POLÍTICA

La CUP disuelve su dirección e inicia el proceso de renovación

Los anticapitalistas buscan un difícil consenso interno ante la cuestión de confianza planteada por Puigdemont para septiembre

Anna Gabriel, de la CUP.

Anna Gabriel, de la CUP.

DN
21/06/2016 a las 06:00
  • COLPISA . BARCELONA
Tres días después de que seis de los quince miembros de la cúpula anticapitalista dieran un sonoro portazo con la renuncia a sus cargos y con acusaciones a la dirección de "actitutudes sectarias y maquiavélicas", la CUP inició este lunes el proceso para renovar su ejecutiva. Un tarea nada sencilla, que pilota el exdiputado Quim Arrufat, y que de no culminarse de una manera que satisfaga a las diferentes corrientes internas puede acabar en divorcio. La dirección 'cupera' fue elegida en 2015 y su mandato era de cuatro años. Sin embargo, la crisis que ha estallado en la formación, a la que Convergència y Esquerra acusan de ser la responsable de dejar el proceso catalán tocado tras cobrarse la cabeza de Mas y vetar los presupuestos, ha obligado a los anticapitalistas a buscar aire fresco, caras nuevas y a disolver la ejecutiva. Las elecciones internas para cambiar la cúpula pueden prolongarse un mes, pero se han ideado con el objetivo de preparar al partido para afrontar lo más unido posible el escollo que plantea Carles Puigdemont con la moción de confianza de septiembre. Si la apoyan el Gobierno seguirá, pero si la rechazan lo derribarán y habrá casi con seguridad nuevas elecciones. La CUP tumbó los presupuestos de la Generalitat hace quince días y dejó la legislatura de 18 meses en el aire, pero volverá a tener en sus manos la establidad del Gobierno catalán y el futuro del proceso. Si los antisistema varían la tendencia obstruccionista de los últimos meses y se imponen las tesis de los pactistas, liderados por Poble Lliure, Puigdemont tratará de culminar el proceso con la CUP. De lo contrario, si en el proceso de renovación interna vuelven a ganar los más radicales, los que anteponen la revolución a la independencia (Endavant), el presidente de la Generalitat tendrá que decidir si cambia de socios, lo que implicará alguna renuncia en la hoja de ruta, o llama a los catalanes a las urnas. Dos de los seis miembros de la dirección que dimitieron el viernes pasado reconocieron este lunes que el partido puede romperse y que el clima de división continuará en la nueva cúpula. Su diagnóstico es que los problemas internos no se solventarán mientras la formación no haga un debate en profundidad sobre cuál es su papel en el proceso independentista. En efecto, la situación de crisis en la CUP es el resultado de haber pasado de ser el acelerador del proyecto independentista a desempleñar un papel diametralmente opuesto, ya que como consecuencia de sus decisiones el proceso se encuentra paralizado y a la espera de que Puigdemont vuelva a encender la mecha. Caída electoral La CUP es víctima del rol decisivo que el electorado le dio con sus diez diputados en las pasadas elecciones del 27-S. Por primera vez ha tenido que transitar de la proclama callejera a gestionar el apoyo a un gobierno, y esta travesía tan rápida ha dejado al descubierto todas las contradicciones internas. Una parte quiere la independencia ya por encima de todo lo demás, y la otra cree que sin la revolución no se puede alcanzar la república catalana. Por tanto, si Poble Lliure y Endavant no solventan su pugna política es posible que el cambio en la ejecutiva no varíe el panorama. En parte, porque la dirección de la CUP juega un papel relativo dentro del funcionamiento interno de la formación, ya que los órganos que tienen la capacidad de decidir son la asamblea y el consejo político. Pero todo tiene un precio y tras dos decisiones que a punto estuvieron de hacer descarillar el convoy hacia la secesión, la CUP pierde apoyo de manera considerable. Un sondeo publicado este lunes por La Vanguardia aseguraba que de celebrarse hoy elecciones, los anticapitalistas se dejarían casi cinco puntos en estimación de voto respecto al 27-S y perderían siete de sus diez escaños para quedarse de nuevo en tres. Además, la diputada Anna Gabriel, que pasa por ser la cara visible del sector duro, es la dirigente catalana peor valorada y recibe un suspenso incluso desde sus filas.
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