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Europa

La Unión Europea sobrevive en 2018 a otro año de grave crisis existencial

El complicado acuerdo del brexit, el nuevo enemigo que representa el Gobierno italiano, las reformas en Hungría, Polonia y Rumanía, y la guerra comercial con EE UU han protagonizado el año

Matteo Salvini anuncia un censo de gitanos aunque
El vicepresidente y ministro de Interior de Italia.
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  • EFE. Bruselas
Actualizada 11/12/2018 a las 15:10

La Unión Europea ha sobrevivido este 2018 a otro año de grave crisis existencial protagonizado por el complicado acuerdo del brexit, el nuevo enemigo en casa que representa el Gobierno italiano, las cuestionadas reformas en Hungría, Polonia y Rumanía, así como la guerra comercial con EE UU.

A mediados de noviembre, y tras meses de un tira y afloja que parecía no llevar a ninguna parte, los negociadores de la UE y el Reino Unido alcanzaron un acuerdo sobre la retirada británica del club comunitario que después respaldaron los líderes de los Veintisiete en una cumbre extraordinaria.

Antes del respaldo de los mandatarios de los países que seguirán en la UE tras el "brexit", España manifestó su descontento e incluso amenazó con oponerse al pacto de salida porque, según Madrid, no daba garantías jurídicas suficientes de que el Ejecutivo español tendría la última palabra en cualquier acuerdo sobre la futura relación con Gibraltar.

Por otro lado, las elecciones de Italia auparon al nuevo Gobierno a los euroescépticos de la Liga, un nuevo ejecutivo que le ha declarado la guerra a Bruselas en asuntos como la inmigración o la soberanía presupuestaria y sitúa al país transalpino en el nuevo caballo de Troya comunitario cuando aún no se ha consumado el brexit.

En la última parte del año, Italia entró en disputa con la Comisión Europea al negarse a cambiar su plan presupuestario para 2019, que viola las normas comunitarias de disciplina fiscal porque no cumple con el ajuste del déficit ni con la reducción de deuda que exige Bruselas.

En una decisión sin precedentes, la CE rechazó las cuentas italianas y recibió el apoyo de los países de la UE para expedientar al país por su elevada deuda.

Como Roma, tampoco pasan por su mejor momento de relaciones Bucarest, Budapest y Varsovia.

En vísperas de la asunción por Rumanía de su presidencia rotatoria de la Unión Europea, el 1 de enero de 2019, el Gobierno de centroizquierda del país desafió a Bruselas con una controvertida reforma judicial que beneficiaría a numerosos políticos investigados por corrupción.

También en septiembre el Parlamento Europeo llamó a aplicar el artículo 7 a Hungría por la débil salud de su Estado de Derecho y separación de poderes, aunque en el Consejo se resisten por ahora a penalizar las reformas llevadas a cabo por el primer ministro Viktor Orbán.

Asimismo, Bruselas mantiene un pulso con Varsovia por su reforma del Tribunal Supremo que ha provocado un debate ciudadano sobre una hipotética salida de Polonia de la UE, bautizada en medios como "Polexit".

Por otro lado, este 2018 fue el año de la confirmación de la disputa comercial entre la UE y EE UU por los aranceles estadounidenses al acero y el aluminio, que terminó con la UE manteniendo activos sus propios gravámenes como contrapartida.

En julio, eso sí, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, viajó a Washington para rebajar las tensiones comerciales y consiguió al menos convencer a Donald Trump de que no siguiera adelante con su intención de gravar las importaciones de coches europeos con un arancel del 20 %.

Los socios europeos de la OTAN y el presidente estadounidense también vieron enfriadas sus relaciones por las contribuciones al presupuesto de la Alianza que Trump considera insuficientes.

Lejos de achicarse ante las críticas, el eje franco-alemán que todavía conforman el presidente francés Emmanuel Macron y la canciller alemana Angela Merkel abogaron públicamente por poner en marcha un ejército europeo "complementario" a la OTAN.

El anuncio del próximo paso a un lado de la política de la canciller representa también es un hito en la historia comunitaria, a la que Merkel ha contribuido en gran medida para la búsqueda de consensos en el Consejo no solo los últimos doce meses, sino también desde hace más de una década.

Diez años después de la explosión de la gran crisis económica que afectó a la eurozona y alimentó tanto el brexit como los populismos que ahora han llegado a varios de sus gobiernos nacionales, la Unión Europea sigue sumida en un periodo complicado y con un euroescepticismo creciente que medirán las elecciones europeas del año próximo.


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