol en recintos deportivos como Anoeta, pero el consejero de Salud, Jon Darpón, apuntó por la mañana que la prohibición afecta solo a los días en que hay “actividad deportiva”. De este modo, sí se pudo fumar y consumir alcohol, con los bares instalados en el interior estadio a pleno rendimiento. Otros grupos políticos defienden que la ley rige para todas las actividades en los recintos deportivos. La polémica continuará hoy.

Al margen de los debates Anoeta fue una fiesta. El ‘Boss’ lo dio todo y el público abandonó el estadio con la sensación de haber compartido velada con un viejo conocido. "Para las personas que ven un concierto de Springsteen por primera vez es un descubrimiento; para quienes repiten, la sensación feliz de que el jefe sigue en forma", resumía un veterano seguidor donostiarra.

Autoridades e invitados siguieron el concierto desde el palco, donde se destacaba que "conciertos así refuerzan la imagen de Donostia y generan recursos".

Springsteen, ajeno a todo eso, habrá dormido esta noche en su suite del María Cristina. Sus planes son abandonar San Sebastián hoy mismo. El avión privado que está utilizando en la gira europea le trasladará desde Hondarribia a Lisboa, donde actúa mañana jueves dentro del festival ‘Rock in Rio’. El sábado le aguarda el Bernabéu, en Madrid, y una apretada agenda de conciertos por toda Europa.
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