PERDIENDO EL ESTE

Título original. Perdiendo el este. Año. 2019. País. España. Dirección. Paco Caballero. Música. Juanjo Javierre. Fotografía. David Valldepérez. Reparto. Julián LópezMiki EsparbéSilvia AlonsoMalena AlterioJavier Cámara,Carmen MachiYounes BachirLeo HarlemEduard SotoTom SoChacha Huang,Gorka AguinagaldeMarcos ZhangMalena Gutiérrez. Warner Bros Pictures España / Atresmedia Cine / Acosta Producciones / Producciones Aparte / Movistar+ / Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA).
Comedia | Secuela

¿Por qué tocarlo? Cuando algo funciona, me refiero.

Cuando algo funciona, el Dios del cine —de la taquilla— ordena replicarlo y poblar con ello las pantallas. Eso es Perdiendo el este. Dirigida por Paco Caballero (fogueado en el mundo del corto y de la televisión) y escrita por el muy experimentado en estas lides Oriol Capel (Perdiendo el norte, Fuera de carta, Que se mueran los feos), junto a Daniel Monedero (cuya trayectoria en la comedia —sitcom— viene de lejos [7 vidas y Aída]), esta secuela de aquella Perdiendo el norte dirigida por Nacho G. Velilla —aquí coguionista y productor de su criatura, una forma de asegurarse el control— apuesta por rescatar a la mayoría de personajes y colocarlos, sin salirse de la fórmula, un poco más allá, nada menos que en China (Hong Kong). El resto es más de lo mismo: una serie de gags y situaciones más o menos cómicas que a veces son capaces de arrancarte una sonrisa —una risa incluso— a pesar de su previsibilidad.

No quiero decir con esto que Perdiendo el este no tenga su (pequeño) punto de originalidad. Lo tiene. Incluso algún que otro hallazgo visual —la escena del teatro de sombras chino-javanés— que se salva, pero poco más.

Al igual que sucediera con otra de sus precuelas (esta no acreditada, aunque claramente en el horizonte), la Fuga de cerebros de Fernando González Molina (2009), Perdiendo… ofrece (otros dirán que castiga con) lo que promete: comedia fácil y simplona; un viaje hacia la risa más simple que hará las delicias de aquellos que lo único que le exigen a una película es una mera distracción que les permita apagar el cerebro durante poco más de una hora. Ya saben, equívocos, enredos y malos entendidos fruto del choque cultural más un toque (el preciso) de amor imposible como andamiaje de esta comedia tontorrona y banal poblada por algunos personajes que logran arrancarte alguna que otra carcajada. ¿Para qué más? Si a ello le añaden un final sanferminero con encierro delirante, pues ya está.

En resumen: para los que quieran desertar de su cerebro durante un rato.

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GREEN BOOK.

Título original. Green Book. Año. 2018. Duración. 130 min. País. Estados Unidos. Dirección. Peter Farrelly. Guion. Brian Hayes Currie, Peter Farrelly, Nick Vallelonga. Música. Kris Bowers. Fotografía. Sean Porter. Actores. Viggo MortensenMahershala AliIqbal ThebaLinda CardelliniRicky Muse,David KallawayMontrel MillerHarrison StoneMike YoungJon Michael Davis,Don DiPettaMike HattonDimiter D. MarinovCraig DiFranciaGavin Lyle Foley,Randal GonzalezShane Partlow. Universal Pictures / Participant Media / DreamWorks SKG / Innisfree Pictures / Wessler Entertainment. Distribuida por Universal Pictures. DramaComedia | Basado en hechos realesDrama sureñoComedia dramática.Años 60RacismoAmistadBuddy FilmMúsicaNavidad

La Ley de los Vasos Comunicantes demuestra cómo un líquido homogéneo tendrá un mismo nivel al ser vertido en una serie de envases conectados a través de unos conductos sin que la forma u orientación de los vasos afecte a ese nivel. Cuando a esos mismos vasos les agregamos cierta cantidad de líquido, éste se desplaza hasta alcanzar de nuevo el mismo nivel en todos, cosa que sucederá también cuando los inclinamos. El principio científico en el que está basada dicha ley tiene que ver con la presión atmosférica y la gravedad, dos valores constantes que actúan directamente sobre el líquido contenido, empujando hacia abajo de manera uniforme sin importar la geometría de envase.

Si aún no han abandonado la lectura a estas alturas de texto es posible que se pregunten qué pinta el bueno de Pascal en todo esto. Pues aunque no se lo crean, mucho. Porque Green Book, la nueva película de Peter Farrelly (Dos tontos muy tontos [1994], Algo pasa con Mary [1998], Yo, yo mismo e Irene [2000]), es una aplicación dramática perfecta de dicho principio. La cinta cuenta la historia de dos hombres, un pianista afroamericano (Mahershala Ali), culto, instruido, atormentado —el Dr. Don Shirley en la vida real—, y un italo-americano noble, tripero y simplón —Tony Lip (Viggo Mortensen)—, que emprenden un viaje juntos al sur más profundo de EE.UU. en un maravilloso Cadillac DeVille azul celeste del 59.

Toda relación dramática/afectiva entre personajes (personas) responde a un principio básico: con el tiempo, esos personajes (personas) se contaminan, se aprenden, se aprehenden cosas, rasgos, gestos, incluso ideas; se matizan, se cambian, se suavizan hasta convertirse en cantos rodados y, generalmente —todos conocemos deshonrosas excepciones— , se mejoran  Si a ese principio dramático (vital) básico le añaden otro, quizás el más ancestral de todos, el del Viaje, no necesitan nada más para armar la historia. Bueno, un mínimo de talento y sentido del ritmo. La fórmula: coloque a dos personajes antagónicos en un espacio cerrado (coche) y un ambiente hostil (el sur racista y supremacista de los 60) y hágales ir del punto A al Z a ver qué pasa. Y si todo termina en la cena de Navidad, mejor que mejor.

Eso es Green Book.

La película de Farrelly pretende sumarse a una larga tradición de cintas cuyos máximos exponentes fueron Capra y Sturges —más tirando hacia el buenismo del primero que a la singularidad (no exenta de mala leche) del segundo—. Y aunque la película, su guion, es un libreto que hemos visto ya docenas de veces antes, funciona. Y lo hace precisamente —bendito contrasentido— por eso, porque repite una fórmula que nos da lo que esperamos en el momento en que lo esperamos. La previsibilidad suele ser (generalmente) una carga para cualquier obra dramática, pero también puede convertirse en virtud si uno sabe explotarla adecuadamente, y en Green Book, tanto el Farrelly director como el guionista lo hacen con soltura, la misma empleada por Beresford en Paseando a Miss Daisy (Driving Miss Daisy[1998]), o, más recientemente, Nick Hamm en El viaje, (The journey [2017]), por citar solo dos.

En resumen: una película amable, divertida, bien ejecutada y con algunos momentos y diálogos reseñables. Si a ello le unimos la buena interpretación de Viggo Mortensen (reflexión: ¿cuándo ha estado mal este hombre?) y el virtuosismo contenido de Mahershala Ali, estoy seguro de que la disfrutarán.

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BORDER. FRONTERAS

Dirección: Ali Abbasi. Reparto: Eva Melander, Eero Milonoff, Viktor Åkerblom, Joakim Olsson. Título en V.O: Gräns. Nacionalidad: Suecia Año: 2018 Guión: Ali Abbasi, Isabella Eklöf, basada en un relato de John Ajvide Lindqvist. Fotografía. Nadim Carlsen. Múscia. Christoffer Berg, Martin Derkov. Género: Thriller Fantástico Color o en B/N: Color

En 2008, el sueco Tomas Alfredson (Déjame entrar, El topo) se adentró en el universo literario de John Ajvide Lindqvist —apenas traducido aquí— y nos regaló una pequeña maravilla titulada Déjame entrar. En aquella ocasión fue el propio Lindqvist quien escribió el guion y logró hacer despegar tanto su carrera como la de Alfredson. Hoy, 15 libros, 3 obras de teatro y alguna que otra serie de televisión después, es otro director, el danés de origen iraní Ali Abbasi (Shellley, 2016), quien decide adentrarse en el universo fantástico y de terror de Lindquist para adaptar otra obra suya, un relato corto titulado Gräns. El resultado es Border, una película fascinante pero con algunos altibajos.

Uno de ellos tiene más que ver más con la periferia de la película que con la cinta en sí. Los encargados de vender un producto —esos maravillosos departamentos de publicidad y marketing— tratan siempre de buscarle el lado más rentable, es decir, el que haga que el producto interese a un abanico cuanto más amplio de público, mejor; dicho esfuerzo —loable, hasta noble si ustedes quieren—, sin embargo, puede llevar incluso a ‘falsear’ —dejémoslo en maquillar— la realidad. Por mucho que así lo hayan anunciado algunos, Border no es una película de ‘trolls’. Tampoco es una película de terror ni fantasy, aunque que en ella habite alguna que otra criatura mitológica de los bosques nórdicos. Border, por el contrario, es una historia dramática sobre lo que realmente significa ser humano.

Su personaje principal, Tina, una funcionaria de aduanas, es una mujer con un físico especial que la ha marcado desde su infancia; como si quisiera compensarlo, la naturaleza le ha brindado en cambio una habilidad única para oler el interior de las personas, su miedo, la culpa, la vergüenza, el deseo, la cólera que los habita. Hasta que un día se topa con un desconocido que la desconcierta, alguien a quien no logra clasificar, calificar, ni siquiera discernir. A partir de ese momento, el mundo de Tina —esa identidad (auto)impuesta que ha ostentado a lo largo de los años— comienza a derrumbarse. Es en ese plano en el que la película y su protagonista ofrecen lo mejor de sí, cuando Abbasi nos muestra sin miedos ni tapujos ese camino de descubrimiento, de (auto)conocimiento del personaje contenido entre el primer plano de la película y el último, uno espejo del otro, escritos así con toda la intención. Consciente, sin embargo, de que reducirlo todo a esa sola apuesta sería poco menos —así lo estipulan los departamentos de márquetin y publicidad, recuerden— que pegarse un tiro en el pie, el director danés y su co-guionista Isabella Eklöf apuestan por entretejer un relato policial con tráfico de niños y pederastia de por medio que, si bien ayuda a hacer avanzar el metraje, carece de la tensión necesaria y se antoja algo forzado. A pesar de ello, Abbasi y Eklöf se las ingenian para hibridar varios géneros —fantástico, terror, incluso gore en algún instante— con éxito. El resultado es una película que da qué pensar —algo cada vez más extraño en la mayoría de carteleras actuales— y que trasciende el cine de mero entretenimiento.

Maravilloso el trabajo de Fotografía de Nadim Carlsen, que lleva años cabalgando entre el Documental y la Ficción, dualidad que le va como anillo al dedo a Border. Cine del bueno.

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