El sueño de conducir un Ferrari

El día que conocí a Diego Aisa me contó que, a través de su trabajo, se encargaba de hacer realidad el sueño de todos aquellos que no quieren morir sin haber vivido la experiencia de conducir un coche de lujo. Sea o no sea fácil hacer realidad esos anhelos, en la trastienda de la ocupación profesional de este amante de los coches, está el tesón de alguien que ha vivido desde niño una pasión inspiradora que le ha llevado hasta el momento actual, siguiendo la estela de su ídolo y modelo, el mismísimo Enzo Ferrari.

Diego Aisa es director general e instructor de Rent Bull, que opera en el Circuito de Navarra.

A la pregunta de “¿qué coche te gustaría llegar a conducir?“, siete de cada diez personas encuestadas responden que un Ferrari. La razón hay que buscarla no solamente en el hecho de que la marca simbolice el capricho sobre ruedas más apreciado del planeta, sino también en la elegancia y la potencia de un vehículo que ha sido capaz de combinar como nadie el diseño y la fuerza de un motor de leyenda. Esto lo sabe bien Diego Aisa, zaragozano de 44 años y director general de Rent Bull, la empresa que ha logrado hacer accesible para el gran público el lujo de conducir una de estas prodigiosas máquinas de cuatro ruedas. Aunque lo de Diego con los vehículos de lujo, viene de lejos.

A pesar de que a nadie en su familia le gustaban los coches, Diego Aisa asistió por primera vez a un Salón del Automóvil con 10 años, en compañía de su padre, y quedó fascinado por esa experiencia. A los 12 años ya coleccionaba catálogos de coches e iba por las tiendas y los concesionarios recogiendo folletos donde aparecían los últimos vehículos del mercado. Apuntaba a esa temprana edad unas maneras que marcarían de alguna forma su camino y su pasión por el mundo del motor. “Recuerdo que mi familia asistía un poco sorprendida a aquella afición mía, sobre todo porque ni a mi padre ni a mi madre les gustaban especialmente los coches. De hecho, por poner un ejemplo de la falta de interés sobre este asunto en mi entorno, mi abuelo ni siquiera llegó a tener nunca carné de conducir“.

Con el paso de los años, Diego atesoró cientos de revistas y catálogos de coches en casa, y su afición fue creciendo hasta que a los 17 años entró en la Escuela de Pilotos Fiat. Aquel primer contacto con el mundo real del motor supuso un auténtico impulso para él y, tras un año de formación, pudo participar en varias competiciones, destacando tanto por su habilidad como por su dedicación, cualidades que le llevaban a combinar talento y afición a partes iguales: “En esa época ya tenía un sueño muy claro en mente: escribía constantemente a la casa Ferrari, a Italia, les escribía unas cartas larguísimas donde terminaba diciéndoles que mi intención era ir a visitar la fábrica para poder ver en persona los coches y el museo de la marca”.

Y aunque nunca recibió una respuesta a sus cartas desde la fábrica de Enzo Ferrari, sí consiguió visitar las instalaciones del coche de sus sueños cuando, tras licenciarse, su abuelo les regaló a él y a su primo un viaje en interrail por Europa con parada en Módena: “Fuimos hasta Turquía por el norte de Europa y volvimos por el sur. Ni que decir tiene que a mí lo que de verdad me ilusionaba era  parar en la fábrica de Ferrari y visitarla por fin. Aunque no resultó del todo sencillo. Llegamos allí y enseguida vimos que los hoteles de lujo que rodean las instalaciones de Ferrari no se adaptaban al bolsillo ni al presupuesto de dos jóvenes que viajaban haciendo interrail. Me acuerdo perfectamente de que era una noche de agosto en que llovía a mares y, como no sabíamos a donde ir, llamamos a la puerta de la sacristía de la Iglesia. Nos abrió un cura que nos dijo que allí no podíamos quedarnos pero enseguida le conté mi historia y empezamos a hablar de coches y de Ferrari con tan buena suerte de que él era íntimo amigo de Enzo Ferrari, el mismísimo dueño de la fábrica. Fue así como al día siguiente logramos entrar, gracias a la intermediación de aquel cura“.

Después de aquella primera visita, Diego ha podido acudir cuatro veces más a la empresa automovilística Ferrari, convirtiéndose a lo largo de su vida en un ideal y una meta profesional, más cerca de la utopía que otra cosa. “Desde pequeño era consciente de que hace falta tener mucho dinero para poder dedicarte la mundo de los coches de competición y que era muy difícil seguir por ahí en mi desarrollo profesional, aunque era lo que más me gustaba del mundo”.

A partir de ese momento, aparcó su interés por los coches y optó por los estudios de Administración y Dirección de Empresas en ICADE , aunque no se alejó mucho de este ámbito, puesto que desde el mundo de la  la comunicación y el marketing, realizó trabajos como piloto de pruebas en empresas muy vinculadas al mundo de la automoción entre las que destacan Luike, Motorpress, Heraldo de Aragón o actualmente la revista EVO. Pero ya dicen que los sueños están para ser perseguidos sin descanso y en 2016 contactó con la empresa que le acercaría de forma sorprendente a aquellas aspiraciones que acariciaba desde niño: Rent Bull, una empresa perteneciente a Deluxe Automotive Group, líder en el alquiler y la importación de vehículos deportivos de lujo como Ferrari, Lamborghini, Aston Martin, Maserati, Porsche o McLaren entre otros, que le ofreció la posibilidad de dirigir un proyecto en expansión en toda España y le puso en bandeja un empleo que encajaba perfectamente con su pasión.

El proyecto ‘Rent Bull Circuito de Navarra’ que dirige Diego Aisa comenzó su andadura el pasado mes de junio.

Y es que hacerse con un Ferrari no es tarea sencilla. Primero, por el precio, pero además porque se trata de un producto de edición limitada que no es nada fácil conseguir ni aún teniendo dinero. Todo eso contribuye a alimentar el mito y el deseo de miles de personas que siguen respondiendo en todo el mundo que les gustaría conducir un modelo deportivo del Cavallino Rampante si se les pregunta por el coche de sus sueños. Así que Diego Aisa se ha convertido de la noche a la mañana en una especie de genio de la lámpara de Aladino, ya que  partir de ahora, en el Circuito de Navarra es posible cumplir ese sueño a través del alquiler por vueltas de este o cualquiera de los distintos vehículos de lujo de Rent Bull. “Mi trabajo consiste en hacer realidad los sueños de mucha gente. Cuántas veces hemos oído lo de ‘Yo no me quiero morir sin haber conducido un Ferrari o un Lamborghini’. Pues eso es lo que nosotros podemos hacer realidad de una forma accesible y asequible“.

Está claro que lo de comprarse uno no suele estar al alcance de la mayoría de los mortales: asociado al lujo desde sus inicios, la mayoría de los Ferrari tienen un precio que oscila entre los 279.000 y los 355.000 euros. Con unas ventas de más de siete mil ejemplares de media al año, se estima que, en la actualidad, unos 200.000 se encuentran en circulación por todo el mundo.

Y la pregunta sigue en el aire: ¿Qué es lo que lo hace tan especial? Quizá que todos los modelos de Ferrari son fabricados de forma totalmente artesanal en la fábrica que posee en Maranello, en la ciudad de Módena; o para los amantes de las carreras, quizá el hecho de  que Ferrari fue la escudería con la que Michael Schumacher ganó cinco títulos mundiales de forma consecutiva, único piloto de la historia que lo ha conseguido; o, por qué no, es posible que tras el mito esté su logotipo, Il Cavallino Rampante, el caballo que aparece en el logo de Ferrari y que era el símbolo utilizado por un famoso piloto italiano de aviones durante la I Guerra Mundial; o puede que ese color rojo tan característico haya contribuido a su toque único… sea como sea, el mito sigue muy vivo y la marca es la única en el mundo de la automoción que ha logrado tener su propio parque de atracciones: el Ferrari World Abu Dhabi.

De todos modos, no es necesario ir tan lejos para probarlo. Ya no hace falta viajar a los Emiratos Árabes para vivir la experiencia Ferrari y tachar este sueño rojo, brillante y motorizado de la lista de deseos.

 

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