Sopa entre pucheros con Angelita Alfaro

Yo de mayor quiero ser como ella, como Angelita Alfaro, la gran cocinera y escritora de libros de gastronomía. Riojana de nacimiento, aunque navarra de adopción, es una mujer que está siempre activa y que lleva allá donde va el optimismo como bandera. Esa es Angelita: generosa, llena de ilusión, de ganas de vivir y dispuesta a ayudar a los demás. Esta tarde me ha pedido que la acompañe en la presentación de su último libro titulado ‘Pintxos, tapas y cazuelitas. 700 recetas fáciles y apetitosas’. Y para mí es un honor estar a su lado una vez más, poder entrevistarla y contagiarme de ese salero suyo, único e irrepetible que se manifiesta en su pasión por la cocina.

Sopa de Letras: Acabas de publicar tu nuevo libro. ¿Qué significa para ti?

Angelita Alfaro: Para mí significa tanto que, después de mis nietos, mis libros son mi mayor alegría y significan media vida para mí.

SDL: ¿De dónde te viene esa vocación tuya por hacer felices a los demás?

AA: Lo de hacer felices a los demás, lo llevo en el alma y la muestra la tienes en que nadie se va de mi casa sin un detallico, desde una manita de cerdo rebozada a una torrija, algo para demostrar a esa persona mi cariño.

SDL: ¿Y qué sientes cuando estás cocinando?

AA: Cuando estoy cocinando me sublimo, me realizo como persona y me crezco como cocinera, hasta tal punto que las horas se me pasan sin que me dé cuenta. Puedo estar diez horas cocinando y aún miro a ver qué hay en el frigorífico para hacer alguna otra cosa.

 

SDL: Tengo entendido que para ti, tanto la cocina como la gastronomía pueden ser un camino a la felicidad.

AA: Ya lo creo que sí, porque la gastronomía es la antesala del bienestar y la ciencia del cocinar, todo un arte que te hace feliz y hace felices a los demás. Como se dijo: de la panza viene la danza. Cuando comencé a cocinar no sabía a ciencia cierta todo lo bueno que me iba a deparar este hobby.

SDL: ¿Cuándo comenzaste a cocinar? ¿Cuáles fueron tus primeros momentos en un fogón y con quién?

AA: Cuando vine a Pamplona a mis 17 añicos, me coloqué de doncella y no de cocinera que era lo que yo quería, pero enseguida hice un pacto con la cocinera que era muy mayor, tan mayor como mi madre e hice el pacto de que, si me dejaba verla cocinar sin que nos viera la señora de la casa, yo le cantaría cuplés por la noche y le daría friegas de alcohol en su espalda que la tenía maltrecha del reuma la pobre mujer, y de esta manera yo disfrutaba cantando el tipo de canciones populares que estaban de moda y ella se acostaba feliz y tranquila con sus friegas de alcohol. Pero cuando comencé en serio a cocinar fue cuando me casé, a los 21 años. Fue entonces cuando me percaté de que podía cocinar lo que me agradaba y eso me daba mucha satisfacción. Recuerdo muy bien que, cuando ponía cordero en chilindrón, en vez de hacerlo con la paletilla lo hacía con cuello y aún así quedaba muy sabroso.

SDL: Provienes de un matriarcado donde la cocina ha tenido y tiene una gran importancia. Háblame de las mujeres de tu familia que te enseñaron a cocinar.

AA: De mi matriarcado podría escribir un libro entero. Mi madre y sus hermanas eran verdaderas alquimistas, verdaderas hormigas en la cocina sobre todo. Mi bendita madre era una maga de aquellas legumbres llenas de piedricas: con amor y paciencia conseguía verdaderos manjares para alimentarnos sin lujos y sin vicio de ninguna clase, ni siquiera existía el yogur.

Mi tía Aurora, que era un ángel, cuando llegaba el tiempo del matatxerri en Alfaro donde ella vivía, me llamaba para que le ayudara a limpiar parte del mondongo y recuerdo con amor como cocía yo las morcillas en un caldero grande al fuego con troncos de leña y aplacaba el hervor con dos hojas juntas muy grandes de berza para que no hirviera demasiado el agua, y de esta forma no se reventaban las morcillas. Con las grasas hacia jabón que lo regalaba y en eso yo he seguido la tradición, también vestía a los difuntos de su barrio, yo en eso no me parecía a ella.

Mi tía Martina tenía la gracia y la sal de La Rioja. Ella era un encanto, tenía un montón de amigos y cinco hijos. Después de servir a un matrimonio maravilloso, atendía los hijos y soy en carácter la que más me parezco a ella.

Mi tía Julia ponía de madrugada los cogollos de lechuga limpiados primorosamente en un cunacho en la puerta de su casa y los vendía en un santiamén, pues no parecían lechugas sino flores.

La tía Herminia, que acaba de cumplir 87 años y era la pequeña, siempre fue una artista para la repostería y me crié muchos años con ella, pues solo me pasa diez años. Y así podría seguir por horas hablándote de las grandes mujeres de mi familia.

SDL: Angelita, ¿cuáles eran los platos que mejor cocinaban tu madre o tu tía? ¿Y los platos estrella en vuestra cocina?

AA: Mi madre lo que mejor cocinaba eran las legumbres, las patatas, las paellas con un chorizo de La Rioja, el pollo, la merluza en salsa, las albóndigas y el cocido; mis tías, las verduras, paellas, guisos, conejo en salsa… Los platos estrella de mi niñez, eran el pollo, las sopas de ajo, las migas el arroz, los huevos en caldico, etc…

SDL: Y luego, ¿en qué momento diste el paso que te llevó a escribir y a publicar libros?

AA: Eso fue a los 47 años, después de una seria operación pensé que no me podría recuperar e hice un curso de secretaria mecanógrafa para escribir el libro que llevaba en mente desde hacia años apoyada y animada por mi tía Martina. Esto fue lo que me ayudó a curarme y me empleé de lleno y repito que el libro ‘La cocina de Angelita’ me ayudó a seguir en este mundo, además de mi constante apetito que nunca me abandonó. A los 50 años hice mi primer libro con la editorial Ttarttalo de San Sebastián, que resultó un best-seller.

SDL: Te has convertido en un referente y eres nuestra celebridad navarra en el mundo de la gastronomía.

AA: Sería prolijo enumerar todo lo bueno que me han dado mis libros, pues hubo épocas que hice dos libros nuevos en un mismo año y son cinco veces las que me premiaron en París. A lo largo de este tiempo, he conocido a innumerables personalidades de todo tipo y condición: Inés Ballester, Ana Rosa Quintana, D. Rafael Ansón. Luis Irizar, Juan Mari Arzak, Martin Berasategui,  Andoni Luis Adúriz, Juan Echanove, Abel Barriola, SSMM los Reyes, La Baronesa Thyssen, la Princesa Beatriz de Orleans y un larguísimo etc.

Además de la cocina, Angelita Alfaro disfruta realizando alpargatas que envía a las celebridades nacionales e internacionales. Desde el Papa de Roma pasando por famosos de toda índole o monarcas europeos, han recibido las famosas alpargatas de Angelita Alfaro.

 

SDL: ¿Qué habrías sido de no haberte dedicado a esto?

AA: Periodista, como tú, y repartidora de comida a los necesitados.

SDL: ¿Alguno de tus hijos o nietos han heredado este talento tuyo? 

AA: Mi hijo pequeño cocina como los ángeles pero él va por otros lares como la ingeniería

SDL: Dame la receta de la felicidad para ti, Angelita.

AA: Ahí va. Receta de la felicidad:
Ingredientes: 1 docena de alcachofas, 1 kilo de espárragos, 1 kilo de borrajas, 3 litros de leche, 300 grs de mantequilla, 300 mls de aceite de arbequina, sal, pimienta, 600 grs de harina. Estas tres exquisiteces vienen en mi libro y yo las haría y bien calentitas convidaría a todos mis vecinos y a todos los periodistas que tanto me habéis apoyado y esta sería la receta de mi felicidad dando a conocer a los demás mis creaciones de hace varios años que me han dado la alegría de conseguir algo tan maravilloso sin pisar una escuela de cocina. 

SDL: Eres una inspiración constante. Y una maestra, de la cocina y de la vida, Angelita. Gracias.

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