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CATALUÑA

La unidad del independentismo se resquebraja a los tres meses de la investidura de Puigdemont

CDC y ERC se miran con recelo, mientras Junts pel Sí y la CUP se preparan para la gran prueba de fuego de los presupuestos

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

EFE
Actualizada 11/04/2016 a las 12:36
  • COLPISA
Nunca el independentismo catalán ha tenido tanta fuerza. Por primera vez hay en Cataluña un Gobierno inequívocamente secesionista, que se sustenta en una mayoría absoluta de 72 diputados (sobre 135). Tras la renuncia de Artur Mas, Junts pel Sí y la CUP dejaron atrás sus enormes diferencias y sellaron un pacto de legislatura, que permitió la investidura de Carles Puigdemont y puso en marcha una carrera de 18 meses hacia la independencia.

Sin embargo, a las primeras de cambio, esa unidad tantas veces invocada como el gran activo del proceso, está hoy en peligro tres meses después de la investidura del presidente de la Generalitat.

La victoria del independentismo en el 27-S no fue tan holgada como vendieron sus dirigentes en un primer momento y como consecuencia de ese resultado, que no da ni de lejos para aprobar, por ejemplo, una reforma estatutaria, Junts pel Sí y la CUP se han enfrascado en una lucha sin cuartel, que ha hecho aflorar serias discrepancias. No solo en la hoja de ruta para la independencia, también en el ritmo que debe seguir el proceso.

La CUP quiere acciones concretas de ruptura y exige a Puigdemont que lo haga antes del 10 de enero, mientras que Junts pel Sí prefiere ir paso a paso: quiere hacer una tortilla sin romper los huevos, según señala gráficamente un diputado de la oposición de izquierdas. Fuentes de la CUP acusan a CDC y ERC de no tenerlo claro y de conducir con el freno de mano echado, de ahí que los anticapitalistas hayan decidido tensar la alianza: han lanzado un ultimátum para que haya pasos de ruptura antes de nueve meses y han impulsado una moción de desconexión para mantener la vigencia de la declaración independentista aprobada por la Cámara catalana el pasado 9-N y que fue anulada por el Constitucional.

La moción se aprobó el jueves. Junts pel Sí pidió a la CUP que modificara el texto para adaptarla a la legalidad. Los anticapitalistas no querían y buscaban acelerar el proceso y que CDC y ERC quedaran retratados. Al final, la CUP accedió a rebajar el contenido y Junts pel Sí aprobó la declaración, por el bien de la unidad.

Pero fue un primer choque, que supone un mero aperitivo del que se espera en julio, que es cuando la Generalitat pretende aprobar los presupuestos que llevará a la Cámara a finales de mayo. Como con la investidura del presidente de la Generalitat, la CUP decidirá su posición en una consulta entre su militancia. Si no apoya las cuentas de Oriol Junqueras, presionado por Montoro, hará saltar por los aires el pacto de estabilidad.

Reproches mutuos Artur Mas recuerda casi todas las semanas a los anticapitalistas que si no facilitan la aprobación de las cuentas públicas, se acabará la legislatura y el acuerdo estará roto. Incluso Oriol Junqueras se ha abonado a esta tesis y esta semana ha abierto la puerta a acordar los presupuestos con Catalunya Sí que es Pot o el PSC. Pero a Junts pel Sí y la CUP no solo les distancian la economía o la agenda del Gobierno. Existe un componente personal de desconfianza e incluso desprecio.

No hay que olvidar cómo se gestó el pacto al que llegaron para ir de la mano hacia la independencia. La CUP vendió muy caro su apoyo y solo cedió cuando se aseguró la cabeza de Artur Mas, al que envió a la "papelera de la historia", según la definición que hicieron los propios anticapitalistas. La alianza nació con duros reproches mutuos y aquellas diferencias salen a la superficie de manera permanente.

Entre CDC y ERC las aguas tampoco bajan nada tranquilas. Al poco de jurar su cargo, Puigdemont afirmó que no habría declaración unilateral de la secesión en esta legislatura. Esquerra montó en cólera y recordó a sus socios que el programa con el que habían concurrido a las elecciones sí incluía dicha proclamación, antes de las elecciones constituyentes previstas tras los 18 meses de mandato. Los dos partidos se miran de reojo sin fiarse del todo el uno del otro.

Un ejemplo fue la reciente reunión que Oriol Junqueras tuvo con Pedro Sánchez, horas después de que el secretario general del PSOE acudiera al Palau de la Generalitat a entrevistarse con Carles Puigdemont.

Junqueras no informó a Puigdemont y el jefe del Ejecutivo se lo reprochó haciendo público que se había enterado de la reunión a través de la prensa. Esos recelos evitarán que CDC y ERC vayan juntos en una coalición en caso de que haya nuevas elecciones generales: porque el objetivo de la secesión no les une tanto como para dejar de considerarse adversarios.
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