Usufructo y herencias

Por Amaya Sanz

Retomamos, en nuestro post de esta semana, los temas hereditarios, en esta ocasión para hablar de los usufructos y es que la existencia de usufructos en las herencias es algo bastante común y pueden ser origen de numerosos conflictos entre los herederos de los bienes de una herencia.

Pero empecemos por el principio. ¿Qué es un usufructo? El usufructo es un derecho a usar y disfrutar de los bienes ajenos. Esto quiere decir que por un lado una persona tiene la propiedad del bien, pero otra persona tiene derecho a utilizar y usar ese bien. Es lo que en derecho se conoce como el pleno dominio, que supone tener todas las facultades del derecho de propiedad, y la nuda propiedad, que es una propiedad limitada, ya que no se puede disponer libremente de ese bien.

El usufructo puede ser de carácter vitalicio, otorgándose este derecho durante toda la vida del usufructuario, y finalizando con el fallecimiento de este, o puede otorgarse por un plazo determinado, lo que se conoce como usufructo temporal.

El usufructo no solo se puede constituir sobre bienes inmuebles. Este también puede recaer sobre todos los bienes muebles, sobre derechos o sobre todo el patrimonio entero. Los que nos encontramos más frecuentemente en disposiciones testamentarias son:

1.- Usufructo de dinero: Es el que se establece sobre el dinero que existe depositado en entidades financieras. En principio el usufructuario tiene derecho a disponer de los intereses que genere ese dinero e incluyo a disponer del dinero, quedando obligado a la devolución del dinero cuando se extinga el usufructo. Pueden surgir problemas ya que no es necesario el consentimiento del nudo propietario para disponer del dinero.

2.- Usufructo de la vivienda. El usufructuario puede vivir en la vivienda o arrendarla y percibir la renta, e incluso prestarla a un tercero sin tener que contar con el consentimiento del nudo propietario.

 3.- Usufructo de acciones o participaciones en una sociedad: el usufructuario tiene derecho a los dividendos, siendo socio el nudo propietario.

El usufructo, como hemos dicho al inicio de este post, es una figura bastante utilizada dentro de los testamentos. Recordamos en este punto que, en Navarra, tenemos libertad de testar, por lo que es frecuente encontrar testamentos en donde se deja la nuda propiedad a uno de los hijos, y a otro se le instituye como usufructuario del bien, o testamentos donde el cónyuge superviviente recibe el usufructo de todos los bienes del fallecido y la nuda propiedad se otorga a los hijos o a los sobrinos.

Los motivos que llevan al testador a utilizar la figura del usufructo pueden ser múltiples: desde querer salvaguardar el patrimonio familiar dentro de la familia troncal, el deseo de favorecer a algún hijo frente a otro en el reparto de los bienes otorgándole a uno la propiedad y a otro solo el uso, limitar la facultad de disponer libremente del bien a alguno de los descendientes, o motivos fiscales.

Respecto a este último punto debemos señalar que nos encontramos en el despacho personas que tienen la creencia errónea de que por recibir por herencia un bien en usufructo no se debe pagar el impuesto de sucesiones, o que al extinguirse ese usufructo y adquirirse el pleno dominio del bien no se debe abonar nada a Hacienda. Habrá que tributar en Hacienda por el impuesto de sucesiones tanto el usufructuario, por el derecho de usufructo que recibe como la persona o personas que reciben la nuda propiedad del bien, cada uno en el porcentaje que les corresponda y también en el momento en que se extinga el usufructo y se adquiera el pleno dominio del bien.

Si bien los motivos del testador para establecer usufructos forman parte del ejercicio de su libertad, en muchas ocasiones, a la hora de establecerlos no se ha tenido en cuenta las consecuencias prácticas que puede tener. Y es que gestionar un bien en el que una persona tiene el derecho a usarlo y otra la nuda propiedad, no es nada sencillo, y suele ser origen de conflictos entre miembros de una familia, bien sea entre padres e hijos, hermanos o tíos y sobrinos.

Para solucionar esto, se pueden llegar a acuerdos que permitan conmutar el usufructo, es decir, compensar a esa persona que ha recibido el usufructo con bienes o derechos en los que recibe el pleno dominio. En otras palabras, repartir la herencia de forma que todos puedan recibir y disponer plenamente de lo que reciben.

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