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YIHADISMO

Un plan para rehabilitar a presos yihadistas antes de que vuelvan a la calle

Se facilitará la entrada en los centros de "imanes moderados" para alejar a los islamistas de las interpretaciones más radicales

Desmantelada una red de captación yihadista muy activa en España y Marruecos
Imagen de archivo de la desmantelación de una red de captación yihadista en España y Marruecos
CEDIDA
  • COLPISA. MADRID
Actualizada 10/11/2016 a las 20:30

Instituciones Penitenciarias teme que decenas de presos condenados por yihadismo y de reclusos comunes radicalizados en las cárceles que están cerca de recuperar su libertad, en muchos casos vuelvan a la calle más integristas que cuando entraron. El Ministerio del Interior considera este problema una cuestión de "defensa social" y ha puesto en marcha por primera vez un plan de choque para rehabilitar a esos presos yihadistas. Un programa que conmina a los responsables de las prisiones a no tirar la toalla en la reeducación por difícil que parezca el reto.

Las instrucciones, figuran en la circular interna 02/2016, firmada por el secretario general de Instituciones Penitenciarias, Angel Yuste, el pasado 25 de octubre, que detalla el 'Programa de Intervención y Tratamiento de Procesos de Radicalización Religiosa'. Los otros dos planes antiyihadistas puestos en marcha en 2014 y 2015 se habían centrado en extremar el control de los internos radicales para evitar que hicieran proselitismo entre otros reclusos o dieran órdenes desde las cárceles.

Aquellos programas han tenido éxito, pero no son suficientes. El mensaje de Yuste es nítido: no basta 'almacenar' en las prisiones a los presos yihadistas o radicalizados y dar por imposible su rehabilitación porque, antes o después, esos internos van a recobrar su libertad y pueden convertirse en una grave amenaza para la seguridad pública. Ya ha ocurrido con una decena de expresos que luego se han reintegrado en células terroristas o que, incluso, las han liderado, como ocurrió en el caso de Alekema Lamari (11-M) o en la denominada 'operación Nova', en la que cayó un grupo yihadista nacido íntegramente en las cárceles españolas.

"La Administración Penitenciaria, además de garantizar la retención y custodia (...) tiene la obligación de propiciar el conjunto de actividades directamente encaminadas a conseguir la reeducación y reinserción. Esta obligación legal no desaparece respecto a internos vinculados a bandas terroristas", apunta Yuste.

Y ello, a pesar que Interior admite la "dificultad objetiva para reconducir las convicciones tan intensas que sostienen los planteamientos de los internos radicales islámicos". Es más, Instituciones Penitenciarias entona el 'mea culpa' por haber dejado como imposibles esos casos extremos y no haber puesto en marcha antes "programas específicos de tratamiento" para estos "internos radicalizados". "Lo fraguado en el interior de una prisión puede exportarse a otros centros penitenciarios o al exterior, siendo un foco que retroalimenta las actividades criminales, tanto intramuros como fuera de los recitos penitenciarios", avisa la circular.

El objetivo prioritario del plan es "contrarrestar las actitudes radicales que pudiesen favorecer la germinación de comportamientos potencialmente peligroso que trasciendan la mera estancia en prisión". Interior llama a evitar ya el "contagio" de la yihad fuera de los muros de las penitenciarias.

TRES GRUPOS

La instrucción, como hacían anteriores directivas internas, distingue entre tres grupos de presos integristas, todos incluidos en el Fichero de Internos de Especial Seguimiento. El colectivo 'A', el de mayor riesgo está formando por los encarcelados por actividades yihadistas. Son internos con "ideología radicalizada" y con "fuerte arraigo de valores de ideología extremista". En el grupo 'B' están "líderes captadores" dentro de las prisiones que, aunque no fueron encarcelados por yihadismo, hacen "proselitismo" y "captación". El 'C' es el de presos, también comunes, "radicalizados o en proceso de radicalización".

El programa fija para el grupo 'A' una "intervención intensa de carácter individual y con suficiente continuidad temporal". Interior quiere una vigilancia extrema sobre la evolución de estos internos con vistas a "acreditar el rechazo a la violencia" y a la "desvinculación" de la yihad. Instituciones Penitenciarias, no obstante, no se llama a engaño porque dada la dificultad de la reinserción este colectivo, la inclusión en este plan es "reversible".

A los internos de los otros dos grupos se les va a tratar de manera similar. El plan para estos integristas no tan radicalizados tiene dos instrumentos principales. El primero es la introducción en esos círculos penitenciarios de "internos de apoyo musulmanes" colaboradores de Instituciones Penitenciarias con "elementos de protección" por si son rechazados por los integristas. El segundo es contar con la "ayuda de imanes moderados" que deberá facilitar la Federación Islámica Española para intentar desvincular a los internos de prácticas integristas. La receta de Interior para alejar de la yihad a esos radicales de los grupos B y C es la misma, "promover la interpretación moderada alejada de perspectivas extremistas, evitando, en todo caso, la criminalización de prácticas religiosas perfectamente legítimas".


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