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POLÍTICA

La pugna entre las corrientes internas desata un cisma en la CUP

Los seis dirigentes salientes acusan a sus compañeros de prácticas "sectarias y maquiavélicas"

Joan Garriga y Anna Gabriel, diputados de la CUP.
Joan Garriga y Anna Gabriel, diputados de la CUP.
EFE
  • COLPISA. BARCELONA
Actualizada 18/06/2016 a las 06:00
La formación independentista y antisistema, que hasta hace dos semanas mantenía un pacto con Convergéncia y Esquerra para caminar juntos hacia la independencia, puede partirse en dos. Los anticapitalistas son víctimas de la división que ha provocado el hecho de haber tenido en sus manos dos de las decisiones más relevantes de los últimos meses en Cataluña: la decapitación política de Mas y el veto a los presupuestos de la Generalitat.

La crisis estalló este viernes con toda su crudeza, cuando seis de los 15 miembros de la dirección presentaron su dimisión irrevocable. La renuncia supone un desafío a la dirección porque llega solo tres días antes de que la CUP ponga en marcha el proceso de renovación de su cúpula. Los dirigentes salientes, Ester Rocabayera, Guim Pros, Joel Jové, Omar Diatta, Roger Castellanos y Tomàs Sayes (ninguno es diputado), acusaron a sus compañeros de dirección de prácticas "sectarias" y "maquiavélicas". La mayoría de ellos son próximos a la corriente Poble Lliure, la que se ha significado como la más pactista y proclive a la investidura de Mas y a aprobar los presupuestos. Lo que la dimisión deja al descubierto, y así lo admiten los protagonistas, es una lucha interna entre las dos almas del partido, entre la corriente Poble Lliure y Endavant, considerada la rama dura de la formación, la más anticapitalista y revolucionaria e intransigente con los pactos con Convergència. Hasta la fecha, éste es el sector que está imponiendo sus tesis (en la investidura de Mas y en el veto a los presupuestos), de ahí que Poble Lliure, aunque públicamente se desmarcó del portazo, haya lanzado un órdago.

Lo que subyace tras el conflicto es una dura batalla ideológica dentro de la organización. Están los que creen que con el no a la investidura de Mas y vetando las cuentas de la Generalitat pueden hacer descarrilar el proceso soberanista y los que entienden que la secesión no se puede alcanzar de la mano de Convergència y que son antisistemas por encima de cualquier otra consideración. "Si tenemos contradicciones trabajémoslas, pero que nadie nos pueda decir que somos el freno del proceso independentista", afirmaron los miembros de Poble Lliure hace una semana durante su primera asamblea nacional. La carta que enviaron este viernes los seis dimisionarios alertaba que la CUP se está "alejando de la estrategia independentista".

En esencia, la pelea ahora en la CUP está en qué decisión tomará cuando el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se someta a la cuestión de confianza en la segunda quincena de septiembre. Si la renovación de la cúpula mantiene los mismos equilibrios que existen en la actualidad y que reflejan el sentir de las bases en todo el territorio, Puigdemont no conseguirá salir del atolladero y tendrá que convocar elecciones.

Ante esa tesitura, Poble Lliure, que esta semana ha recibido el respaldo público de Esquerra, Convergència y la ANC, empieza a maniobrar para que haya un giro. Aunque tampoco es descartable que el partido acabe roto en dos y una de las escisiones apoye a Puigdemont para salvar in extremis el proceso independentista, que en estos momentos está paralizado, entre otras razones, por culpa de la CUP. Fuentes de la dirección "lamentaron" las renuncias y afirmaron que seguirán trabajando por una renovación efectiva de la cúpula. La dirección evitó valorar las acusaciones formuladas por los dimisionarios, aunque subrayó que todos los procesos de debate y de decisión se han hecho con todas las garantías democráticas y reafirmó su convicción de que el asamblearismo sigue siendo una herramienta legítima y válida de toma de decisiones. En este punto, la cúpula dejó entrever algunos problemas de funcionamiento interno que han sido motivo de polémica en los últimos tiempos, cuando la CUP ha tenido que afrontar las decisiones de calado. Así, la asamblea de la formación se reunió en diciembre para decidir sobre si apoyaba o no la investidura de Mas y el resultado fue un empate sorprendente que levantó todo tipo de sospechas. La patata caliente recayó en el consejo político, donde Endavant impuso su ley.

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