Elecciones 26J

El debate de hoy consolida el fin del bipartidismo

Los cuatro candidatos de los principales partidos nacionales se enfrentan por primera vez entre sí frente a las cámaras para confrontar programas

Manuel Campo Vidal y Fernando Navarrete junto a los moderadores Ana Blanco, Vicente Vallés y Pedro Piqueras.

Manuel Campo Vidal y Fernando Navarrete junto a los moderadores Ana Blanco, Vicente Vallés y Pedro Piqueras.

EFE
Actualizada 13/06/2016 a las 11:59
  • COLPISA. MADRID
Cuatro candidatos de partidos nacionales a la presidencia del Gobierno participan mañana, por primera vez en la historia de la reciente democracia española, en un debate electoral televisado en el que podrán contrastar sus programas de gobierno. Mariano Rajoy, tras semanas de dudas, sucumbió a la presión del resto de formaciones y aceptó el debate a cuatro después de quedarse sin excusas pues ya no podía argumentar, como en diciembre, cuando mandó en su puesto a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que Podemos y Ciudadanos eran fuerzas extraparlamentarias con las que no tenía porque medirse.

El encuentro político es un símbolo del fin del bipartismo. El reconocimiento de que la política española ya no es, y parece que por mucho tiempo, cosa de dos, PP y PSOE, y que hay al menos otras dos formaciones que pueden convertirse en partidos de gobierno, bien de forma directa o a través de la obligada negociación de pactos que se abrirá tras el 26-J. La discusión a cuatro significa al tiempo la defunción de los cara a cara, que ha sido la única fórmula de debate electoral aceptada -eso sí, a regañadientes- por los dos grandes partidos durante 34 años, a lo largo de once procesos electorales, pese a tratarse de un formato normalmente aburrido y algo acartonado.

El debate será el noveno que enfrenta a los líderes políticos españoles en 39 años de democracia, una cifra ridícula si se tiene en cuenta que las del 26 de junio serán las décimo terceras elecciones generales. De hecho solo ha habido enfrentamientos electorales televisados en cinco de los trece comicios.

Hasta que el bipartidismo saltó por los aires en las distintas citas electorales de 2015, los líderes de los partidos tradicionales mostraron con claridad su aversión a los debates, una cita casi obligada y con larga tradición en el mundo político anglosajón. Tanto es así que hubo que esperar 16 años desde el retorno de la democracia para ver cómo dos candidatos a la Moncloa confrontaban ante todos los españoles sus promesas electorales. Adolfo Suárez siempre lo rechazó y Felipe González no dio su brazo a torcer hasta el ocaso de su estrella política, cuando el PP le disputó ya unas elecciones con posibilidades de victoria.

"USTED NO ES DECENTE"

El primer cara a cara, con González y José María Aznar como protagonistas, que tuvo una segunda edición una semana después, se celebró el 24 de mayo de 1993 en Antena 3. El socialista se confió y el aspirante popular le ganó con claridad en la primera cita, pero González se tomó la revancha en la segunda.

Sin embargo, hubo que esperar otros 15 años para ver el tercer debate, porque ni González en 1996, ni Aznar en 2000, ni Rajoy en 2004 se atrevieron a contrastar sus opiniones con sus oponentes. La fórmula la recuperó José Luis Rodríguez Zapatero, que en las generales en las que logró su segundo mandato mantuvo dos cara a cara con el aspirante Rajoy, al que ganó a los puntos.

Desde las elecciones de 2008 siempre ha habido debates en campaña. El penúltimo cara a cara fue el que mantuvieron el 7 de noviembre de 2011 Alfredo Pérez Rubalcaba y Rajoy, ganado por el aspirante popular. Y el último, el 14 de diciembre pasado, entre Rajoy y Pedro Sánchez, el primero aceptado por el PP cuando está en el Gobierno. Un debate que pasará a la historia por el "usted no es una persona decente" que le espetó Sánchez en referencia a su sms de apoyo a Luis Bárcenas respondida por Rajoy con un "usted es ruin, mezquino, miserable y deleznable". El cruce de descalificaciones incendió un debate, hasta entonces tedioso y aburrido, e inauguró una fractura personal entre ambos que se mantiene hasta la actualidad.

Pero la aversión a los debates sigue, al menos en el PP. Rajoy acepta el lunes el debate a cuatro, pero, a cambio, no concederá ni una confrontación televisada más. Ni a tres, ni a cuatro, ni cara a cara. Habrá menos que en la campaña de diciembre, cuando sin contar los enfrentamientos entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, se celebró una confrontación a tres, con Pedro Sánchez, y un sucedáneo de debate a cuatro, con la asistencia por parte de los populares de Sáenz de Santamaría.

Este último, el 7 de diciembre pasado, es el precedente más claro del que se celebrará el lunes. Fue un debate que las encuestas dicen que ganó Iglesias, en el que la impresión general fue que el más dañado resultó Sánchez, en el que Rivera se desdibujó superado por la presión y pagó factura electoral, y del que la vicepresidenta salió viva. Rajoy, entonces, lo siguió desde la tele de la salita de la residencia oficial de la Presidencia en Doñana.
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