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ESTADOS UNIDOS

Trump anula la apertura con Cuba

El presidente tumba "con efecto inmediato" las medidas adoptadas por Obama para normalizar las relaciones con la isla

Ampliar Una mujer observa el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su vivienda en La Habana (Cuba).
Una mujer observa el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su vivienda en La Habana (Cuba).
  • Colpisa. Nueva York
Actualizado el 17/06/2017 a las 11:50
Como de costumbre, parco en detalles y rotundo en el mensaje, Donald Trump anunció en Miami que cancela "con efecto inmediato" las históricas medidas del Gobierno de Obama para normalizar las relaciones con Cuba. Por el momento seguirá abierta la embajada y continuarán los vuelos comerciales, pero quienes los usen para hacer turismo o negocios se enfrentan a la incertidumbre legal.
Los congregados en el Teatro Manuel Artime de La Pequeña Habana, por estricta invitación, le aplaudieron como a un héroe. El sermón era para ellos. Trump está en campaña de reelección desde el día en que descubrió que había perdido el voto popular. Su ego necesita una victoria a lo grande para pasar a la historia y Florida es la antesala electoral de la Casa Blanca. En este Estado de ricos latinoamericanos en el que tiene una mansión y un club de golf, las nuevas generaciones agradecieron la apertura de Obama hacia la isla, pero por su desidia electoral no son las que dan réditos políticos. Electoralmente el bloque organizado es el ala dura que le aplaudía en el teatro bautizado en honor a unos de los líderes del desembarco de Bahía de Cochinos. Los que todavía no han perdonado la traición de Kennedy en esa invasión, ni han logrado descansar con la muerte de Fidel Castro.
Aquellos con familiares en Cuba se librarán de las nuevas restricciones y podrán seguir viajando a la isla y enviando remesas. Son el resto de los estadounidenses que en los últimos ocho meses desbordaban los vuelos recién inaugurados los que a partir de ahora tendrán que repensar sus vacaciones. Trump ha prometido que la nueva política consistirá en "hacer cumplir la ley". Una amenaza a los viajeros a los que hasta ahora se ofrecía con toda laxitud doce categorías para justificar su viaje sin necesidad de formar parte de un grupo organizado. Algunas, como la de "apoyar al pueblo cubano", ofrecía cobertura a cualquiera. En teoría, los que se acogían a esas exenciones del Tesoro tenían que documentar cuidadosamente su viaje y guardar todos los recibos, pero jamás se supo de nadie que los necesitase. Si se cumple la amenaza de Trump ahora pueden esperar una auditoría y represalias oficiales, por no hablar de la reacción de los agentes de inmigración al reentrar a Estados Unidos.
DEMANDA CRECIENTE
El 75% de los norteamericanos y el 60% de los republicanos están en contra de que el Gobierno imponga restricciones a su libertad de viajar. La flexibilización de Obama desató una explosión de turistas estadounidenses en Cuba que suplió el fin del suministro venezolano. Antes del deshielo los estadounidenses suponían menos de 100.000 al año, mientras que para finales de este año se esperaban más de 400.000. Alojar esa creciente demanda en un país sin infraestructura no era fácil. El Gobierno cubano abrió la mano con las empresas extranjeras a las que otorgó nuevas concesiones por doquier. Starwood, Marriott y Sheraton fueron las primeras estadounidenses en recibir autorización del Tesoro para operar hoteles. El anuncio de Trump deja abierta la puerta a las empresas para seguir tratando directamente con el pueblo cubano, como hace Air B&B al mediar para alquilar sus casas, pero prohibe hacer negocios con los militares y servicios de inteligencia. Eso afecta directamente al llamado Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), que opera el 60% de la economía cubana a través de hoteles, restaurantes, supermercados y una infinidad de negocios gubernamentales.
En el aire quedan también los 23 acuerdos bilaterales que la Administración anterior había firmado con sus contraparte cubana en estos dos años y medio. La última de sus medidas, anunciada una semana antes de transferir a Trump el poder, puso fin a la política de pies mojados por la que todos los cubanos que pisaban suelo estadounidense recibían asilo político, lo que les alentaba a tirarse al mar. El magnate que en el pasado también intentó hacer negocios con Cuba dijo ayer que a estos "habrá que ayudarlos", pero no mencionó que se revierta esa decisión. La esperanza de que acabe el embargo es ahora más quimera que nunca, condicionada a que "se liberen todos los prisioneros políticos, haya libertad de asamblea y de expresión, se legalicen todos los partidos políticos y se ponga fecha a elecciones libres supervisadas internacionalmente", demandó Trump.
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