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El Forofillo : El blog de Fran Pérez
El Forofillo : El blog de Fran Pérez

Por qué no?

El Forofillo Fran Pérez
¿Por qué no?
JESÚS CASO
Actualizada 10/01/2007 a las 14:04

Cuando la caprichosa Fortuna emparejó a Hamburgo y Osasuna en el sorteo de la previa, los temores lógicos en estas lides volvieron a renacer en la hinchada rojilla. Nos había tocado un alemán, a priori más asequible que un inglés o un italiano. Pero no dejaba de ser un gran equipo. Tercero de la Bundesliga.

Y todo un histórico. De hecho, tan histórico que no se ha perdido ninguna de las ediciones de la liga alemana, honor que ocupa en solitario. Pero Osasuna es mucho Osasuna, y el Cuco ya se puso a trabajar en el partido de ida. El Cuco y las agencias de viaje.

El que suscribe no podía perderse una cita tan importante, fuera en tierras germanas, rusas o turcas. Así que también se puso a trabajar para organizar el desplazamiento. Con la pega de que volvía de México (¡qué lindo, cabrones!) el día 8, así que ya tenía a toda la troupe en busca del chollo, la ganga o la mejor de las ofertas para apoyar a los nuestros.

Quiso la misma Providencia colocar en nuestros caminos a una agencia conocida como Navarsol, la cual a sabiendas del interés que surge en los aficionados navarros ante citas de tamaña magnitud, lanzó una suculenta oferta de viaje en avión, ida y vuelta en el mismo día. Incluido servicio de guía, información y traslados a los diferentes aeropuertos. Puntualidad, seriedad y buenas formas, oiga usted. Pues nada, que ni de lo uno, ni de lo otro, ni de lo de más allá.

Tras la pechada de avión desde Cancún hasta Madrid, acarreando maletas por medio mundo y en compañía de mi siempre santa esposa y dos amigos más, con viajecito en tren hasta Pamplona y llegada a las once de la noche, quedaba la aventura alemana por delante. Tras la consabida y siempre obligada visita a la suegra (para eso están, hombre), deshacer las maletitas y organizar la Champiñons, acabamos en la cama a las dos y media de la madrugada. Como para dar saltos.

A las seis y media ya estaba en pie, con el gorro mexicano en honor al Vasco (se merecía su parte), la mochila de la Copa del Rey, la bufanda y la camiseta. Partí rumbo a Mutilva para estar a las siete y media de la mañana en el aeropuerto internacional de Noáin. Nada más llegar comenzamos a comprobar la seriedad de Viajes Navarsol. El primer vuelo, retrasado una horita. ¡Pues nada, a esperar, que tiempo nos sobra a espuertas, y de paso atendemos a los medios mientras echamos un pichazo!

Con un ligero retraso de cuatro horas y media, aterrizábamos en Hamburgo a las tres y media de la tarde. Tras seguir el caminito de puntos azules hasta los autobuses, como borreguillos del Baztán, y tras sufrir la agradable compañía en el vuelo de un grupo de exaltados aficionados, a los que la capacidad cognitiva no les daba para entender que si se fuma en un avión corres el riesgo de explotar e irte al carajo, amén de otras barbaridades semejantes, nos aposentamos en el bus rumbo al AOL Arena. La guía, bien formada (cognitivamente, ojo), nos avisó de que nosotros éramos los del autobús azul. Que era muy importante que a la salida del encuentro, por la puerta 14, debíamos seguir la senda perfectamente indicada hasta el lugar de emplazamiento de los autobús, y que cuando antes saliéramos, antes llegaríamos a casa. Eso sí, muy importante que cada uno se hiciera responsable de sí mismo, ya que ella no respondía por nadie. ¡Eso es una profesional, y no el Manquiña en Airbag!

Como teníamos la suerte de disponer de las entradas sin pasar por la cola, gracias a la intercesión de Eduardo y Carlos, pudimos visitar un poco Hamburgo. Como los ingleses en Salou, pero si sandalias ni calcetines negros, llegamos al sitio al que acuden todos los de fuera: la Plaza del Ayuntamiento, con su imponente edificio. Todo ello tras sortear una marabunta de alemanas que en nada tienen que envidiar a las suecas de José Luis López Vázquez y compañía. En la plaza, la consabida salchicha kilométrica, acompañada de un tinto reserva que viajó en la bota de la peña Mallkus Gorriak. Luego, unas cervecitas y a platicar un poco el alemán, con la traductora de Cárcar que nos habíamos llevado. De ahí, al campo, que tampoco daba para más.

Una vez en las tripas del impresionante AOL Arena, todo pasó muy rápido. Llegamos casi cuando el presentador (que ese sí era un presentador, no como en el Sadar), terminaba de cantar una cancioncilla, subido en una grúa, frente a los Indar Gorri locales. Poco antes del pitido inicial, vamos. El caso es que tras los primeros sustos del largero y el tiro a las manos de San Ricardo (algún día lo sacaremos en procesión por Pamplona, el día 7, que se lo va ganando el portero), Osasuna pasó a controlar y hasta a tener alguna ocasión clara.

La segunda parte arrancó no apta para cardíacos. Las cincuenta mil oportunidades falladas en la primera ocasión del Hamburgo no presagiaban nada bueno. Aunque si Soldadito y Milosevic enganchan las suyas, aún estamos celebrando en Alemania.

De ahí al final fue un sufrir que terminó con el pitido del árbitro. No merece la pena comentar el gol legal anulado a Cuéllar, ni las dudas del debutante Monreal o la inoperancia tanto de Delporte como de Valdo. Lo que hay que hacer es pensar que hemos salido vivos y que todo se decidirá en Pamplona, en nuestro Sadar (¡que no, que tampoco este año lo voy a decir!). Como dijo Ricardo, el partido del día 22 debe ser como el último de Liga de la pasada campaña contra el Valencia: a muerte.

Del viaje de vuelta si acaso les comento la próxima semana, porque terminamos tan cansados que no merece cargar tintas sobre la compañía organizadora. Eso sí, el primer partido de la Champions fuera de casa (porque vamos a pasar), me lo monto por mi cuenta. Y si hace falta, en un avión pilotado por Pablito...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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