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CATALUÑA

Los anticapitalistas amenazan con dejar caer al Gobierno catalán

Las bases de la CUP instan a "liberarse" del pacto de estabilidad sellado hace cinco meses con Junts pel sí

Miembros de la CUP durante una asamblea extraordinaria.

Miembros de la CUP durante una asamblea extraordinaria.

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23/05/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
La CUP aprobó el sábado una nueva estrategia política de cara a los próximos meses que puede hacer saltar por los aires la legislatura catalana, la que en teoría está llamada a hacer historia. Tan sólo cinco meses después de haber facilitado la investidura de Carles Puigdemont para situar a Cataluña a las puertas de la secesión en el verano de 2017, la asamblea de los anticapitalistas dio luz verde a una enmienda que aboga por "liberarse" del acuerdo suscrito con Junts pel Sí. En ese pacto, en el que se cobró la cabeza de Artur Mas, la izquierda independentista radical se compremetió a dotar estabilidad parlamentaria al Gobierno de Convergència y Esquerra Republicana de Cataluya.

El texto de la ponencia política aprobada por las bases de la CUP insta a la dirección a dejarse las manos libres para hacer oposición. Afirma que el pacto de estabilidad ha sido una "prisión" y que les ha impedido ejercer la función de "dinamizadores de la ruptura independentista" que hubieran deseado. En el fondo de los problemas que arrastran Junts pel Sí y la fuerza de la que es portavoz Ana Gabriel subyacen desde el primer díalos recelos que los anticapitalistas tienen respecto a los dirigentes de Convergència. En concreto, no ven a la cúpula convergente dispuesta a dar pasos firmes hacia la ruptura.

Convergència como partido ha dado el giro hacia el independentismo, pero los secesionistas de toda la vida, los pata negra, aún no se fían. Por ello, la CUP ha decidido dar un serio toque de atención. "Realmente no ha habido voluntad de avanzar" hacia la independencia, afirman fuentes de la CUP. Y para ser socia de un Gobierno de corte autonomista, la formación, que también acumula meses de división interna como consecuencia de su apoyo a un ejecutivo liderado por un partido que los cuperos ven como corrupto y neoliberal, prefiere ir preparando el terreno para decir basta.

Aún así, y pesar de la ponencia aprobada, la ruptura aún no se ha formalizado. Desde la CUP precisan que los próximos días explicarán "cómo se concreta". No se esperan cambios abruptos de la "noche a la mañana", pero si el proceso soberanista mantiene la indefinición de los últimos meses, los anticapitalistas aseguran que no permanecerán "atados de pies y manos a un pacto de estabilidad".

La CUP quiere gestos inequívocos de que el proyecto va en serio. Por ejemplo, exige un referéndum unilateral sobre la independencia antes de enero de 2017 y asegura que no aceptará que las llamadas elecciones constituyentes del verano del año que viene sean unas autonómicas más.

PRESUPUESTOS EN VILO

La primera prueba del nueve para el Gobierno catalán serán las cuentas de la Generalitat. La CUP siempre fija sus asambleas en fechas clave y en esta ocasión no fue distinto. El Gobierno catalán tiene previsto presentar entre esta semana y la próxima su proyecto de presupuestos, que solo pueden salir adelante con el concurso de los diputados anticapitalistas.

Bien es cierto que la izquierda radical ha rebajado sus posiciones maximalistas (es partidaria, por ejemplo, de no pagar la deuda y de salir del euro), pero en la enmienda aprobada este domingo especificó que "no entrará en ninguna dinámica que suponga avalar unos presupuestos" que no se planteen la desobediencia clara y frontal en relación a las "imposiciones del Estado español".

Mas, defenestrado como presidente de la Generalitat pero aún líder de Convergencia, lleva semanas advirtiendo que si la Generalitat no puede aprobar sus cuentas, la legislatura estará muerta.

El peligro es real. Cuando la CUP lanza un órdago no es de cara a la galería sino que lo hace porque tiene buenas cartas. Lo demostró en la larga negociación para la investidura. Afirmó por activa y por pasiva que no apoyaría a un gobierno presidido por el delfín de Jordi Pujol y hasta que no logró su renuncia no garantizó el apoyo a la investidura.

En este ocasión será igual. Y si piden pasos claros hacia la ruptura con el Estado, no se conformarán con fuegos de artificio. Ni muchos menos se darán por satisfechos con pequeñas victorias morales como la de la polémica de la estelada, aunque haya movilizado al soberanismo. La CUP exige que la desconexión se ponga en marcha ya.
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