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CATALUÑA

La 'operación diálogo' pone a prueba la fortaleza interna del independentismo

El acercamiento del Gobierno central a Cataluña desarma el mensaje soberanista de que Madrid es un muro

Ampliar Concentración de esteladas, durante la Diada.
Concentración de esteladas, durante la Diada.
  • COLPISA. MADRID
Publicado el 11/12/2016 a las 19:22
¿Llega tarde la oferta de diálogo lanzada por el Gobierno central a la Generalitat para tratar de contrarrestar el proceso independentista? Hay respuestas para todos los gustos. Los más convencidos de la causa nacionalista creen que la secesión es imparable y está a la vuelta de la esquina (septiembre de 2017). Hay quien apunta que hasta la celebración del referéndum siempre habrá margen y que por primera vez en muchos años se ha abierto una vía posibilista para afrontar asuntos como el modelo de Estado y el encaje de Cataluña. Y también están los que consideran que el tiempo apremia y que, si hay algo que negociar, tiene que hacerse en dos o tres meses, antes de que arranque el juicio del 9-N contra Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau. Si un juez inhabilitara al expresidente de la Generalitat y a sus dos exconsejeras, y a la espera de cómo acaba el proceso penal contra Carme Forcadell, el diálogo sería ya muy complicado.
Lo que está por ver es si la oferta del Gobierno central es seria y va acompañada de contenido o es una mera jugada coyuntural para tratar de escenificar que el nuevo Ejecutivo central, tras perder la mayoría absoluta, tiene otra actitud. "Es una estrategia de propaganda o más bien un cambio de relato para aliviar las presiones que hay sobre el Gobierno de Madrid", afirma Salvador Cardús, profesor de estudios catalanes en la Universidad de Stanford y uno de los expertos que formó parte del grupo que asesoró a Mas para alcanzar la independencia. A su juicio, si la propuesta de diálogo fuera sobre la posibilidad de un referéndum y cómo realizarlo "sí habría sido una sorpresa, pero para hablar de otras cosas no es ninguna novedad. Ya estábamos en eso".
CONTRADICCIONES INTERNAS
Aún asumiendo la dificultad del momento, también hay quien considera que si la llamada 'operación diálogo' es estratégica y va acompañada de una intención negociadora para llegar a acuerdos, aunque se excluya el referéndum, el independentismo puede tener más de un quebradero de cabeza. En primer lugar porque la oferta le ha cogido a la Generalitat con el pie cambiado. Por primera vez en mucho tiempo se le desarma el argumento -muy empleado cuando sale al exterior- de que Madrid es un muro y no quiere sentarse a hablar. Y, además, porque la posibilidad de un deshielo entre Madrid y Barcelona puede desencadenar cierta desmovilización en el independentismo y porque pueden aflorar las contradicciones internas en el movimiento secesionista. Entre otras razones, según opina Teresa Freixes, catedrática de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), porque una parte del frente soberanista "va de farol". Por tanto, añade, en el caso de que se pusiera sobre la mesa una oferta concreta esta franja más moderada del secesionismo podría regresar a los tiempos del 'peix al cove' (más vale pájaro en mano). "No es descabellado -apunta Freixes- pensar que la jugada del Gobierno va por ahí para romper la cohesión interna del independentismo".
Que el secesionismo no es granítico lo reflejan las encuestas. Una de las más recientes, elaborada por la UAB, concluye que el 77% de los votantes de Junts pel Sí quiere que el proceso catalán culmine con la independencia, pero otro 21% desea que acabe con un acuerdo con Madrid para dotar de mayor autogobierno a Cataluña. Incluso en el caso de la CUP, los pactistas llegan al 17%. Entre Junts pel Sí y la CUP no superaron más del 48% de los votos en las elecciones catalanas de 2017, por tanto, habría campo que recorrer, mantiene Freixes.
Los expertos coinciden en que el margen de maniobra es muy estrecho. "El conflicto no va a resolverse en un despacho. Un acuerdo por arriba, sin referéndum, haría estallar la calle", avisa Cardús. Esta es una de las claves del pleito catalán. Carles Puigdemont apenas puede moverse, al menos hasta que se voten los presupuestos en febrero. Y así se lo hizo saber al Gobierno al convocar la cumbre del referéndum, el día después de que Sáenz de Santamaría estrenara despacho en Barcelona. La CUP tiene el control de la gobernabilidad y le advierte una y otra vez con retirarle el apoyo parlamentario, sobre todo en el caso de los presupuestos, lo que le obligaría a convocar elecciones de manera anticipada.
Los juicios contra Mas, Forcadell y Francesc Homs también elevarán la tensión, el independentismo tendrá que cerrar filas y las fuerzas secesionistas solo pensarán en movilizar a los suyos de cara al referéndum y con la vista en unas hipotéticas elecciones a finales del año que viene.
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