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El Forofillo : El blog de Fran Pérez
El Forofillo : El blog de Fran Pérez

Bravo, corazones

El Forofillo Fran Pérez
Bravo, corazones
JESÚS CASO
Actualizada 24/11/2008 a las 02:02

¡POR FIN! Ya ha llegado la primera victoria rojilla en la Liga que, sumada a la de la Copa, se convierten en dos en un espacio de tiempo relativamente corto. Con el tropezón de Bilbao en medio, pero parece que las cosas empiezan a tomar forma. Y si hace un par de semanas hablábamos del bloqueo mental de los nuestros, ahora parece ser que el mal que aquejaba al equipo era más de índole cardíaca que de otro tipo.

Y es que ha sido ponerle un marcapasos al presi don Patxi Izco y llegar el primer triunfo. Casualidad o no? Vamos, que los jugadores, viendo que el alma del equipo y el dueño de la caja sufría con sus vanos intentos de hacerse con los tres primeros triunfos ligueros, han dado un plus y han estrenado el aparatito del dirigente con buen pie. A ver si continúa, como debe continuar la mejora del mandatario que en poco volverá a estar en el palco del viejo Sadar.

De todos modos, don Patxi, vaya revisando el bichejo mecánico ese y hágame caso: póngale pilas Alcalinas, porque la cuadrilla de cabritos (en el buen sentido de la palabra) de los jugadores hacen sufrir al más rocoso de los corazones. Que en vez de finiquitar el asunto contra uno menos y marcar dos seguidos y dejarlo visto para senntencia, preferimos darle chicha, limoná y canguelo al asunto? Pues vale. A por ellos, . Si es que hasta para sufrir son los mejores la cuadrilla de jodíos estos.

Al final conseguimos ver un partido de los que hacía tiempo que no veíamos en Pamplona. Rarito en sus comienzos, con el penalti señalado por Megía Dávila que, si eso es penalti, los partidos terminarían como un Portland San Antonio contra cualquier otro equipo. Taitantos a taitantos. Pero es lo que tiene pitar al que era colista (ya no ocupamos el farolillo rojo): a perro flaco...

Lástima que Roberto no se estirara un par de centímetros más, porque el gallego olió a la perfección el tirito del goleador Negredo. Pero es lo que hay. Y como el encuentro estaba rarito, y quizás Megía pensaba que el castigo del penal había sido excesivo, se sacó de la chistera una roja directa a Guilherme que si llega a sacar amarilla no hubiera pasado nada. Remordimientos? Quien sabe...

A partir de entonces, y con uno más, el corazón rojillo comenzó a bombear ocasiones a diestro y siniestro. Hasta que Pandiani, marcando los tiempos de un remate de cabeza como mandan los cánones y recogen los vídeos de aprendizaje, coló por encima de la estirada de Alves el empate. Alegría en la grada, algarabía en la afición y los rojillos, como la sangre, a por más torrente sanguíneo: BUM, BUM, BUM.

Las arterias laterales funcionaban sin presencia alguna de quistes y los delanteros pretendían trombosar la meta de un Diego Alves que se presentaba como un anticoagulante efectivo. Pero es que los leucocitos de arriba necesitan muchos nutrientes y, para marcar un chicharro, necesitamos abrir diez mil heridas mortales. Muestra de ello dieron en la primera parte Ezquerro, Portillo y Juanfran que desbarataron tres ocasiones que si las pilla otro equipo, funde los plomos del estadio.

Con Pandiani en la caseta y sin rifle, la sangre visitante no llegaba. Tuvo que ser Juanfran, tras un encontronazo con el argentino Pellerano quien le hiciera una brecha al defensor del Almería. Argentino. Si estaba visto que ayer, los duelos hispano-argentinos, tenían que decantarse del lado de los primeros. Como en la Davis. De ahí que no es de extrañar que el segundo gol, y casi el infarto para los visitantes, viniera de la cabeza del zaguero rival.

Centro de Juanfran y Pellerano, en el intento por despejar, metió un gol que para sí querrían los atacantes rojillos. ¡Vamos, que ya estamos por delante y según Macho Camacho, ahora ganamos esto! Y contra uno menos, que no es moco de pavo. Pero la emoción, intriga y dolor de barriga no terminaba aquí.

A pesar de quitar al killer Negredo, el Almería se acercó en los últimos minutos metiendo el miedo en las tripas de la grada. Dos centros laterales y un par de ocasiones, escaso bagaje ofensivo de los de Arconada para pescar algo positivo, hicieron que los ganglios de los presentes se subieran a la garganta y nos cerraran orificios de salida orgánica. Vamos, que sufrimos como si nos estuviera dando un infarto de miocardio de los mortales de necesidad.

Hasta que llegó la medicina desde Hungría, vía Francia. Ya moría el encuentro y nuestros leucocitos andaban más equilibrados cuando cobramos una falta en la derecha de nuestro ataque. Entre Azpilicueta y Delporte la tocaron en corto con la intención de matarla junto al banderín. Pero al galo le dio por intentar un algo que dejó franco el pasillo hasta el área. Cargó la jeringuilla, cedió el émbolo hacia atrás y Vadocz, que pasaba por allí, metió la inyección hasta el fondo. ¡Crisis solucionada y primera victoria en la Liga!

Bueno, corazones. Que bravo por el triunfo. Que ya tenemos la primera victoria y esto no es si no la primera piedra del puente hacia la salvación. Queda mucha Liga, quedan muchos puntos en juego y, si la solución era el marcapasos, aquí tenéis un pechito para abrir y colocar otro, todo sea por seguir disfrutando de la sangre rojilla en Primera División. Y por muchos años. Ahora, a por el Málaga.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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