Jesús Nieva, el maestro que echó a volar su vocación

Hace tres décadas ya era el maestro joven, empático y apasionado que lograba no solo contagiarnos la pasión por los libros en sus clases, sino que era capaz de atraer a los alumnos lo mismo a las charlas informales que se organizaban en su despacho que a una obra de teatro o a una excursión de fin de semana. Así es como recuerdo en mis años de bachiller a Jesús Nieva Ozcoz quien, fruto de sus vivencias como profesor de Literatura durante toda una vida, acaba de publicar ‘Alas de mariposa’, un hermoso y necesario homenaje a la figura del maestro y al arte de educar.

Sopa de Letras: ¿Cuánto de autobiográfico hay en esta novela, Jesús?
Jesús Nieva: Casi todo es autobiográfico. No lo son los cuentos que abren cada capítulo, ni las frases motivadoras que se intercalan. La historia del profesor y de los casos de los alumnos lo son, junto con las experiencias, las vivencias y las reflexiones. Digamos que es el alma y el corazón de Jesús Nieva que evoluciona y se va llenando con el alma y el corazón de los chicos. Eso la hace tan real y emocionante, supongo.

SDL: Hay algo muy bello en el título de la novela, ‘Alas de mariposa’ que a mí me lleva a pensar en lo delicado, en el detalle, pero también en la fragilidad de la belleza. ¿Cuándo se te ocurrió titularla así y por qué, en última instancia?
JN: Quizás es lo único claro que tenía desde el principio. Trabajábamos en clase con el corto “El circo de la mariposa”, un film de motivación con el que llorábamos cada vez que lo veíamos. Alguien me comparó con el director de ese circo y un día una chica me pidió colocar las manos abiertas para sacar una fotografía con la que hizo un cuadro que cuelga de mi despacho. Mis manos en blanco y negro, abiertas echaban a volar una hermosa mariposa en color. Me pareció la imagen perfecta del símbolo de la educación. Muchos adolescentes atraviesan momentos muy difíciles en los que pierden la fe en sí mismos y solo ven el gusanito que hay en ellos, sin saber que mutarán en hermosa mariposa, que lo tienen todo para hacerlo; de ahí la primera frase del libro: “Cuando creía que mi mundo se extinguía, me convertí en mariposa”. Es el despertar a una vida en la que se descubre la grandeza que hay dentro de cada ser y que no hay límites para quien llega a creer en sí mismo.

SDL: Hay que sentir muy adentro la enseñanza y la educación para ser capaz de plasmarlo con tanta sensibilidad y profundidad en cada página de este libro. ¿Cuál es el objetivo último de la novela?
JN: En esta novela, más que la literariedad, he buscado sensibilizar a la sociedad sobre la grandeza de la educación, del Maestro con mayúsculas. Es un homenaje a la tarea diaria con los chicos a quienes se entrega la vida propia para su realización personal en valores. Que reconozcan que no somos únicamente trasmisores de conocimientos, sino del gran valor de la vida que es formar personas para que sean portadores de felicidad a través del servicio. Sí pedimos la excelencia, porque la sociedad necesita profesionales excelentes, pero ni las notas ni los títulos proporcionan esa formación. Es la pasión por el trabajo bien hecho y reconocer en los demás el objeto de mi formación y mi trabajo. Eso cambiará la sociedad. Los maestros no cambiamos el mundo, educamos a quienes van a cambiarlo.

SDL: Y para llegar a ese objetivo, nos ofreces un repaso por el fascinante mundo de la educación a través de distintos capítulos que abordan aspectos y sucesos reales como la vida misma… ¿cuáles destacarías?
JN: La propia evolución del maestro es en sí un mundo fascinante. Quizás en mi caso es más notorio porque atravesé todas las etapas posibles de coordinador, jefe de estudios, director en tiempo record y acabé pagándolo. Es una historia muy real que tiene la gloria del ascenso y el descenso a los infiernos con la recuperación física y mental. No todo es maravilloso en el libro. Es muy real. A su vez están las historias de los chicos con diversos problemas y vivencias: el chico que vive la tragedia de la pérdida de su madre enferma de cáncer, la chica bulímica, el chico que padece un caso severo de bullying, la chica con una relación tóxica etc. Son vidas reales que se cruzan con otras personas a través del colegio, del grupo de teatro, de las aulas y cómo se produce su recuperación y gracias a qué.

SDL: Cada capítulo está introducido por un cuento, a modo de guía. ¿Cómo se te ocurrió esta idea?
JN: Quería que la lectura fuese dinámica y que el lector sintiese una gran variedad de emociones. Muchas veces había leído cuentos motivadores en clase y me encantaba el impacto que causaba en los jóvenes. Así que quise darle variedad al género narrativo con esos cuentos que sirviesen de guía a cada capítulo. Frases, cuento, vivencias del educador y la historia del alumno en simbiosis para conseguir llegar mejor al corazón del lector. Probé y me gustó. No es una novela al uso con un único género y me gusta porque toca muchos aspectos que el lector agradece en diversidad. Digamos que el mismo mensaje te llega con múltiples sensaciones y te acaba atrapando como la tela de araña. Es como una sinfonía donde cada instrumento se coordina con los demás para una única melodía. Si he conseguido ese efecto, es algo que deberá juzgar el lector.

SDL: ¿Qué significa para ti enseñar y qué engloba la idea de “vida colegial”?
JN: Enseñar, respecto del oficio de un maestro, es un ejercicio muy completo en el que nunca dejas de aprender. Queda claro en la novela que al principio crees que es trasmitir conocimientos y te preocupa mucho el respeto; después dejas de poner el foco en ti mismo y ves que lo único importante es el joven con quien compartes la vida colegial. Y empieza un proceso de entrega vital donde la clase es solo parte de esa trasmisión de valores. Comprendes que la persona está por encima de notas y resultados académicos y que no se puede deslindar lo emocional de lo académico porque el resultado sería muy pobre. Digamos que al final no enseñas lo que dices, ni siquiera lo que haces, enseñas lo que eres. “La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón” (Howard G. Hendricks) es una de mis frases favoritas de “Alas de mariposa”. La vida colegial es la que se desarrolla del modo adecuado para que esa trasmisión de valores que llega al corazón pueda producirse: clase, pasillos, despacho, teatro…

Jesús Nieva Ozcoz, en su despacho del colegio San Francisco Javier de Tudela, donde es profesor de Literatura.

SDL: En el personaje protagonista de la novela hay cierta nostalgia, de forma explícita porque llega la jubilación… toda una vida dedicado a la enseñanza, casi como tú mismo, Jesús.
JN: Mucha gente me pregunta si ya estoy jubilado. Es un ejercicio literario que favorece esa nostalgia. No, gracias a Dios me quedan unos años en los que estoy disfrutando de verdad. Nunca me había ocurrido, por ejemplo, como este año, que después de una hora explicando a Antonio Machado y sin previo aviso, los alumnos arranquen a aplaudir. Es una sensación extraña. Puede que en ese reconocimiento tenga mucho que ver esta novela y cuanto en ella se dice, pero a los maestros jóvenes hay que decirles que merece la pena el esfuerzo. Y el reconocimiento no es directamente proporcional al esfuerzo. Son muchos años de trabajo en los que crees que lo das todo y a veces no llegas a todos los chicos, o no llegas del modo que tú crees que mereces, pero lo que un maestro no puede hacer es caer en el desánimo, bajar los brazos o creer que los chicos son unos desagradecidos. Si algo hay seguro en este oficio es que los alumnos te van a fallar. Son adolescentes que están aprendiendo y a veces se equivocan. Nosotros somos los adultos que permanecemos fieles a nuestras ideas y a esa entrega sin desánimo. Al día siguiente es vida nueva, y vuelta a empezar a darlo todo. Tras una vida así ¿Quién no sentiría nostalgia?

SDL: Pero hay algo más. ¿Podemos leer entre líneas que esa nostalgia hace también referencia a otros tiempos y una época ya pasada en que la educación era algo más sencillo que hoy en día?
JN: Eso es algo que suelen decir los adultos, los antiguos alumnos cuando vienen. No era más sencilla. Era distinta. Los problemas disciplinarios eran más relevantes hace unos años que ahora. No obstante el chico de ahora demanda una atención distinta, es quizás menos independiente y está sometido a muchos más riesgos que cuando empecé por los años ochenta. La sociedad era más simple, no mejor, más uniforme y previsible. Probablemente el hecho de que fuese café con leche para todos provocaba esa visión simplista, mientras ahora la atención a la diversidad y a toda la complejidad de problemas personales complica las cosas. No obstante, el cariño del chico actual es algo maravilloso. Son jóvenes cuyo corazón es accesible y eso facilita las cosas. En la novela defiendo mucho a los adolescentes y ellos digamos que corresponden.

SDL: El grupo de teatro. Una línea conductora para hablar de la vida. ¿Qué ha significado para ti también en tu andadura profesional el grupo de teatro del colegio?
JN: No puedo hablar del colegio sin hablar del teatro. Empecé mi primer año y ahí sigo. Es el mejor ejemplo de trabajo por proyectos en un centro educativo. Chicos de todas las edades juntos trabajando con lo que cada cual es y ofreciendo a los demás sus valores, más allá de resultados académicos: actores, apuntadoras, vestuario y maquillaje, escenografía, imagen y sonido, tecnología, decorados…todos tienen su sitio. Es como la vida y hay una serie de normas no escritas de buen ambiente, de ayuda mutua, de confidencia que acaba en amistad eterna. Tardes, recreos, fines de semana… unen mucho. Puedo presumir de grandísimas amistades surgidas del teatro, pero también personas que se identifican como alumnos de ese centro con un cariño más allá de lo escolar. Siempre será su centro porque las vivencias son enormes. Además, muchos de los casos de chicos con problemas que cuento en la novela se han recuperado o al menos aliviado en el ámbito del teatro. Antes de arreglar las paredes del escenario había pintadas de chicos y en una de ellas alguien escribió “Sin teatro no hay vida.” Este año, en la presentación de la novela, uno de los protagonistas levantó la mano y nos emocionó a todos diciéndonos que antes del teatro jamás había tenido amigos. Os podéis hacer una idea de lo que supone para nosotros.

Jesús Nieva, de pie a la derecha, en una función del grupo de teatro del colegio.

SDL: Si tuvieras que destacar lo más gratificante y lo más difícil de la profesión de educador, ¿qué dirías?
JN: No quiero ser simplista, pero todo se puede reducir, lisa y llanamente a las personas. Muchas veces les recuerdo a los chicos que no se dejen engañar por la sociedad que les dirá que la felicidad se obtiene con notas, títulos, resultados, trabajo, dinero etc. La felicidad solo la encontramos a través de las personas con las que compartimos nuestra vida. Así que, lo más gratificante son las personas con las que trabajas. La dirección es importante, los compañeros, los alumnos, las familias. ¿Lo más difícil? Saber disfrutar y encontrar la felicidad en la dirección, los compañeros, los alumnos y las familias. Creo que queda muy claro en la novela. Cuento mi ascenso a los cielos y el descenso a los infiernos y es algo que ocurrió a través de las personas. No me quedé ahí y vuelves a remontar para levantarte mejor aún.
Si alguien cree que lo difícil es la lucha contra el sistema educativo, dominar la materia, conseguir el respeto o que los alumnos aprendan más o menos, se equivocan. Este oficio va de otra cosa. Va de que los alumnos crean en su grandeza y que la felicidad llegará a través de su formación integral puesta al servicio de la sociedad.

SDL: ¿A quién recomendarías el libro?
JN: Lo recomienda la web nacional de educación (Educación 3.0) para padres, educadores y alumnos. Creo que eso nos incluye a todos. Sinceramente, las emociones que trasmite las pueden sentir todos. He dado charlas a chicos de secundaria y han llorado. Las familias me han solicitado tertulias para hablar de educación y los educadores sienten algo muy especial dentro, así que…

SDL: Tus anteriores publicaciones tenían más que ver con la novela de aventuras. ¿Por qué este giro?
JN: A la presentación de la segunda novela vino mi editor, Ricardo Artola, de Arzalia, desde Madrid. Vio el ambiente del colegio, el despacho lleno de cuadros con los chicos del teatro y numerosos objetos que decoraban las estanterías. Comprobó el cariño de los chicos y cenando me pidió que escribiese sobre esta otra aventura que es la educación. Me dijo que el mercado está lleno de novelistas históricos muy buenos pero “eso” no lo había visto. Quería mi alma de maestro. Le puse muchas pegas porque me pedía algo muy difícil, pero insistió una y otra vez hasta que decidí probar. Escribir sobre uno mismo y sobre los casos reales es muy complejo y no debe ser monótono, así que diseñé el método de la introducción de los cuentos y las frases motivadoras, a la par que me puse a contactar con personas para ver si accedían a formar parte viva de este proyecto. Todos me dieron su aprobación y además me agradecieron mucho que me acordara de ellos. Viví momentos muy emotivos recordando sucesos y lloramos juntos. Aquellas sensaciones me indicaron que estaba en el buen camino. Si yo vivía todas esas emociones, las podía hacer sentir a los lectores también.

SDL: Vinculado a la literatura y a los libros desde siempre, ¿en qué momento decidiste dar el salto y publicar?
JN: Viví una larga temporada de enfermedad, que se cuenta en la novela, al terminar la dirección en el colegio. Leí mucho y fruto de aquellas lecturas fueron algunos relatos premiados. Concretamente uno de ellos me gustó para continuar el camino de la novela. Era como un ejercicio que me entretenía. Ocho años después, con la novela acabada, quise probar si podía salir al mercado. Escribí a cien editoriales y recibí respuesta de diecisiete. Fuimos hablando y al final tuve la suerte de recibir la llamada de Ricardo Artola, a quien tanto le debo, que puso su fe en mí y aquí sigo con él en una nueva editorial con un proyecto distinto. Soy yo el que se fía totalmente de su buen hacer y profesionalidad.

SDL: ¿Cuándo podremos escucharte en las próximas presentaciones que tienes en agenda?
JN: Muy pronto. Estaremos en “El Corte Inglés” en Pamplona el próximo 15 de febrero a las 19’30 horas, presentado por una magnífica escritora como es Tadea Lizarbe. El día 22 de febrero estaré en Palencia y para los tudelanos que quieran acercarse, el 22 de marzo tendremos una tertulia en Letras a la Taza. Es un buen momento para compartir opiniones y experiencias porque habrá muchos lectores que ya habrán saboreado las emociones de este libro.

SDL: ¿Próximos proyectos literarios?
JN: Estoy pensándolo mucho. Esta novela exige una gran dedicación y todavía no he empezado nada más. Muchos antiguos alumnos me han escrito, me han enviado cartas y me piden que siga por este camino, que quedan bonitas historias y experiencias que contar, pero no quiero ser repetitivo. Si continúo por este camino quiero cambiar las técnicas literarias en un nuevo reto. De momento es solo una idea, aunque las cartas y las propuestas se acumulan en mi mente y en el escritorio.

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1 respuesta a Jesús Nieva, el maestro que echó a volar su vocación

  1. Miguel Nieva dijo:

    Maestro de los pies a la cabeza. Este libro esta lleno de humanidad y realidades ocultas. Bella exhibición de algo tan sencillo y a la vez difícil e importante que es la educación de las personas que harán futuro.
    Escritor que es capaz de definirnos su vida con la sensibilidad de su profesionalidad educativa.
    Persona enamorada de su dedicación y entregada a ser educador. Y persona sensible manifiestamente humana.
    Gran Libro. Mejor Autor.
    Gracias por educarnos.

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