Cuando los libros duelen

Anatole Broyard fue crítico literario y director del suplemento cultural del The New York Times, además de uno de los hombres más interesantes e inquietos de su generación. Había participado en la II Guerra Mundial, había sido librero en el Greenwich Village neoyorquino, había sido publicista y creativo, profesor en la universidad de Columbia. En 1989, a la edad de 69 años, estaba escribiendo un libro y de repente, le fue diagnosticado un cáncer de próstata.

Lejos de achicarse o sumirse en la pena, aquella noticia le insufló una extraña energía, como un vigor extraordinario que le llevó a encarar con valentía e irónico humor el cáncer, y le impulsó a escribir uno de los libros más interesantes, valientes y sinceros que tratan sobre la enfermedad en primera persona, “Ebrio de enfermedad”. El libro ha sido presentado hace unos días en Pamplona por la editorial Uña Rota, y tiene el valor añadido de haber sido traducido por el pamplonés Miguel Martínez Lage, Premio Nacional de Traducción en 2008 por su versión de “Vida de Samuel  Johnson” de James Boswell.

Portada, Ebrio_de_enfermedad

Es un librito de poco más de un centenar de páginas, pero está lleno de hallazgos y luces, en todos los sentidos. No solo es su calidad literaria, sino sobre todo el valor humano y la lucidez con que relata lo que le está ocurriendo. El que escribe es un hombre que le echa valor a la cruda situación de vivir un cáncer y nos da a conocer sus intimidades, reflexiones y vivencias, desde una perspectiva que lejos de ser derrotista, tristona o sentimentaloide es un auténtico alegato por la dignidad y la vida.

A veces nos preguntamos si la literatura puede llegar a ser terapéutica. Pero lo cierto es que cuando nos ronda la enfermedad, es frecuente el hecho de querer negarnos a asumir el túnel oscuro que trae consigo y si el que enferma es alguien ajeno a nosotros, a veces nos gustaría poder poner pies en polvorosa y alejarnos de lo que nos entristece y nos recuerda lo frágiles y limitados que somos.

Salvo que seamos capaces de darle la vuelta y ver como una forma de crecimiento, como un impulso, lo que de entrada parece una condena o un fracaso.

Algunos libros duelen. Y de sobra es conocido que, a veces, en el origen está la propia cura. Esa es la reacción ante la enfermedad que tuvo Anatole Broyard, siguiendo la tradición de otros grandes como Tolstoi, Susan Sontag, Philip Roth o más cerca, el escritor pamplonés Juan Gracia Armendáriz.  Por fortuna, de vez en cuando, surgen voces que nos cuentan la película desde otra perspectiva, con otra mirada. Leer a estos autores, auténticos gladiadores de la vida, pluma en mano, nos redime e incluso nos reconcilia con la enfermedad y nuestras limitaciones.

 

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2 respuestas a Cuando los libros duelen

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  2. galindob dijo:

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