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Desafío secesionista

Puigdemont mantiene hasta el último minuto la incertidumbre sobre su respuesta

El presidente de la Generalitat afirma que decidirá su respuesta a Rajoy "inspirado por la paz y la democracia"

Puigdemont, en el aniversario del fusilamiento del presidente Lluís Companys.
Puigdemont, en el aniversario del fusilamiento del presidente Lluís Companys.
REUTERS
  • Colpisa. Barcelona
Actualizada 16/10/2017 a las 06:00

La crisis de Estado en que se ha convertido el proceso soberanista catalán vivirá este lunes uno de sus días clave. El presidente de la Generalitat se juega que el Gobierno intervenga la Generalitat en aplicación del artículo 155 de la Constitución o sembrar de desencato el movimiento independentista. Tiene hasta las diez de la mañana para responder a Mariano Rajoy si el martes pasado declaró o no la independencia en el pleno de la Cámara catalana, cuando dijo que asumía "el mandato de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república" y acto seguido suspendió la declaración de independencia.

Si dice sí, artículo 155; si dice no, decepción de un importante sector soberanista Puigdemont, que en los últimos días ha recibido sonoros portazos de la UE, de Estados Unidos, de Alemania o Francia, y que ha visto cómo medio centenar de empresas catalanas, entre ellas algunas de las más representativas, se han marchado de Cataluña, no quiso dar pistas este domingo y mantuvo la incertidumbre hasta el último momento, hasta el instante en que el Palau de la Generalitat envíe el burofax a la Moncloa con la respuesta al requerimiento del presidente del Gobierno.

Consciente de que está ante las horas más "difíciles" y a la vez "esperanzadoras" de su mandato, el presidente catalán tiene en sus manos el futuro del autogobierno catalán, en peligro por primera vez tras 40 años de democracia. Si afirma por escrito que hubo declaración formal de la secesión, como firmaron los 72 diputados de Junts pel Sí y la CUP en un documento sin valor jurídico al final del pleno de la semana pasada, que es lo que le pide el sector más radical del secesionismo, el conflicto entre las instituciones catalanas y las del resto de España se desatará con toda su crudeza. Mariano Rajoy aplicará el artículo 155 y la autonomía catalana quedará intervenida. Las incipientes llamadas al diálogo quedarán en meras apelaciones vacías.

En las horas previas al segundo día D en una semana, Puigdemont presidió este domingo un acto cargado de simbolismo, el del aniversario del fusilamiento del presidente Lluís Companys por la dictadura franquista hace 77 años. La ceremonia, a la que acudieron todos los miembros de su Gobierno además de la presidenta de la Cámara catalana y la alcaldesa de Barcelona, se produjo cinco días después de que el vicesecretario de Comunicación de PP, Pablo Casado, dijera que Puigdemont podría acabar como Companys. Se refería a que podría acabar detenido, como el presidente de la Generalitat en 1934 tras proclamar el Estado catalán, pero sus palabras se interpretaron entre los secesionistas como una amenaza mayor.

EL CONFLICTO A LA CALLE

El jefe del Ejecutivo ensalzó el domingo la figura del presidente fusilado, recordó que fue "asesinado en nombre del orden y la legalidad establecidas" y reivindicó "la paz, el civismo, la serenidad, la firmeza y la democracia como inspiradores de las decisiones que debemos tomar". En esos cinco conceptos estará la clave de la contestación que dará a Rajoy. Una réplica que podría evitar la respuesta binaria que le exige el presidente del Gobierno en su requerimiento y que de no ser tan clara como le pedía, trasladaría la pelota al tejado de Rajoy, que sería quien tendría que tomar la decisión de aplicar el 155 o no ante las presiones de la UE y de algunas fuerzas como el PNV, que le piden que rebaje la tensión en la crisis catalana.

Quienes aprietan al presidente de la Generalitat para que levante la suspensión de la declaración de independencia han llegado a la conclusión de que su victoria solo llegará si Rajoy aplica el 155, el conflicto se traslada a la calle, se paraliza la economía catalana, regresan las imágenes policiales del 1-O y los mercados se resienten. Solo así, cree que Angela Merkel y la UE presionarán a Rajoy para que permita un referéndum pactado. Pero el precio a pagar sería muy alto. No solo la detención y procesamiento del presidente, del vicepresidente y buena parte del Ejecutivo, sino que la fuga de empresas se aceleraría, Cataluña entraría en crisis sin remedio y la fractura social se instalaría como una frontera insalvable para la convivencia.


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