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El Forofillo : El blog de Fran Pérez
El Forofillo : El blog de Fran Pérez

Amor con raíces

El Forofillo Fran Pérez
Amor con raíces
JESÚS CASO
Actualizada 15/02/2009 a las 01:47

Claro que hay amores y amores, Cielo mío. Te lo vengo diciendo por activa y pasiva, que no todo el monte es orégano (que no orgasmo) y que hay de todo en esta vida. Por ello mismo te vuelvo a repetir, Reina mía, que hay amores y amores. De muchas clases y estilos, de diferentes razas y edades, sexos, condiciones religiosas, familias enemigas y los menos pintados. Pero básicamente, y en lo que viene siendo la vida del día a día, sabes que dos son los más comunes.

El primero de ellos es el amor de escaparate, ese que bien podría firmar Gucci, D&G o Prada. Amores basados en dos elementos humanos, comúnmente llamados personas, de diferente o igual sexo (que no está el tema para andar discriminando). Digo, dos personas con una sonrisa Profident dibujada debajo de la nariz, unos ojazos claros y una abundante mata de cabello. Todo ello en una cabeza que tiene a bien sujetarse sobre un chasis trabajado horas y horas en el gimnasio, tabletas de chocolate alrededor del ombligo y bustos erectos y desafiantes a toda ley de la gravedad. Son esos amores del papel cuché en los que dos personajes cuasi perfectos enlazan sus corazones y van luciendo palmito por la calle. Amores que comienzan con un chispazo, le siguen unos cuantos cohetes o pimbi-pamba bien de vena para terminar rodeados de la iluminación que profesan unos buenos fuegos artificiales.

Y luego están los otros amores, mi amor. Esos de pico y pala, los amores obreros que cimentan una relación que a posteriori está condenada al buen entendimiento y a una vida llena de felicidad y enanos. Sí, Reina mora, esos amores que comienzan con una noche loca, "dame tu móvil y yo te lo cambio por el mío, mañana te llamo" y si ha habido flechazo y Cupido está por la labor, ejerce de juez de atletismo y da el pistoletazo de salida para ver si la carrera merece la pena o se queda en clásica de un día.

Son amores, te digo, que se tienen que currar. Amores cuyos comienzos se calientan al humo de una taza de café a media tarde y ante los reflejos de una película de cine de la sesión de las ocho, pero lejos de la fila de los mancos. Amores acompañados en sus inicios de carabinas y primas, amigas que van de vigilantas y aguantavelas que, sin estar invitadas al entierro, se juntan por si hay pastas. Y esos, mi Amor, son los valederos. Los que al final perduran.

Como nos ocurre con Osasuna. El partido de A Coruña, tierra de meigas, queimadas y buen ribeiro, cuna del picante pimiento del padrón y del pulpo a feira, fue una muestra de los segundos amores. Fue un encuentro currado, de mono de trabajo, pico, pala y descansito corto para el almuerzo. Fue un choque de brega y sacrificio en el que el equipo de los guapitos se quedó en casa, porque había que sacar a los menos agraciados (ojo, que feos no tenemos apenas en el equipo) para sudar, correr, pelear, presionar e intentar poner otra muesca en el corazón de los rojillos.

Se dio la batalla de San Valentín y cobramos un nuevo beso, un suspiro añadido en forma de punto que sigue enamorándonos hasta el tuétanos y que hace imposible no amar a nuestro equipo. Un romanticismo de calle, de piropo obrero que escandaliza a doña Liga pero que, en el fondo, cuando se gira y sigue con su devenir, esboza una sonrisa de satisfacción porque son los que más le gustan. Para guapos y agraciados ya están los equipos grandes. A nosotros nos mola esto.

Ahora, hay que seguir certificando la pasión del equipo con la afición. Hay que mantener esa portería a cero como si se tratara de la prenda dorada que se entrega en la ocasión especial y elegida, para que la media inglesa nos haga sumar otros tres puntos en casa contra el Numancia. Ya tenemos 21, ¡quién lo iba a decir, mi Vida! Y con tantos años juntos, que vamos camino de nueve, seguro que más de uno andará chirriando porque somos felices. Pues lo siento, pero que se lo hubiesen currado otros que nosotros seguimos con toda la intención del mundo de seguir en Primera. Gracias San Valentín. Vamos, chavales.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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