Elecciones 26J

Rivera lleva a Rajoy a un callejón sin salida

El líder de Ciudadanos asgurá que impedirá su investidura y el PP recurre al fantasma de las terceras elecciones

El candidato de Ciudadanos a la Moncloa, Albert Rivera (3i) , acompañado de la portavoz en el Ayuntamiento de Barcelona, Carina Mejias (2d), habla con una señora

El candidato de Ciudadanos a la Moncloa, Albert Rivera (3i) , acompañado de la portavoz en el Ayuntamiento de Barcelona, Carina Mejias (2d), habla con una señora

EFE
17/06/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
"No apoyaremos a Rajoy. No queremos que siga gobernando. Queremos un cambio de Gobierno". Albert Rivera no dejó esta vez lugar a las dudas, y por si no estaba claro garantizó que Ciudadanos no solo no apoyará la investidura y tampoco la facilitará con una abstención si es que fuera necesario. Sus palabras, sin opción a interpretaciones, cayeron como una bomba en el PP, que empezó a agitar el fantasma de las terceras elecciones.

Para los populares el socio prioritario no es Ciudadanos, es el PSOE, pero daban por sentado que el partido de Rivera se sumaría si es que cuajaba el acuerdo con los socialistas. El PP contaba además con Ciudadanos para construir una potente minoría que fuera un buen punto de partida para negociar si el enfrentamiento entre el PSOE y Unidos Podemos persistía tras las elecciones. Unos cálculos que demostraron ser castillos en el aire en cuanto Rivera enseñó las cartas para el día después.

"Yo quiero -dijo en un acto informativo de El Periódico en Barcelona- un presidente que no lo chantajee nadie, un presidente que no envíe mensajes a un delincuente". Y "si hay un fin de ciclo -remató- no se puede seguir con el mismo entrenador". Para cerrar rendijas, fue interrogado si se abstendría en una hipotética investidura de Rajoy. "Tampoco", garantizó.

La rotundidad de Rivera es una novedad porque siempre se había movido entre dos aguas y con medias tintas cada vez que era preguntado sobre el apoyo de Ciudadanos a Rajoy tras el 26 de junio. Empleaba duras palabras contra el presidente del Gobierno, pero dejaba margen para la interpretación. Hasta hoy.

Mientras Rivera exponía su posición, el jefe del Ejecutivo no se explicaba bien "la inquina" del líder 'naranja' hacia él. Solo puede obedecer, apuntó en una entrevista en RNE, a que intenta allanar el terreno para un nuevo pacto con Pedro Sánchez ya que parece "empeñado" en que el socialista sea el próximo inquilino de la Moncloa. Rajoy y el PP, de todos modos, confían en que todo sea palabrería, tanto en el caso de la conocida negativa del PSOE como en la de Ciudadanos, y que todo se pueda "solucionar cuanto antes" después del 26 de junio. Entre los populares está muy extendida la idea de que Rivera es voluble y cambia de parecer con facilidad. Recuerdan que en el último día de la anterior campaña se comprometió a apoyar al partido más votado, que fue el PP, y luego pactó con el PSOE.

El candidato del PP, además, ni se plantea una retirada para facilitar que otro miembro de su partido puede pactar la investidura con más facilidad como se ha sugerido en algún momento "No detecto ninguna petición" en ese sentido dentro del PP, y aunque sabe que su figura despierta un fuerte rechazo entre sus contrincantes no está en sus planes irse. Es más, está dispuesto a gobernar en minoría sin coaligarse con nadie. A lo que no está dispuesto es a presentarse a la investidura sin apoyos suficientes para superarla. Y ahí está el problema porque ni PSOE ni Ciudadanos y muchos menos Unidos Podemos están dispuestos a facilitársela. A nueve días de las elecciones, Rajoy está como el 20 de diciembre, en un callejón sin salida. Una situación que no va a ser fácil de revertir y que ha acrecentado el nerviosismo en las filas populares, al punto de que algunos dirigentes hablan ya de la posibilidad de ir a unas terceras elecciones. Un nuevo bloqueo, advirtió el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, "derivaría en otras elecciones". Rajoy, sin embargo, se resiste a agitar ese fantasma como herramienta para reblandecer negativas. Si se repiten los comicios, subrayó, "el ridículo sería monumental", pero al mismo tiempo insistió en su tesis de que debe gobernar el partido más votado. Un planteamiento sin adeptos más allá del PP.

LOS BARONES SOCIALISTAS

Una de las esperanzas populares está depositada en la crisis que barruntan que se avecina en el PSOE, y que los barones del partido decanten la balanza por responsabilidad de Estado hacia el acuerdo con el PP. Uno de los más firmes defensores de esta vía es el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, que hoy mismo doró la píldora a los dirigentes territoriales socialistas, "que tiene mucha más experiencia política" que Sánchez y son conscientes de que ante los desafíos presentes -el pulso independentista catalán o el riesgo terrorista islamista- y futuros -si triunfa el 'Brexit' en el referéndum del 23 de junio y la amenaza de ralentización de la economía en el mundo- requieren "reformas muy profundas que solo se pueden hacer por el acuerdo de los dos grandes partidos". Aunque Margallo teme que su visión peque de voluntarismo porque a Sánchez "no lo sacan de la silla ni con agua bendita". Casi ve más probable que si PSOE y Unidos Podemos suman más que PP y Ciudadanos tras las elecciones podría darse un gobierno de "unidad popular" con Sánchez como "presidente nominal", pero con el poder en manos de Iglesias.

Los temores populares son un misterio para los líderes de Unidos Podemos, que tienen la certeza de que en el momento de la verdad tanto los socialistas como Ciudadanos vana facilitar un nuevo mandato de Rajoy. El secretario de Organización del partido 'morado', Pablo Echenique, solo ve "mensajes ambiguos" en ambas formaciones. "No se les entiende qué quieren decir", y se malicia que van a dejar "la puerta abierta" para que gobierne Rajoy con alguna excusa de último momento.
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