Elecciones 26J

La cuestión catalana tensa el tramo final de la campaña

El referéndum sobre la independencia se le enreda a Podemos y le separa del PSOE

Carles Puigdemont.

Carles Puigdemont.

EFE
23/06/2016 a las 06:00
  • COLPISA
La cuestión catalana es como el Guadiana, puede desaparecer del debate político, pero está ahí. Las encuestas afirman que el llamado proceso soberanista no se encuentra entre las mayores preocupaciones de los españoles, de ahí que la carrera hacia el 26-J arrancara ignorando el pleito catalán. Sin embargo, a medida que la campaña se acerca al final y los mensajes buscan la fibra, uno de los mayores retos que tendrá que afrontar el próximo gobierno ha regresado a escena.

Lo ha hecho con toda su crudeza, sus contradicciones y elevando la tensión, lo que demuestra que es material inflamable y da y quita votos. Se ha visto no solo en las apelaciones al agravio territorial de la presidenta andaluza, interpretadas como proclamas anticatalanas desde Cataluña, sino también porque el referéndum se ha convertido en un elemento político clave en el debate. Tanto en las relaciones entre el PSOE y Podemos, como en la propia credibilidad y en la coherencia de la formación morada.

La cuestión catalana impidió un gobierno a la valenciana tras el 20-D y después del 26-J puede volver a ser el gran escollo para un gobierno de izquierda. De momento, Pedro Sánchez ya ha advertido de que no dará apoyo a quien fragmente la soberanía española, mientras que Pablo Iglesias ha replicado que Podemos no renunciará al referéndum. Aunque también dijo que la consulta catalana no será una línea roja en la negociación para formar gobierno, lo que se entendió como una renuncia que ha dejado a la marca catalana de Podemos, En Comú Podem, medio coja y sin uno de sus principales reclamos electorales. Quien más arriesga en este asunto, en cualquier caso, es Unidos Podemos.

Decidido a aglutinar desde votantes del PSC, de Iniciativa y hasta de la CUP, que no se presenta en las generales, la coalición de izquierda ha apostado por una España plurinacional y por un referéndum a la escocesa como solución al problema catalán, aunque habrá que ver si lo defiende hasta las últimas tras el 26-J.

El envite soberanista de los morados, que está combinado con una reivindicación de la patria, le puede situar como primera fuerza en Cataluña y en el País Vasco. El alineamiento de los de Iglesias con las tesis de los partidos soberanistas, que también reclaman un referéndum, les aleja de los otros tres grandes partidos nacionales, que rechazan de manera frontal el llamado derecho a decidir. Existen, eso sí, diferencias entre las tres formaciones. El PSOE, por ejemplo, plantea un plan específico para resolver el problema del encaje de Cataluña. Los socialistas creen en la necesidad de que los Gobiernos central y catalán alcancen un pacto político para que la Constitución reconozca la "singularidad" de Cataluña.

Consciente de que la más mínima concesión a los catalanes levanta ampollas en su partido, Sánchez defendió ante Susana Díaz que reconocer la singularidad no rompe la igualdad entre españoles. El PSOE propone una reforma federal de la Carta Magna, votada por todos los españoles, y un nuevo Estatuto catalán, éste sí votado sólo por los catalanes, que "reconozca su singularidad y mejore su autogobierno".

Unidad de España Donde hay menos diferencias es entre el PP y Ciudadanos. Ambos defienden un nuevo modelo de financiación para Cataluña o incrementar las inversiones en el corredor mediterráneo, pero ambos niegan que tengan que poner sobre la mesa una oferta concreta para tratar de frenar el independentismo. Rajoy ha suavizado su discurso en relación a Cataluña, pensando en el votante nacionalista que está harto del proceso y de la deriva de Convergència. Durante la presentación del programa del PP, que tuvo lugar en Barcelona, introdujo algunos matices, como el de dar "pasos para reencontrarnos" y de caminar hacia la "concordia", y volvió a tender la mano a Puigdemont. Eso sí, desde la premisa de que el PP no permitirá la celebración de un referéndum y que la posible "solución" a Cataluña no implique "burlar la ley".

Ciudadanos, por su parte, desde la misma defensa férrea de la unidad de España, siempre ha hecho gala que defiende el mismo discurso en toda España. Sin embargo, en esta ocasión, ha optado por una pequeña diferencia, ya que para el ámbito catalán ha lanzado un eslogan de campaña específico: "Un presidente catalán para cambiar España". Orgullo de catalanidad, que no de catalanismo, para liderar un cambio en España y con la promesa de que si lo hace Albert Rivera, como barcelonés y catalán, sabrá encontrar el tono para resolver la tensión territorial. En el tramo final de campaña, Rivera está aprovechando el filón catalán para presentarse como un luchador por la libertad, a quien no le importa "partirse la cara" por defender en Cataluña el castellano, la Roja o la Constitución.

Cataluña podía haber tensionado aún más la campaña, pero la situación actual del proceso, tocado y sumido en un mar de dudas, ha ayudado a no calentar más el ambiente político. Carles Puigdemont ha roto el pacto con la CUP después de que los anticapitalistas vetaran sus presupuestos, y está a la espera de someterse a una cuestión de confianza en septiembre.
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