Elecciones 26J

Sólo se formará gobierno si los partidos revisan su estrategia de pactos

​Los únicos movimientos se producen entre PP y Ciudadanos, al igual que entre PSOE y Unidos Podemos, lo que conduce a un saldo neutro

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante su intervención en el Consejo General del partido.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante su intervención en el Consejo General del partido.

EFE
Actualizada 04/06/2016 a las 23:17
  • COLPISA. MADRID
El 26 de junio se juega el desempate. En las elecciones del 20 de diciembre no ganó nadie porque nadie pudo gobernar. Es cierto que el PP fue la fuerza más votada y que el PSOE reunió más apoyos parlamentarios, pero ni uno ni otro lograron construir una mayoría en el Congreso para superar la investidura. El centroderecha de los populares y Ciudadanos llegó a los 163 escaños, y el centroizquierda de PSOE, Podemos e IU sumó 161. Una igualdad que condujo a un bloqueo político y a estas nuevas elecciones, que al decir de los expertos y los sondeos no se va a romper dentro de tres semanas.

"Sigue habiendo empate", afirma Narciso Michavila, presidente de la consultora GAD3. "Se mantiene en votos, lo que no quiere decir que se mantenga en escaños", apunta Belén Barreiro, expresidenta del CIS y directora de la firma Myword. "Es posible que se repita", considera el también expresidente del CIS y catedrático de Ciencia Política, Fernando Vallespín. Sus palabras se sustentan en que solo entre el 10% y 12% de los votantes piensa cambiar de camiseta el 26 de junio, según han detectado varios sondeos. La igualdad persiste porque a pesar de que dentro de los bloques hay cierto trasvase, no hay vasos comunicantes apreciables de la derecha a la izquierda y viceversa. Hay movimiento entre PP y Ciudadanos, pero el saldo es cero porque lo que gana uno lo pierde el otro, y no se preven aportes significativos desde fuera del bloque. Lo mismo ocurre entre PSOE y Unidos Podemos, la alianza entre el partido de Pablo Iglesias e IU. "El electorado de Podemos flojea y hay un corrimiento hacia el centro, pero se compensa con que esta vez IU no resulta perjudicada por la ley electoral al pactar con Podemos", precisa Michavila. "Estamos ante el lío perfecto en el que el PSOE, de nuevo, es el actor clave", resume Vallespín.

Que los resultados del 26 de junio se van a diferenciar poco de los de hace seis meses es una obviedad. Las variaciones oscilan en una horquilla de unos cinco escaños con la incógnita de qué pasará con la alianza de Podemos e IU. "Hay un electorado muy fiel al PP y a Podemos, el del PSOE tiene muchos indecisos y el de Ciudadanos es el que menos va a participar", describe Barreiro. Pero hay sitio para la "sorpresa", según Vallespín, porque puede producirse "una movilización" a favor de Pedro Sánchez o que "aflore voto oculto al PP", e incluso que haya "una desbandada" en Podemos. Aunque son posibilidades que, a día de hoy, no acreditan los estudios demoscópicos.

LOS 170 ESCAÑOS

Tanto el centroderecha como el centroizquierda sueñan con acercarse a los 170 diputados, a seis de la mayoría absoluta, porque eso significaría que los adversarios han retrocedido y tienen ganada la legitimidad para gobernar. El PP solo puede crecer y llegar al umbral del 30% de los sufragios si recupera los votantes que huyeron a Ciudadanos, y qué mejor para ello que la estrategia del miedo al radicalismo y la exaltación de la seguridad. Juega en su favor que cuenta con el electorado más fiel, desde 20 años se mueve entre el 28% y el 30% del voto, y el 26-J no va a romper esa tendencia.

Pero el ministro José Manuel García-Margallo ya ha alertado de que esta operación puede ser ruinosa porque un descenso pronunciado de los de Albert Rivera no tiene por qué significar un crecimiento en la misma proporción de los populares. "El voto de Ciudadanos puede bifurcarse (entre PP y PSOE)", coincide Vallespín. En el partido naranja reconocen que es factible que el pacto sellado con el PSOE pase factura y temen que en la segunda oportunidad el votante apueste a caballo ganador y se deje de experimentos innovadores, lo que toda la vida se ha llamado voto útil. Ante ese peligro, el partido de Rivera ha resuelto dar un paso adelante, profundizar la impronta centrista y marcar más las distancias con el PP, sobre todo con Mariano Rajoy. Tienen, sin embargo, un pesado lastre, sus apoyos en las urnas proceden del electorado de menos de 45 años, más abstencionista que ningún otro. "Los nuevos partidos son los que tienen el voto menos leal", acota José Fernández Albertos, politólogo del CSIC.
En el PSOE aún no acaban de creerse que sus esfuerzos negociadores después del 20 de diciembre lejos de verse premiados se ven penalizados por el electorado. "La explicación es sencilla -apunta Vallespín- todos los votantes del PP y los de Podemos culpan a los socialistas de que no se pudiera formar gobierno", y entre los dos son más que los del PSOE. "Ser 'pagafantas' en política nunca se recompensa, los 'malotes' siempre se llevan a la chica", mantiene con menos carga intelectual un veterano socialista.

El partido de Sánchez va a ser de nuevo el determinante para el acuerdo postelectoral, pero ahora sabe que el entendimiento con Ciudadanos no lleva a ningún sitio, fue una excelente fotografía de la transversalidad, pero insuficiente para gobernar. El PSOE es el socio ideal tanto para PP como para Podemos. El pacto con los de Iglesias levanta ronchas en la mayoría de los socialistas aunque se podría replantear siempre que el PSOE mantenga el liderazgo de la izquierda y el partido morado asuma un papel subordinado. Pero también causa repelús el acuerdo con los populares a pesar de las invocaciones al sentido de Estado que hace algún santón del partido. Aunque también podría revisarse si llegara el momento de mirar el precipicio. Demasiados condicionantes, y para evitarlos no ayuda la campaña "errática" que, según los críticos, desarrolla su candidato. Un día dice que no habrá terceras elecciones y al siguiente asegura que no facilitará que gobierne el PP. "Tiene un sueño imposible, gobernar con (Iñigo) Errejón, el ala moderada de Podemos", sugieren con su carga de maldad algunos socialistas.

SE IGUALA EL VOTO ÚTIL 

Un planteamiento que en el equipo de Iglesias despierta una sonrisa condescendiente. Crecidos por lo que apuntan los sondeos públicos y privados, y convencidos de la bondad del pacto con IU, Podemos empieza a ver a Iglesias en la Moncloa. Para lo que es imprescindible el acuerdo con el PSOE, mejor sin Sánchez y mucho mejor sin Susana Díaz. El partido morado cuenta además con la baza de que los socialistas no van a beneficiarse como ocurría antes del voto útil de la izquierda porque entregar la papeleta a IU era tirarlo a la papelera. La alianza Unidos Podemos ha igualado la utilidad política del sufragio en la izquierda.

Una de las pocas cosas que cambian para estas elecciones es el eje del debate; la dialéctica entre lo viejo y lo nuevo que planeó sobre la arena electoral del 20 de diciembre ha dejado paso a la clásica confrontación entre la derecha y la izquierda. Podemos, el paradigma del camuflaje de las señas de identidad en aras del éxito electoral, ha desistido de sus veleidades transversales para asumir el papel de referente de la izquierda, o al menos el de aspirante a serlo. Ciudadanos, sin renunciar a ser el nicho electoral del centro, también ha centrado más el foco sobre la derecha con apelaciones constantes al PP y a Rajoy.

Aunque la persistencia del empate entre los dos bloques parece inevitable, la victoria se va a dilucidar en una docena de provincias por un puñado de votos. El bloqueo, aseguran en los cuatro partidos, no se va a volver a repetir. "Al comienzo -augura Vallespín- habrá bloqueo, pero luego pueden entrar en juego factores, como una mejora de las relaciones entre PSOE y Podemos o hasta una dimisión de Rajoy" que reconduzca la situación. Michavila también cree que no se volverá a las andadas porque "ya nadie tiene el as en la manga de la repetición de las elecciones", como lo tenía, a su juicio, Iglesias tras el 20 de diciembre.

Puede, por tanto, que persista la igualdad en las urnas, pero se romperá en los despachos de la negociación. Y ahí todos miran al PSOE. El próximo Gobierno dependerá de por quién se decanten los socialistas.
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