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'​El Síndrome de Jerusalén', la novela que reúne acción y misticismo

Juan Bolea aborda las visiones místicas o el fanatismo religioso

'​El Síndrome de Jerusalén', la novela que reúne acción y misticismo

El escritor Juan Bolea acaba de publicar 'El síndrome de Jerusalén'.

efe
Actualizada 17/04/2016 a las 11:35
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  • efe. zaragoza
El escritor Juan Bolea acaba de publicar 'El síndrome de Jerusalén', una novela de acción y de intriga que gira en torno a un tema "universal", "polémico", con mucho recorrido a lo largo de la historia, como son las visiones místicas o el fanatismo religioso, y que, en palabras del autor, "siempre vuelve".

"Habrá más apariciones marianas a niños y más mensajes de la Virgen, porque es un tema que aparece y reaparece, que siempre vuelve y siempre funciona, siempre tiene un eco", ha apuntado Juan Bolea (Cádiz, 1959) en una entrevista.

Acaba de publicar la obra y, aunque todavía no ha empezado la promoción que le llevará por distintas ciudades españolas y países de América Latina, Juan Bolea, afincado desde hace años en Zaragoza, se muestra convencido de que es una novela que va a "divertir", "entretener" y "gustar mucho" por varias razones.

En primer lugar, ha explicado, la obra gira en torno a un tema recurrente en la historia que genera mucho interés y polémica, como es el fervor religioso llevado hasta su máxima expresión.

El título de la obra, 'El síndrome de Jerusalén', ya pone en antecedentes al lector, al hacer referencia a los fenómenos de transmutación de personalidad a los que están expuestos las personas que extreman su celo religioso.

"Es una novela que tiene una elaboración larga, que se ha cocinado a fuego lento, porque he ido acumulando mucho material, que tiene que ver con experiencias místicas y religiosas", ha comentado Bolea, quien se define a sí mismo como "novelista" antes que "escritor".

Para ello, echando mano de su formación como historiador, Bolea se ha documentado ampliamente sobre las experiencias sobrenaturales más recientes, como las apariciones de Garabandal en 1961 o las del santuario de Medjugorje en Bosnia Herzegovina, entre otras, donde entrevistó a dos de los videntes.

Con todos estos elementos, que rozan para él lo religioso, lo histórico, lo ficticio y lo sobrenatural, ha construido una novela "actual", "moderna", "entretenida" y "ágil", en la que el lector va a encontrar mucha información, pero "diluida" en los episodios.

La historia parte de una investigación real, como acostumbra a hacer Bolea en su ya dilatada trayectoria literaria, y se transforma pronto en un thriller, en un "juego", en una novela con intriga, con sospechosos, que camina hacia un final policíaco donde "hay desenlace original entre otros posibles", ha precisado.

Todas las pistas conducirán al protagonista Florián Falomir, un detective contratado para esclarecer el robo de una talla de la Virgen en un pequeño pueblo de Teruel, a Jerusalén, el "destino final", la "piedra magnética".

"El clima de fervor que se vive en Jerusalén es absolutamente incomparable; no hay ninguna otra ciudad en el mundo donde se produzcan estas escenas de gran fervor religioso", ha recalcado.

Y es aquí, en esta parte del mundo en la que están los principales iconos de las tres religiones más relevantes, donde aparece una de los personajes fetiche del autor: la inspectora Martina de Santo, con quien tiene una "relación extraordinaria".

Bolea reconoce que esta mujer "combativa", con una "personalidad hermética" y "llena de fuerza", es un personaje "muy especial" para él, porque le ha permitido profundizar en la novela negra, una de sus pasiones, y conquistar a muchos lectores.

"Nunca sé cómo va a resolver el caso, sé en qué momento va a entrar en la investigación, pero a partir de ahí, dejo que actúe con sus dotes detectivescas e intelectuales para llegar a un final clásico de novela policiaca", ha subrayado.

Además, en esta ocasión, Bolea ha creado a Florián Flaromir, un detective de origen armenio que narra la historia en primera persona y que con Martina de Santo hace un "extraño contrapunto", porque aporta la "comicidad" frente a la "seriedad" y "cientificismo" de la inspectora.

"Es un hombre mundano, descacharrante, ingenioso, que estando convencido de que es un genio de la deducción, enreda todo más cada vez que investiga", ha destacado.

Y todo apunta a que esta "extraña pareja" no se va a quedar sólo en 'El síndrome de Jerusalén'.

"Creo que va a tener una segunda oportunidad, me está haciendo mucha gracia", ha concluido.
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