Alejandro Mendive o el don de enseñar jugando

Alejandro Mendive Esparza tiene 30 años y trabaja como profesor de Literatura y Lengua Castellana en Maristas. Hasta ahí todo normal. Es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Máster en Formación del Profesorado por la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y actualmente doctorando en Estudios Literarios y Literatura Comparada en la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU). Pero lo realmente interesante del perfil de este profesor es el hecho de que, en sus clases, jugar y divertirse es tan importante como aprender.

Sopa de Letras: Me han dicho que tus alumnos tienes superpoderes. ¿Es verdad?

Alejandro Mendive: Sí, así es. Mis alumnos tienen un libro de hechizos, pueden teletransportarse, ser invisibles o incluso encontrar la piedra filosofal. Pero no les es congénito, son unos superpoderes que se tienen que ir ganando poco a poco cumpliendo ciertas dinámicas.

SDL: ¿Qué haces en tus clases para que sean tan amenas y los estudiantes se diviertan?

AM: Mis clases se basan principalmente en mezclar aprendizaje cooperativo con gamificación. En mis clases tienen que realizar ciertas dinámicas que a mí me interesan y si las cumplen les voy poniendo puntos. Esos puntos los voy anotando en una aplicación que se llama ClassDojo, la cual crea unos monstruitos con el nombre de cada alumno y diariamente voy premiando cosas como respetar el turno de palabra, hacer la tarea, mantener un volumen adecuado o trabajar en equipo. Por otro lado, he diseñado una serie de superpoderes que van de manera ascendente, de los más sencillos como poder ir al baño o poner música, a los más gratificantes, como librarse de una tarea o un punto en el examen. Estos superpoderes los obtienen con unas tarjetas personalizadas con los superpoderes y pueden elegir usarlas cuando más les convenga. Además, aunque empecé en mis clases de Lengua con esto, ahora estamos probando en otras tres asignaturas más que comparto. Los alumnos están muy contentos, responden muy bien, ven que su esfuerzo y trabajo se ven recompensados y yo también, porque veo que mi esfuerzo sirve tanto para mantener lo que a mí me interesa como para ver que aprenden de una manera más divertida.

SDL: ¿Cómo se te ocurrió la idea de introducir juegos en tus clases?

AM: No es algo que yo me haya inventado. El concepto de gamificación es bastante reciente, pero es cierto que no se utiliza mucho en la educación. La inspiración me viene de un compañero de Madrid, que, comentando cómo nos iban las clases hace dos veranos, explicó que hacía esto, lo cual me pareció muy interesante para ponerlo en práctica con mis alumnos.

SDL: Explícame un poco más despacio el modelo del aprendizaje cooperativo…

AM: El aprendizaje cooperativo es un concepto relativamente novedoso y que muchas veces lleva a equívocos. Trabajar cooperativamente no es trabajar en grupos, que es lo que mucha gente suele pensar. Hay momentos en los que se trabaja en grupos, pero otros de manera individual. El aprendizaje cooperativo se basa principalmente en compartir con un grupo los conocimientos que uno tiene y aprende para llevar a cabo una determinada tarea. Normalmente los grupos se hacen de manera equilibrada y todos los integrantes salen beneficiados. Cada tarea tiene un objetivo de aprendizaje, por lo que todos adquieren nuevos conocimientos y destrezas. Pero no solo eso: por un lado, los alumnos con más capacidad en el área que se esté trabajando se convierten en profesores de sus compañeros, y está demostrado que ya simplemente el hecho de intentar explicar algo hace que esos conocimientos sean mucho más eficaces y duraderos. Por otro, los alumnos a los que les cuesta un poco más la tarea en cuestión entienden mucho mejor una explicación de un compañero suyo, ya que reciben la información de una manera mucho más cercana a ellos. Sin embargo, no se trata de dar las respuestas a las preguntas que no se saben, sino de que un alumno guíe a otro hacia la solución mediante unos pasos, pero sin decirla. Por tanto, el alumno que explica entiende mucho mejor todo y el alumno que recibe la explicación adquiere los conocimientos que antes le faltaban de una manera más eficaz. Además se fomenta el trabajo en equipo, las responsabilidades dentro del grupo, la ética, la ayuda entre personas, la satisfacción de conseguir algo que supone un reto… Por tanto, aunque no siempre todo es positivo, los beneficios son muy numerosos.

SDL: ¿Qué es exactamente la gamificación y en qué momento se te ocurre que puedes sumarlo también?

AM: La gamificación surge hace unos diez años, y proviene de la palabra inglesa game, que significa “juego”. Consiste en aplicar conceptos de los juegos en el aula. Las posibilidades de la gamificación son infinitas: todo lo que se le ocurra a uno puede ser llevado a cabo, aunque es cierto que esto lleva por detrás muchísimo trabajo y creatividad. Así, se pueden incluir desde elementos del día a día como lo de los superpoderes, que es relativamente sencillo, hasta dinámicas como los escape rooms, apertura de cajas de herramientas, tan de moda ahora, o juegos que duren todo un curso y en los que se vea involucrado todo el colegio con un fin en concreto. Todo depende de las ganas -y del tiempo- que cada uno tenga para relizarlo. Como comentaba, nuestro colegio ha apostado por este modelo de trabajo cooperativo porque considera que los aspectos positivos son muy enriquecedores para el alumno y que además se adaptan muy bien a la sociedad actual, en la que la mayoría depende unos de otros para seguir adelante. Entonces me acordé de mi amigo de Madrid y pensé que podría ser un buen momento para incluir la gamificación en mis clases.

SDL: ¿Por el refuerzo positivo?

AM: Eso es. La razón es sencilla: el aprendizaje cooperativo requiere de unas maneras de trabajar que a los profesores nos interesa potenciar, como por ejemplo que cada uno sea responsable de ciertas cosas en su grupo, que cumplan los tiempos establecidos, respeten los turnos de palabra, se muevan de manera eficaz cuando se cambia la distribución de la clase, el orden y, probablemente lo más importante, todo ello con un nivel de ruido agradable. Entonces, todo se basa en el refuerzo positivo: se premia la realización de las cosas que al profesor le interese en su clase, como las que acabo de mencionar. El alumno se siente muy bien cuando se le reconoce y premia lo que hace bien, y, además, si lo hacen a menudo, van ganando los súperpoderes, que les permiten cosas como poder ir al baño, poner música en clase, entregar la tarea un día más tarde, un fin de semana sin tarea o ganar puntos extra para los exámenes. La motivación es altísima y los alumnos están deseando hacer las cosas bien para seguir ganando puntos y optar a los premios más altos. Además, no solo se potencian los aspectos indivuales, sino que también obtienen recompensas a nivel de grupo o como clase, por lo que esa competitividad entre uno y otro desaparece al tener todos un objetivo en común.

SDL: Realmente, los alumnos responden bastante mejor de lo que pensamos al refuerzo positivo y a la innovación, no?

AM: Totalmente. Esto que voy a decir va a sonar un poco raro, pero yo aprendí muchísimo con mis perros, y cosas que he trabajado con ellos las aplico en el aula. Tengo tres perros y uno de ellos es una border collie, considerada la raza de perro más inteligente. Me atraía el tema de educarlos más allá de los comportamientos básicos y a través de una amiga que educa perros para terapias (un tema que también merecería una entrevista) empecé a entrenar con Kirei cosas como pasar por debajo de mis piernas en zig zag, dar vueltas, saltar, traer algo… Cada vez que hacía algo bien le daba un premio, que solía ser un trocito de comida, y la felicidad que le producía hacer las cosas bien le hacía volver a hacerlas y querer mejorar cada vez. No se nos tiene que olvidar que, a pesar de ser los seres racionales del planeta, también somos animales, por lo que las personas no estamos tan lejos de los perros. ¿A quién no le gusta que reconozcan las cosas que hemos hecho bien, sobre todo cuando nos ha costado un esfuerzo hacerlo? Y en cuanto a la innovación, la sociedad avanza muy rápido, por lo que la educación no se debe quedar atrás. Los alumnos y alumnas de hoy en día han nacido con una tablet bajo el brazo, por lo que aplicar las nuevas tecnologías en el aula no es solo llamativo, sino necesario. Eso sí, no hay que olvidar los beneficios de las formas tradicionales, como los libros y el papel, que, desde mi punto de vista, son cruciales en el desarrollo del ser humano. Lo siento, quizás sea demasiado romántico, pero los libros en papel, por favor.

SDL: ¿Qué es para ti ser profesor?

AM: Ser profesor es un modo de vida. Se dice que los profesores vivimos muy bien, pero me gustaría invitar a cualquier persona solo un día a estar con nosotros y vivir lo que vivimos. La perspectiva cambiaría mucho en la sociedad. Ser profesor es saber que te vas a ir a casa con mucha tarea prácticamente todos los días, fines de semana, puentes y vacaciones, y también con preocupaciones. Una compañera me dijo hace poco que el 20 de agosto dejó de soñar con cosas del colegio. Ser profesor es ser consciente de que tienes muchísimo poder, de que los alumnos, aunque muchas veces creamos que no nos hacen caso, se creen lo que les decimos y que puede marcarles de por vida, y que por tanto, como todo poder, conlleva una responsabilidad enorme, lo cual a veces da un poco de miedo.

SDL: ¿En qué sentido?

AM: Porque es querer buscar constantemente lo mejor para unas personas que ya son parte de la sociedad y que tienen influencia en ella. Se dice que son “los ciudadanos del futuro”, pero no estoy en absoluto de acuerdo con esta afirmación, ya que ellos ya son iguales que todos los demás y que lo que hacen es tan importante como lo que hacemos los demás. Ser profesor es enseñarles lo que sabemos de la vida para que aprendan de nuestros errores y de los suyos y así la mejoren para los que vengan. Y todo ello de manera crítica. Se necesitan personas que sean críticas -en el buen sentido de la palabra-, sobre todo en esta sociedad en la que hay sobreinformación constantemente. Para mí es muy importante que una persona tenga criterio, piense por sí misma, sea capaz de entender lo que siente, aceptándolo y sin juzgarse porque no cumple los modelos establecidos, vea lo que es bueno y lo que es malo y luche por ello sin imponer, desde el diálogo y el entendimiento. Mis pobres alumnos de Literatura de bachillerato están desquiciados porque les fuerzo a pensar, a entender y no a aprender las cosas de memoria. Creo que ese es el camino para cambiar las cosas y, quizás, así logremos una sociedad más justa y mejor, menos manipulable y concienciada.

SDL: Desde tu punto de vista, ¿por qué sufrimos un nivel de fracaso escolar tan alto y por qué existe esa falta de interés entre el alumnado?

AM: Lo del fracaso escolar es relativo. Si uno se siente bien o mal por hacer una prueba que mide unos conocimientos estandarizados pero con muchos intereses detrás, de acuerdo. Pero creo que la educación debe ir mucho más allá y no dejarse juzgar por este tipo de pruebas. Creo que, para bien o para mal, todo está condicionado para las pruebas de acceso a la universidad en las que exigen unas cosas muy concretas y que si uno se sale de ahí está perdido. Esto hace que las asignaturas se den de una manera o otra y creo que esa falta de interés se paliaría si las cosas que aprenden las aprendieran porque realmente aprenden y les ven utilidad para la vida y no porque estas pruebas les obligan. Por otro lado, está claro que se requieren ciertas cosas que todos los alumnos tienen que tener para demostrar que se merecen avanzar en el proceso educativo, pero creo que esto debería ser revisado y que mejoraríamos muchísimo como sociedad, y también eso a lo que se llama fracaso escolar y falta de interés.

SDL: ¿Crees que se podrían intentar cosas/modelos/ideas nuevas cuando hablamos de educación?

AM: No es que se podría, es que se debería. No podemos quedarnos estancados donde estamos, sino que esto tiene que ser un proceso en constante revisión y con el propósito de mejorar cada vez. Además, debemos cuestionarnos aquello que creemos que no está bien e intentar cambiarlo.

SDL: ¿En qué se parece lo que tú haces en clase con lo que habitualmente se vive en un aula?

AM: Yo me considero un profesor normal, no hago nada excepcional ni voy a salir en una película. Lo que puede diferenciar mis clases es que realmente creo en mis alumnos y tengo mucha esperanza en ellos. Aparte, intento hacer clases amenas y divertidas, pero, sobre todo, que vean que les vale para su vida. No podemos desconectar la clase de la vida. Y también las ganas que le pongo. Pero también creo que hay muchos profesores muy buenos, y yo estoy rodeado de mucha gente que es extraordinaria y de la que aprendo todos los días.

SDL: ¿Y con el modelo pedagógico que tú recibiste cuando eras niño?

AM: Afortunadamente, esto ha cambiado. Yo no hace tanto que salí de las aulas, pero sí lo suficiente como para poder mirar hacia atrás con perspectiva. El modelo ha cambiado, sobre todo en Infantil, Primaria y ESO -no tanto en Bachiller por el tema de la selectividad-, las metodologías han cambiado, la manera de enfocar las clases también, ya no se tiende tanto a la teoría por que sí, sino que se intenta enfocar a la práctica y así ver que vale de algo. Pero también creo que puede mejorar mucho más, sobre todo en el aspecto legal.

SDL: Vamos a soñar por un momento. Si la ministra de educación te llamara para reunirse contigo, ¿qué consejos o ideas le darías en pro de un modelo educativo que de verdad funcione?

AM: Me siento muy afortunado porque me plantees esto, es el espacio soñado para un profesor, a los que casi nunca nos escuchan. Lo primero que le diría es que se debe hacer una ley educativa a largo plazo, alrededor de treinta años, diseñada por un grupo de expertos en educación y alejada de intereses políticos. No podemos estar cada cuatro años cambiando o reformando leyes de educación. Como he dicho antes, la educación es un elemento con mucho poder y eso se sabe, pero si realmente queremos conseguir un modelo educativo que funcione se debe alejar la educación de la política. Por otro lado, cambiaría la manera de acceder a las carreras o másteres cuyo fin sea el educativo. Equipararía la exigencia de acceso a algo similar a Medicina, y que con ello entre la gente que realmente quiere ser profesor o profesora y no como descarte porque no le han cogido en otras o porque no sabe qué hacer. Es un trabajo duro que muchas veces lleva a la frustración, pero si es algo vocacional se lleva mejor. Y por último, daría más importancia a las asignaturas relacionadas con Humanidades. Se ha tendido a denigrar estos conocimientos: ser culto, crítico, pensar, reflexionar y sentir no interesan porque no se les puede sacar un rendimiento económico y además no interesa formar a personas que lo hagan. Pero creo que equiparar esto a las ciencias naturales y sociales es muy necesario hoy en día.

Fotografías: Mikel G. Otamendi.

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