La Abadía soñada de Neill Le Roux

Una antigua Abadía abandonada que originalmente fue una iglesia románica del siglo XII vinculada a los monjes benedictinos. Un sudafricano jubilado y su sueño de convertir un espacio en ruinas en un próspero emplazamiento en el corazón del Camino de Santiago a su paso por Navarra. Y un legado milenario cargado de historia, de arte y de preguntas a la espera de respuestas. Son los ingredientes de un proyecto vital, el de Neill Le Roux y su pareja, Catherine Adams, capaz de contagiar pasión y de volver a dar vida a la Abadía de Esquíroz e Ilárraz.

La Abadía de Esquíroz e Ilárraz es una antigua iglesia de origen medieval que se levanta en una pequeña loma entre los montes que conforman el Valle de Esteríbar, a unos pocos minutos en coche de la localidad navarra de Zubiri. Su propietario, un sudafricano afincado en Navarra desde hace alrededor de una década, me ha invitado a verla y a conocer los misterios que guarda.

La mañana es fría y húmeda, y el cielo gris sirve de marco a los muros de piedra que revisten la Abadía, pero nada oscurece el brillo de la mirada de este hombre, Neill Le Roux, cuando me da la bienvenida y comienza a hablar del proyecto de su vida: “Yo fui uno de los miles de peregrinos que cada año atraviesan esta zona del Camino de Santiago en Navarra. Quedé absolutamente enamorado de esta tierra, de su arquitectura, de sus monumentos, de los paisajes, y desde que visité Navarra e hice el Camino, soñé con poder vivir algún día en esta tierra. Más adelante, cuando, junto con mi pareja, tuve ocasión de comprar a la Archidiócesis de Pamplona esta iglesia en ruinas, entendí que estaba ante la obra de mi vida. Enseguida pensé en comprar la Abadía con el objetivo de devolverla a la vida y los últimos cinco años los he dedicado a comenzar a reconstruirla muy poco a poco, con mis propias manos y con la ayuda de todo aquel que ha podido aportar su tiempo, su conocimiento, su esfuerzo o sus donativos en lo que es sin duda una tarea titánica pero tan apasionante que siento que no ha hecho más que comenzar”.

Desde fuera la iglesia es muy hermosa, pero comienza a llover con ganas y buscamos refugio en el porche. Parece una broma que hayamos escogido precisamente este domingo al final del puente foral, la jornada en que anuncian fuertes vientos y lluvias, incluso con ciclogénesis explosiva en el norte, para visitar la Abadía. Pero a veces los días nos escogen a nosotros, en lugar de dejarnos la opción de elegir. Al igual que ocurre con las personas o con los lugares, y a veces surge una implicación con las personas y una simbiosis con los espacios que uno termina dudando de quién escogió a quién. De eso sabe bien Neill.

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo me he metido en este proyecto que acapara mi entusiasmo, mi energía, mi tiempo, mi dinero y que también me ha generado dosis altas de sufrimiento y angustia por los trámites administrativos y legales que supone la compra y gestión de un espacio de este tipo? ¿Quién me iba a decir a mí hace diez o quince años cuando yo aún vivía en Ciudad del Cabo que a día de hoy me vería viviendo aquí en Navarra, con mi pareja y con mi hija de apenas dos años de edad? No lo sé, no sé cómo he llegado hasta aquí pero sí sé que vivir en Navarra y tener la Abadía me hace feliz. Navarra es única y cuenta con un entorno fascinante, con fauna y flora increíblemente diversas. Me encanta el hecho de que sea tan fácil salir de la ciudad y estar en medio de la naturaleza. Me siento privilegiado de poder vivir aquí y saber que esta magnífica región es donde crecerá nuestra hija“.

Neill tiene una mirada que transmite la misma pasión y valentía que alienta su corazón de aventurero. Aunque ahora está jubilado y debe lidiar con una discapacidad a causa de una caída de juventud, a lo largo de su vida ha ejercido múltiples oficios y profesiones. Ha sido soldado, trabajó en turismo como gestor de casas de huéspedes en Ciudad del Cabo, ha construido distintos espacios y restaurado edificios victorianos en su país de origen. También durante unos años trabajó en el mundo de la fotografía y gracias a ese empleo tuvo oportunidad de conocer a presidentes, magnates de la industria a nivel internacional, estrellas de cine, representantes de Miss Mundo, Miss Universo y numerosas estrellas del deporte. “Una vez tuve que pasar un día con Nelson Mandela, un hombre sabio y humilde que me dejó una honda impresión. Tengo siempre muy presente todo lo relativo a mi ciudad natal, Ciudad del Cabo. Es una ciudad única, situada en un lugar privilegiado de Sudáfrica, que acaba de ser elegida como la mejor ciudad del mundo por quinto año consecutivo. A veces la echo de menos, pero mi vida está aquí ahora y me siento honrado por la historia del edificio que poseemos. Es una gran responsabilidad y un privilegio que se nos confíe la organización de su reparación y restauración, por eso estoy dispuesto a invertir todo el entusiasmo y la energía de que dispongo“.

El edificio es único desde muchos puntos de vista. Arquitectónicamente, se trata de una iglesia de una planta rectangular dividida en tres tramos que originariamente fue construida en la Edad Media, seguramente en el S.XII, pero que fue posteriormente transformada en el S.XVI. Sin embargo, las huellas de la historia permanecen semi ocultas en muchos detalles y han quedado ahí para que el observador agudo pueda apreciarlas.

El hecho de que existan vestigios de una torre hace pensar que en su origen pudo tratarse de una fortaleza, antes de dedicarse a fines religiosos: “O quizá ambos usos convivieron. La disposición del altar, la puerta antigua y los dos ventanucos románicos como protegiendo la entrada al interior del edificio… hay señales que pueden llevar a pensar en un origen defensivo. Incluso otras señales pueden llevarnos a pensar en un origen pagano del templo. Por ejemplo, en la puerta encontramos un ejemplar único de acceso estrellado al interior de una iglesia en todo el Camino de Santiago. Aún se aprecian las pequeñas estrellas que bordean el dintel de piedra. O los colores. Hay vestigios de color azul, rojo e incluso un gris oscuro casi negro en la puerta y también en el interior. La verdad es que el edificio entero plantea incógnitas llenas de misterio que invitan a ser investigadas y resueltas“.

Tenga o no origen pagano, existiera o no un uso defensivo en el edificio, otros indicios apuntan a que la iglesia se dedicó a la oración de forma continuada y que pudo acoger a monjes de la Orden Benedictina, como señalan los colores negros en parte de la antigua decoración, habitualmente relacionados con esta congregación religiosa.

He dedicado tantas horas a investigar, a conocer, a aprender el origen y el significado de los símbolos de esta iglesia que a veces me han sorprendido las coincidencias. Es curioso, por ejemplo, que las mismas piedras en forma circular que aparecen en el suelo que da acceso al templo son un símbolo que en la Edad Media se usaba para señalar los lugares que habían sido consagrados y que son similares a los símbolos templarios que se pueden ver en la antigua iglesia Rosslyn en Irlanda.  Son tantas las señales que ahora estamos a la espera de contrastar los estudios que un destacado experto en construcciones medievales inglés realizó hace poco sobre la iglesia. De esas investigaciones se podrá obtener una aproximación bastante acertada del origen y significado de algunas de estas pistas que nos ha dejado la Historia“.

Pero si el exterior de la Abadía es interesante y seduce a cada paso, el interior no se queda atrás. Al traspasar el umbral de la puerta, da la sensación de entrar en otra dimensión. En una dimensión inexplorada del tiempo, en uno de esos pocos lugares donde la mano del hombre apenas ha dañado el legado de los siglos, es posible intuir con fuerza lo que fue este lugar en el pasado. Y eso, a pesar de haber sido expoliada en varias ocasiones. El último expolio tuvo lugar en 2009 cuando se llevaron incluso el altar barroco completo, dejando al descubierto un altar primitivo pintado sobre la pared del templo que impresiona por lo extraordinario: soles, triángulos, espirales, pequeñas marcas circulares de colores que responden a huellas dejadas por dedos humanos… Un mosaico inexplicable y fascinante a la vez.

Los historiadores que lo han visto no se ponen de acuerdo. Parece claro que el altar pintado que estaba bajo el altar barroco es anterior al del siglo XVI y podría datar del siglo XIII aproximadamente, pero sería una larga tarea descifrar cada uno de los símbolos que aparecen reflejados en él. Podrían estar así plasmados, en forma de dibujos sencillos, con una doble intención. Por un lado, si nos atenemos a la posibilidad de que responda a signos paganos mezclados con los cristianos, pudo haber quien intentó transmitir la doctrina cristiana usando algunos de los códigos que entendían los lugareños y que quizá practicaban el paganismo. Por otro, podemos entender también que, en una aldea donde la mayoría de las personas eran iletradas, el uso de simbología sencilla y visual facilitaba el entendimiento de un mensaje que se les quería trasladar y que estaría vinculado al dios cristiano haciendo referencia al sol, como símbolo de properidad; a las espirales como símbolo de la vida; a la cruz dentro del triángulo vinculado al alfabeto griego en señal de un paso, una entrada a la vida eterna, quizá… Si buscamos una explicación a las decenas de huellas dactilares como si fuesen individuos dentro del templo, se puede sugerir la idea de que representa a las personas, a los fieles aquí congregados. Pero aún así, todo es posible porque este espacio es como un jeroglífico aún por descifrar“.

Cada piedra que levanto, cada objeto que descubro, cada muro, me ofrecen nuevas incógnitas, nuevas preguntas que merecen una respuesta. Y mi intención es seguir recabando el apoyo de expertos, historiadores, arqueólogos, y también voluntarios que en los próximos meses y este próximo verano puedan ayudarme a descubrir la historia de la Abadía, su origen, usos, etapas y todo lo que representa. Como es lógico imaginar, yo solo con mi pareja y mi hija pequeña y con un único sueldo familiar, puesto que yo estoy jubilado, no es posible afrontar este reto, pero sueño con que haya más personas que se muestren motivadas y contagiadas por la fuerza de este lugar y se unan a nosotros. Nos gustaría poder contar con el apoyo financiero de empresas y entidades locales que se sumen a la rehabilitación de la Abadía“.

Neill espera en 2018 poder seguir trabajando en la restauración del edificio pero también en las tareas de mejora de la huerta exterior, donde los Le Roux han plantado árboles y plantas con el objetivo de llegar a autoabastecer a la Abadía en el futuro: “Nos gustaría crear un pequeño museo en el interior. También nos gustaría ofrecer actividades de voluntariado. Me gustaría dejar claro que lo único que pretendemos es devolver la vida a un espacio precioso, lleno de historia y que puede ser un punto de referencia para peregrinos y visitantes del Camino de Santiago. Mi sueño es dar la oportunidad primero a los vecinos de la zona, pero de forma especial a peregrinos, estudiantes de arte, turistas y viajeros de conocer la historia de la iglesia y de toda la zona“.

Sin embargo hacer realidad ese sueño no está resultando fácil y se nota en el tono de voz y en el semblante de Neill que se ensombrecen como el día cuando me habla de lo farragoso e incluso doloroso que ha sido en algunos momentos intentar avanzar con el proyecto.

El proceso de reconstrucción de la Abadía está siendo complejo ya que, desde el principio, Neill y Catherine se han visto envueltos en litigios legales y municipales que parecen no tener fin: “No lo entendemos. Cuando compramos el edificio al arzobispo lo hicimos legalmente y hemos sido escrupulosos con todo el procedimiento, pero nos da la sensación de que, una vez vieron que había un nuevo propietario de la Abadía y que se le prestaba atención, dejó de ser para mucha gente de este entorno un espacio en ruinas para tomar importancia y desde entonces, todo son pegas y zancadillas. El municipio ha litigado contra nosotros desde el principio para tratar de tomar nuestra tierra, porque insisten en que una parte de nuestra tierra les pertenece. Creen que la Archidiócesis no tenía derecho a vendernos. Han litigado contra Catherine y contra mí durante cinco años. En este momento, el Tribunal Administrativo del Gobierno de Navarra ha dictaminado en contra de ellos no menos de cuatro veces y, sin embargo, siguen litigando. El Defensor del Pueblo, junto con muchos otros departamentos del Gobierno de Navarra nos han ayudado en muchas ocasiones pero esta pesadilla parece no tener fin. Si algo nos hace renunciar a este proyecto, no será por falta de fondos o porque el proyecto es demasiado grande para nosotros, será porque el municipio finalmente habrá roto nuestro espíritu”.

Neill ha preparado té y café capuccino. Así que antes de marcharnos, aún podemos observar desde el coro la belleza de este lugar en la penumbra que ofrece el día gris. ¿Cuánta gente ha pasado ya por la Abadía desde que estáis aquí?, le pregunto. Su expresión recupera la luz al instante al recordarlo. “Miles de personas, provenientes de los lugares más variados, todas ellas con una historia, con su propio bagaje, algunas totalmente fascinadas al ver la Abadía y su interior. La han visitado peregrinos de todo tipo: jóvenes, adultos, niños de meses, ancianos, gente con importantes propósitos vitales que nos hacen reconciliarnos con el proyecto porque al verlos aquí, al escucharles, todo vuelve a tener sentido“.

Nelson Mandela decía: ‘Un ganador es un soñador que no se rinde. Alguien que no piensa en el tiempo que ha perdido, sino que desarrolla un programa que ya está ahí, que está trazado para él, porque siempre parece imposible, hasta que lo haces.

Quizá Neill tenía que llegar a la Abadía y desarrollar su propio programa vital para hacer realidad las palabras del Premio Nobel de La Paz y lograr así hacer realidad su sueño de una Abadía universal, llena de vida y abierta al mundo.

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