En brazos de la poeta Fátima Frutos

Tiene nombre de milagro pastoril, pero ella en realidad es única, como indica la etimología árabe de su nombre; e intensa, como esas tormentas de verano que te pillan por sorpresa, dejándote a veces conmocionada por su fuerza y a veces también impresionada por su hondura y por su luz. Fátima Frutos es una de las personas más cultas, generosas y valientes que conozco, y esta semana se sienta con nosotros en la intimidad del blog para presentarnos su nuevo poemario titulado ‘En brazos de la belleza’ (Ediciones Eunate) y para hablarnos de su amor por la poesía, por el arte y por la vida.

Sopa de Letras: ¿Cómo definirías este nuevo libro?

Fátima Frutos: Como un homenaje al mundo del arte, a las obras de arte que me han llamado la atención en este último lustro y como un acercamiento a la poesía rusa, en especial a Marina Tsvatáieva.

SDL: ¿Qué tiene en común con el resto de tu obra?

FF: Como ya se sabe, pivoto en mi obra poética sobre dos grandes ejes, el eros y el tánatos, y por ello hay algún poema erótico (sonetos, más concretamente), además de poesía que habla de trascendencia y recuperación de la memoria histórica feminista. Pero como te he dicho, el hecho diferencial está en el acercamiento a artes hermanas con la poesía como la música o la arquitectura, y en versos que tratan de la tradición poética rusa.

SDL: Háblanos de los rasgos que vertebran este poemario.

FF: Me encontré de sopetón con la obra de Ramon Llull en Mallorca, de la mano de mi gran amigo Miguel Dalmau, biógrafo de los Goytisolo y de Gil de Biedma, y del filósofo Amador Vega y aquel encuentro supuso un schock para mí. A partir de ahí decidí vertebrar el libro en torno a conceptos de la obra luliana y centrarme en encajar las cuestiones que me interesaban del arte y de la literatura teniendo presente el legado de este enorme teólogo y escritor mallorquín, padre del catalán, por cierto. Siempre he intentado darle un carácter multicultural a mi trayectoria literaria y creo que este libro, en ese sentido, es el más acertado.

SDL: ¿En qué y en quién te has inspirado?

FF: En Pushkin, Yesenin, Gertrud Kolmar, Jovellanos, Lorca, Dalton, Goethe, en tantos y tantos autores y escritoras que le marcan a una el camino. Pero también en las personas que me rodean, en el cardiólogo que me trata, en el hombre al que amo, en las amigas que están al lado en los momentos difíciles, en los besos de mi hijo, en los paisajes marítimos, en tierras de pinares, en ríos como el Zapardiel o el Eresma, en la Catedral de Barcelona… En todas las cosas bellas que me he topado en estos años.

SDL: Aquí hay un trabajo madurado en el tiempo… ¿cómo ha sido el proceso?

FF: Bien, primero decidí rescatar versos que tenía escritos hace mucho tiempo, luego me puse a investigar sobre aquellas obras de arte que me habían conmovido, y en medio me topé con la poesía rusa y con la obra luliana. Han sido dos años de muchas lecturas, pero también de contemplación, de meditación, de agradecimiento a la gente que me hace sentir amada y bien. En definitiva, hay una labor de introspección, pero también de reconocimiento y admiración a todas las influencias con las que me he topado.

SDL: ¿Cuándo fue la primera vez que pensaste en escribirlo?¿Hubo un detonante?

FF: Decidí escribirlo estando en Mallorca con amigos, varios de ellos escritores, biógrafos, a alguno de ellos ya lo he mencionado. En una de esas tertulias de sobremesa en las que se empieza hablando de novelas, de trayectorias poéticas y se termina recitando a Alda Merini con una copa de cava y brindando. Ahí surgió: en uno de esos momentos en que das gracias a la vida de tener amigos con un potencial intelectual impresionante y estar en medio de un paisaje mediterráneo que es digno de los dioses…

SDL: ¿En qué se parece la Fátima Frutos de hoy a la que publicaba en 2008 su primer poemario?

FF: Sigo amando la poesía profundamente. Sigo viendo la poesía como la forma más innata y bella del ser humano para trascender a través del arte. Que a una le llamen poeta o poetisa, me da igual, es el mayor piropo que se le puede decir a una creadora. Escribir puede escribir cualquiera, pero hacer poesía es algo más sublime.

SDL: ¿Y qué queda de la niña que se enamoró de la poesía con los versos de su abuelo?

FF: De esa niña queda la capacidad de asombro, la curiosidad, la rapidez mental, la búsqueda de la belleza. O, como diría Simone Weill, la búsqueda de la verdad, que es lo mismo que la belleza. Toda verdad conlleva belleza y toda belleza produce asombro, sorpresa, conmoción.

SDL: Eres una romántica. Háblame del influjo del Romanticismo en tu obra.

FF: Pues, sorprendentemente, yo descubrí el Romanticismo en literatura -el alemán- siendo ya cuarentona. Una llega a Hölderlin, leyéndole en alemán en Heidelberg, y la vida te cambia. Piensas: ¿qué he hecho yo todo este tiempo sin conocer a este poeta? En el Romanticismo alemán está el paradigma de la sensibilidad, el historicismo y la técnica poética más pulida. Merece la pena estudiarlo. Y, en general, ¿a quién no le gusta sentirse amada con dedicación? Ser romántica es estar proclive a sentir y a disfrutar de ese sentimiento.

SDL: De todo se aprende, también del sufrimiento. Eres una luchadora y eso seguro que te ha dejado huellas… 

FF: Bueno, el sufrimiento, gracias a Dios, no es algo permanente en la vida. Va y viene. Y también se poseen dosis importantes de amor y gozo, de felicidad, en definitiva. La orfandad, como bien me dijo una famosa fotógrafa un día, es algo que se lleva muy adentro. No somos conscientes del grado de amor/atención que precisan las criaturas que no tienen padres. Muchas veces me pregunto cómo sería la mirada de mi madre o qué se siente abrazada a un padre. No los tuve. Yo hago un llamamiento en estas Navidades para que volvamos nuestra mirada a los menores en riesgo de exclusión y sin cobertura familiar y nos ocupemos de ellos/as. El padecer una enfermedad sin cura, como la que yo padezco, no es fácil de llevar. El haber tenido que soportar el grado de hostigamiento personal -y a veces político- que yo he tenido y tengo que aguantar, sencillamente es inhumano y no tiene nombre. Pero ya sabes eso de que lo que no te mata, te hace más fuerte. A ver si sobrevivo. Mientras, el halo de mujer luchadora y perseverante que sabe lo que quiere no me lo quita nadie, ni acosadores, ni falsarios, ni fachas, ni sicarios de medio pelo.

SDL: ¿Qué le pides a la literatura, Fátima?

FF: A mí la literatura ya me ha dado mucho: dos premios internacionales de poesía, soy de las pocas poetas navarras traducidas en el extranjero, presido la Asociación de escritores en la comunidad foral… Yo sólo pido tiempo para poder terminar una novela…

SDL: Y a la vida, ¿qué le pides?

FF: La vida también me dado mucho. Un hijo trabajador y sano, enormemente inteligente al que quiero con todas mis fuerzas. Un hombre que me mira amoroso. Unos amigos que siempre están ahí para ayudarme. Yo sólo quiero paz, un final sin dolor, una novela terminada y que se me recuerde a través de mis versos como poeta, como feminista y como persona ávida de conocimiento.

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Una respuesta a En brazos de la poeta Fátima Frutos

  1. Genial la entrevista, Belén Galindo. Felicidades a las dos.

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