SOBERANISMO

El proceso independentista en Cataluña entra en el taller

Puigdemont trata tomar las riendas y de rediseñar la agenda soberanista tras el veto de la CUP

El presidente de la Generalitat y candidato por el CDC, Carles Puigdemont.

El presidente de la Generalitat y candidato por el CDC, Carles Puigdemont.

EFE
Actualizada 12/06/2016 a las 12:18
Etiquetas
  • COLPISA. BARCELONA
Un terremoto ha sacudido esta semana Cataluña. Los geólogos situaron el epicentro en Girona, pero donde más se notó la onda expansiva fue en el Parlamento catalán, en Barcelona. El veto de la CUP a los presupuestos de la Generalitat ha dinamitado el pacto entre Junts pel Sí y los anticapitalistas y ha dejado patas arriba la undécima legislatura, la que nació con el encargo de situar a Cataluña a las puertas de la independencia.

A la espera de la cuestión de confianza a la que se someterá Carles Puigdemont en la segunda quincena de septiembre, tras una nueva Diada de alto voltaje, el proceso soberanista queda en el aire, pues la mayoría independentista ya no camina junta. En la Cámara catalana hay 72 diputados (sobre 135) que querrían la secesión, pero no han conseguido mantener la unidad de acción. En su primer intento, el independentismo ha fracasado.

Ahora, Carles Puigdemont busca una segunda oportunidad. A través de una maniobra táctica, el presidente de la Generalitat ha sido capaz de salir más o menos airoso de la que suponía su primera gran derrota política, ya que nunca hasta la fecha la Cámara catalana había tumbado unos presupuestos. El dirigente autonómico ha ganado cuatro meses, en los que se resolverán algunos de los elementos clave que inciden en el proceso catalán: la refundación de Convergència y las elecciones generales. Puigdemont está tratando de tomar las riendas y de quitarse el sambenito de que es un presidente interino. «Si supera la cuestión de confianza, ya nadie podrá negarle la legitimidad en el cargo», señalan fuentes de Ejecutivo catalán.

El exalcalde de Girona escudriña además la manera de reinventar el proceso y adaptarlo a las nuevas circunstancias. Este rediseño podría pasar por tres ejes: plazos, objetivos y socios. En cuanto a los plazos, cada vez parece más complicado cumplir con el propósito inicial de una legislatura de 18 meses. Si el proceso necesita un ‘reset’, éste pasa por alargar el mandato, que en septiembre ya estaría en el ecuador. En cuanto a las metas, cobra fuerza la idea de volver a situar el derecho a decidir en el centro de la estrategia soberanista, una vez que se ha comprobado que la independencia unilateral no es cuestión de dos días, tal y como se había presentado hasta ahora.

ACERCARSE A COLAU Y PSC

Este regreso a la defensa del referéndum, en el que Convergència siempre se ha sentido más cómoda, puede ir acompañado de la búsqueda de nuevos socios, en este caso una acercamiento al entorno de Podemos y Ada Colau. Puigdemont señaló el jueves pasado que hay que esperar al resultado del 26-J y que no hay que descartar la posibilidad de celebrar un referéndum pactado y acordado con Madrid. Ninguna encuesta vaticina una victoria de Podemos en las generales (único partido nacional que defiende el referéndum), pero una suma de los morados y el PSOE (opción por la que apuesta la candidata del PSC, Meritxell Batet) podría formar gobierno, lo que abriría nuevos escenarios en la política catalana.

La otra opción que tiene es volver a seducir a la CUP, aunque no lo quieran los círculos más conservadores de CDC, que estos días respiran aliviados al saber que ya no dependen de un grupo que, por ejemplo, ampara a los violentos del barrio de Gracia. Pero si en el nuevo proceso, el único objetivo es la secesión, Puigdemont solo podrá negociar la cuestión de confianza con los anticapitalistas. Que ya le han dicho que se puede contar con ellos, si es para dar pasos inequívocos de ruptura y para convocar un referéndum de manera unilateral, extremo que no acaba de convencer al expresidente Mas, que pilota la refundación de CDC y que tiene la experiencia del 9-N, en el que solo votaron los independentistas, lo que le resta legitimidad.

Artur Mas apostó recientemente por unas nuevas plebiscitarias, en las que se cuenten votos y no escaños. Esta es la última opción que le quedaría a Puigdemont, si no rectifica y rebaja la agenda soberanista y no quiere lanzarse a los brazos de los que «dinamitan puentes», los que «no son de fiar» y «no tienen sentido de Estado», según expresiones utilizadas por dirigentes convergentes contra los cuperos.

La CUP ha dejado al Gobierno tocado y podría hundirlo en septiembre. En ese caso, la única baza que le quedará al presidente de la Generalitat será convocar elecciones. Y a día de hoy es un cara o cruz para el proceso, porque está por ver cuánta gente ha podido saltar del barco después del enésimo vodevil protagonizado por los secesionistas. De momento, quien capitaliza la caída de CDC y ERC es En Comú Podem. En unas nuevas autonómicas, además, Puigdemont, y CDC, corren el riesgo de perder el poder si fructifica el tripartito de izquierdas que desde hace meses se dice que se está gestando entre ERC, En Comú Podem y la CUP.
Etiquetas
Selección DN+

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra