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POLÍTICA

26-J, el test de resistencia para la nueva política

Nadie duda de que Podemos y Ciudadanos hayan venido para quedarse, pero los sociólogos avisan de que sus electorados son más reticentes a atarse a unas siglas.

Una urna de las elecciones de mayo de 2015.

Una urna de las elecciones de mayo de 2015.

ARCHIVO/MONTXO A.G.
08/05/2016 a las 06:00
  • COLPISA
Mismos candidatos, mismas listas, mismos programas...Pocas cosas habrá diferentes en las elecciones del 26 de junio respecto a las del 20 de diciembre. Pero eso no quiere decir que la respuesta de los electores -satisfechos como se declaraban con su voto hasta el pasado 19 de marzo, según constató el CIS esta semana- tenga que ser exactamente idéntica. Si para algo servirán estos comicios será para medir la consistencia de los fenómenos de Podemos y Ciudadanos;la resistencia del discurso con el que lograron empezar a hablar de tú a tú a PP y PSOE en el Congreso tras cuatro meses de enorme exposición pública, y su capacidad de consolidarse como verdadera alternativa. "Ojo, que ahora, gracias a la representación parlamentaria-avisa el especialista en análisis electoral y presidente de la consultora GAD3, Narciso Michavila-, tienen presupuesto para la campaña y se han ganado el derecho a medirse en los debates con el presidente del Gobierno". Aún así, parte de lo que probablemente operó a su favor en las últimas generales quizá haya perdido peso relativo. "Gozaban de la virginidad de los nuevos y ahora ya no lo son". Eso hace pensar a no pocos estudiosos que la próxima campaña ya no se dirimirá tanto entre lo antiguo y lo moderno y que el eje central de la contienda volverá a ser el de siempre: izquierda-derecha.

Nadie duda, en principio, de que Podemos y Ciudadanos hayan llegado para quedarse. "Lo que no sabemos -admite el catedrático de Ciencia Política y expresidente del CIS Fernando Vallespín- es con qué fuerza relativa". El comportamiento electoral de estas dos formaciones es, hoy por hoy, el más difícil de vaticinar para los expertos. "Los nuevos siempre tienen un voto menos leal, también porque los partidos que surgen ahora no son como los partidos de hace treinta años que implicaban muchos más aspectos de la vida de cada uno y votarles era casi compartir una visión del mundo; ahora tenemos muchas identidades y nadie se casa con nadie", apunta José Fernández Albertos, politólogo del CSIC y doctor por Harvard.

El perfil de los votantes de las formaciones emergidas en los dos últimos años es también un factor a tener en cuenta. Son de media más jóvenes que los de PP y PSOE -de hecho, Podemos y Ciudadanos son primera y segunda fuerza entre los menores de 45 años, según indica el estudio postelectoral publicado por el CIS esta misma semana-, tienen mayor implantación en zonas urbanas y estudios superiores. Es gente interesada en la política. En cierto modo su voto puede interpretarse como voto protesta y es más volátil y menos predeterminado que el de los votantes de más edad.

Vuelcos bruscos

"Estos partidos -abunda la directora de MyWord y también expresidente del CIS, Belén Barreiro- no tienen afianzado el voto; les afectan más los vaivenes del día a día, cualquier descubrimiento, cualquier información nueva que se tenga de ellos siempre puede producir mayores vuelcos electorales que en los partidos tradicionales, de los que se tiene una idea más asentada". Ahí reside, en parte, la explicación de que las encuestas favorezcan ahora a Ciudadanos y a Albert Rivera -en quien se ha visto un espíritu pactista- y castiguen a Pablo Iglesias, que, a juicio de los sociólogos consultados, ha cometido serios errores.

"Cuando llegas a cinco millones de votantes como le ocurrió a Podemos -dice Michavila- significa que ya has penetrado en un tipo de electorado que no te pide una eterna campaña electoral, un votante de una determinada ideología pero moderado que lo que está buscando es Gobierno y, en este caso, lo que estaban buscando era echar al PP. La mayoría de los votantes mayores de Podemos votaron a Felipe González y las señales que Iglesias ha lanzado, con la rueda de prensa del Rey, y lo de la 'cal viva', no han podido ser interpreradas precisamente como voluntad de pacto". En cierto modo, la búsqueda de una alianza con Izquierda Unida -esa formación a la que hace menos de un año Iglesias espetaba cosas como "os avergonzáis de vuestro país y de vuestro pueblo", "cuécete en tu salsa llena de estrellas rojas, pero no te acerques" o "no quiero cenizos políticos que en 25 años han sido incapaces de hacer nada"- es la mayor constatación de que su anhelo de construir un partido transversal capaz de ocupar el espacio tradicional del PSOE ha fracasado. "Y yo creo -añade Fernández Albertos- que es poco probable que vuelva a ser percibido de esa manera".

Tierra de nadie Con todo, la sensación general es que, siempre que se produzca la coalición, Podemos tiene más posibilidades de repetir sus resultados electorales que Ciudadanos, aunque sea ya desde una posición clara de izquierda extrema. "Si la campaña se polariza, y yo creo que eso intentarán tanto PP como Podemos, Rivera puede tener problemas", apunta Vallespín. Fernández Albertos coincide. Aunque sostiene que ni uno ni otro son "partidos de aluvión" y que sus bases sociales son "relativamente sólidas", cree que el votante de Ciudadanos, con menor carga ideológica, será más sensible al "voto estratégico". "En España es muy difícil estar en esa posición intermedia -remarca-. Ciudadanos cae muy bien, pero cuando la gente va a las urnas pretende garantizar su primera opción de Gobierno".

De hecho, eso es lo que, a su juicio, hizo que la expectativa de voto de Rivera cayera de manera tan abrupta en la anterior campaña y pasara de tener un 20% de estimación de voto en las encuestas a un 14%. Casi la mitad de los votantes de esta formación provienen del PP (dos de cada diez del PSOE) y ante un escenario de incertidumbre pueden caer en el impulso de decantarse por un "voto de orden". Aunque, como apunta Barreiro, el rechazo a Mariano Rajoy es elevado (entre el 15% y el 20%). "Lo interesante de estas elecciones es que, aunque son muy seguidas y, en principio, están dentro del mismo ciclo que las anteriores se da la opción al elector de reconsiderar su opción; habrá que ver si lo hace o no lo hace", dice la investigadora. La intuición y la experiencia dictan que no habrá grandes movimientos.

"Pero pequeños cambios pueden alterar el reparto de escaños en algunas provincias", matiza Michavila. Otra clave será la movilización. Se ha asumido que aumentará considerablemente la abstención y, a juicio de Fernández Albertos, eso debería perjudicar a PSOE y Podemos, por el perfil de buena parte de sus votantes (un tercio de los de la formación de Iglesias son antiguos abstencionistas que "se pueden apagar con relativa facilidad"). Sin embargo, tanto él como el resto de sociólogos consultados para este artículo, creen que aunque las fechas sean 'malas' y sobrevuele un cierto clima de "desencanto", tampoco se producirá un "hundimiento" de la participación. Al fin y al cabo, la afluencia a las urnas en diciembre tampoco fue estratosférica, sobre todo, para lo que se esperaba. Se quedó en un 73,2%, en la parte alta de la tabla, pero no batió récord alguno. Ahora, quizá no llegue al 70%.
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