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ESTADOS UNIDOS ELECCIONES 2016

¿Por qué ha ganado Trump?

El nuevo presidente ha vencido con una campaña atípica basada en los valores más reaccionarios de la América profunda

Una mujer muestra carteles de apoyo a Donald Trump.

Una mujer muestra carteles de apoyo a Donald Trump.

EL CORREO
Imagen promocional del 'reality' de Donald Trump.

Imagen promocional del 'reality' de Donald Trump.

Imagen de la histórica bandera confederada prohibida en Estados Unidos el año pasado.

Imagen de la histórica bandera confederada prohibida en Estados Unidos el año pasado.

Actualizada 09/11/2016 a las 11:19
  • ÓSCAR B.DE OTÁLORA.

Donald Trump ha conseguido la victoria electoral a lomos de una campaña atípica y radical en la que ha sabido alzarse con el voto enfadado de las antiguas clases medias -descapitalizadas por la crisis económica- así como encarnar los valores más reaccionarios de la 'América profunda', que habían sido puestos en entredicho por algunas actuaciones del presidente Obama, en cuyo mandato se encuentra la actual polarización de la sociedad norteamericana en la que Trump se ha movido como pez en el agua.

Además, el magnate, entrenado en un 'reality' televisivo y adalid de lo políticamente incorrecto, ha sabido condicionar la campaña electoral con sus exabruptos. Estas son algunas de las claves de su victoria:

HUNDIMIENTO DE LA CLASE MEDIA

En julio de este año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) alertaba de que el 40% de los norteamericanos se puede considerar clase baja pese a que cuenta con un puesto de trabajo y describía una sociedad en la que uno de cada siete americanos vive en condiciones de pobreza.

Este estudio no era sino una continuación de otros elaborados por 'think tanks' norteamericanos en los que se ponía el énfasis en la destrucción de la clase media a consecuencia de la crisis económica y, en especial, a la destrucción del sistema financiero estadounidense a raíz del hundimiento de los grandes bancos norteamericanos.

El ejemplo más palmario de este desastre es la ciudad de Detroit, en el Estado de Michigan, donde más de la mitad de la población ha votado a Trump. Esta capital, la mayor del mundo en cuanto a la industria del motor, ha pasado en cuatro décadas de tener el mayor ingreso per cápita de Estados Unidos a estar en quiebra y ser una urbe fantasma. Trump encarna en este sentido, las reflexiones y los valores de los denominado 'blue collars' -un término que se refiere a los cuellos azules de los buzos de los trabajadores de la gran industria- frente a los 'white collars' que se asocian a los empleados de la banca o las élites, a quienes se atribuye el origen de la quiebra económica por sus maquinaciones desde los grandes bancos.

Cuando el FMI presentó su informe sobre la clase media estadounidense ya avisó de lo que se avecinaba con esta frase: "La desigualdad alimenta los populismos".

PALADÍN DE LO POLÍTICAMENTE INCORRECTO

Trump ha creado un relato alrededor de lo 'políticamente incorrecto', considerado como aquello que piensa la mayoría de la población pero no se atreve a verbalizar. En Estados Unidos, esta actitud implica elaborar un discurso alrededor de los valores más reaccionarios como los que son mayoría en el denominado 'cinturón bíblico' de Texas -donde la religión y la política están interrelacionadas en cuestión de moralidad pública, por ejemplo- o los valores racistas de los estados sureños. Trump ha contado con el apoyo de la denominada 'Alt right' (derecha alternativa), un movimiento surgido de la ultraderecha más reaccionaria y ha contado con apoyos hasta ahora impensables para un candidato a la presidencia como el Ku Kux Klan.

Este extremismo se ha traducido en sus mensajes contra los inmigrantes latinos, los musulmanes o los propios liberales norteamericanos. Hasta ahora, ningún candidato republicano se había atrevido siquiera a rozar a estos grupos de presión pero Trump y su equipo no han tenido problemas en tontear con estos colectivos y, desde luego, en apropiarse de algunos de sus mensajes. Se trata de sectores que han aceptado sin tapujos el mensaje misógino o racista del magnate.

IMAGEN PROMOCIONAL DE 'REALITY'

Donald Trump no sólo es un multimillonario del sector inmobiliario estadounidense. En 2004 consiguió cierto estrellato gracias a su 'reality' televisivo 'El aprendiz', en el que seleccionaba a jóvenes y les aconsejaba sobre cómo llevar a cabo una carrera de éxito. En el programa Trump se reveló como un personaje mediático potente, capaz de manejar mensajes contundentes y sencillos, de gran impacto, sin necesidad de buscar profundidad. Con 'El aprendiz', Trump se convirtió en un ídolo televisivo, algo que le permitió romper con el rol de magnate, en muchos casos implicado en quiebras, y entró en miles de hogares estadounidenses como el hombre al que había a escuchar para triunfar.

Trump ha demostrado que ha sabido aplicar el mensaje televisivo a la campaña política. Ha sabido ser el eje de los discursos con sus salidas de tono y situarse en el centro de la atención.

Además, ha identificado perfectamente a quién atacar -los liberales de Hollywood, por ejemplo, que en muchos sectores radicales de la derecha social norteamericana están visto como ejemplos de la corrupción moral del país- con lo que conseguía no solo que se visualice su mensaje más duro sino que se multiplique al utilizar a las estrellas como Cher o estrellas televisivas -uno de sus dianas favoritas- como multiplicador de su discurso. Muchos medios de comunicación norteamericanos que han apoyado a Hillary Clinton se han arrepentido de no haberse tomado en serio la candidatura de Trump -algunos de ellos como el Huffintong Post la relegaron a la sección de espectáculos- hasta que ya era tarde y su mensaje había calado.

Consciente de su popularidad, Trump se atrevió a afirmar a comienzos de año: "Tengo a la gente más leal, ¿alguna vez habéis visto algo así? Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes".

LA DIVISIÓN SOCIAL QUE TRAJO OBAMA 

El presidente Barack Obama ha puesto en marcha durante su mandato algunas de las políticas más conflictivas de las últimas décadas en Estados Unidos. Una de ellas, por ejemplo, es el denominado 'Obamacare' -o extensión de la política sanitaria a capas sociales que hasta ahora estaban excluidas del sistema-. Esta iniciativa aprobada en 2010 creó una fuerte división social que llegó a trasladarse al Tribunal Constitucional, donde la ley fue aprobada con cinco votos a favor y cuatro en contra. Pero muchas actuaciones de Obama han generado también una fuerte discusión interna como por ejemplo, la normalización de las relaciones políticas con Cuba, considerado la bestia roja del Caribe, o con Irán.

Ambas, llevadas a cabo sin una pedagogía que haya permitido a la población estadounidense entender como el eje del mal se convertía en un actor no hostil de la política internacional. En Florida, el Estado con una mayor comunidad de cubanos huidos de la dictadura castrista, Trump ha vencido. Hillary Clinton, que fue Secretaria de Estado del presidente Obama, no sólo defendía estas políticas sino que formó parte del Gobierno que las impulsó.

Pero bajo el mandato de Obama se han producido también algunos hechos simbólicos que han marcado la política norteamericana en Estados donde ha ganado Trump. El año pasado, el Tribunal Supremo consideró ilegal la bandera confederada -que representa a los derrotados en la Guerra de Secesión estadounidense y a sus valores racistas- lo que creó un malestar en los sectores blancos de la sociedad. Hasta ese momento, ningún presidente norteamericano -ni siquiera Kennedy cuando defendió la integración de los colectivos negros en el sistema educativo- se había atrevido a impulsar una acción judicial contra esa bandera.

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